{"id":1321,"date":"2017-01-14T04:56:25","date_gmt":"2017-01-14T10:56:25","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/01\/visit-casa-de-hablas-nestor-mendoza\/"},"modified":"2024-04-09T06:59:12","modified_gmt":"2024-04-09T12:59:12","slug":"visit-casa-de-hablas-nestor-mendoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/01\/visit-casa-de-hablas-nestor-mendoza\/","title":{"rendered":"&#8220;Visita a la Casa de hablas&#8221; by N\u00e9stor Mendoza"},"content":{"rendered":"<h6><\/h6>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 10.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 10.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 10.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia}<br \/><\/style>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>No es posible componer una imagen de Ana Enriqueta<br \/>\nsin hacer especial menci\u00f3n de su casa, sin referirse<br \/>\nal arreglo \u00edntimo del espacio de sus magias,<br \/>\nque con distintas adaptaciones seg\u00fan el lugar<br \/>\ndonde se encuentre resulta siempre la misma casa.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Eugenio Montejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego de varias vueltas err\u00e1ticas hallamos la <i>Casa de hablas<\/i>. No se trata de su libro representativo, se trata de su hogar: lo notamos por las grandes letras plateadas en la parte alta de la pared. Toda cubierta de piedra y todo follaje por dentro, plantas y arbustos h\u00famedos por las lluvias frecuentes. Geraud\u00ed sonr\u00ede, un poco m\u00e1s lejos, como ni\u00f1a feliz de cinco a\u00f1os: se detiene a mi lado y me corrobora que, ciertamente, se trata de su casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mundaca, la intimidante perra guardiana, nos recibe con ladridos de cautela. Escuchamos la voz de un hombre, delgado y joven, moreno, que desciende de unas escaleras sin barandas. Era \u00e9l quien nos hab\u00eda indicado minutos antes la direcci\u00f3n exacta, v\u00eda telef\u00f3nica, d\u00e1ndonos como referencia el material rocoso de la fachada y los tres chaguaramos al otro lado de la acera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Asumimos un paso calmo, premeditado, para acceder. Ese paso que consiste en mirar dos o m\u00e1s veces los mismos objetos que van apareciendo en el trayecto, como si pis\u00e1ramos una tierra mojada, con lajas movedizas, o piezas de arcilla f\u00e1ciles de romper. Primero Geraud\u00ed, luego yo y, por \u00faltimo, el joven. En ese mismo orden subimos. Del lado izquierdo vi macetas con brazos flacos, largos y verdes, en un permanente roc\u00edo. Del lado derecho unas ventanas y m\u00e1s verde distribuido en toda la pared. Muy pocos metros de la escalera hasta la puerta, es cierto, pero me parece haber invertido m\u00e1s tiempo en el recorrido. Esa puerta se abri\u00f3 y pens\u00e9 que Ella estar\u00eda esper\u00e1ndonos al primer golpe de vista (es realmente absurdo buscar en nuestros archivos mentales una fotograf\u00eda fidedigna a la persona que conoceremos: pensar en que esa persona aparecer\u00e1 con el mismo maquillaje, vestuario, peso o edad).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la cocina se encuentra una joven con un beb\u00e9 en brazos, hu\u00e9spedes amigables y silenciosos. Percibo olores a\u00f1ejados, agolpados, como de casona antigua. Disminuyo el ritmo de mis pasos. Recorto los pasos para ver las pinturas y objetos colgantes, la cocina saturada de utensilios, el altar en una gran mesa con v\u00edrgenes, cruces viejas de metal y una tortuga de hierro achatada. Hay poco espacio en sus paredes: abundan dibujos de su autor\u00eda y de fraternos artistas venezolanos. Todos, puedo asegurarlo, &#8220;duermen en el aire&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El joven dice que avancemos, hasta llegar al cuarto de la due\u00f1a de la <i>Casa de hablas<\/i>. Entramos y no la vemos. Quiz\u00e1 estar\u00eda en el fondo de su gran cama de madera o en la cama cl\u00ednica o en la silla de ruedas. No est\u00e1 en ninguno de esos sitios. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1? Pens\u00e9 que nos hab\u00edan enga\u00f1ado, que Ella exist\u00eda solo en libros y en hermos\u00edsimas fotos de apetitosa adolescencia. Fueron pocos segundos pero parec\u00edan minutos. El silencio fue cuarteado por una voz firme y algo apresurada que sal\u00eda de un cuarto contiguo. Le pide al joven una breve espera antes de acceder a su habitaci\u00f3n. Salimos pronto, inmediatamente, para no desobedecerla. Pas\u00f3 menos de un minuto para que la escuch\u00e1ramos otra vez. Pidi\u00f3 que entr\u00e1ramos. Pens\u00e9 verla de pie o en la silla de ruedas. Est\u00e1 en la cama de madera, del lado izquierdo, acostada. Vimos a Ana Enriqueta Ter\u00e1n, existente, por primera vez. La vimos con timidez, dubitativos, alternando frases y saludos temblorosos. Lleva un vestido de botones hasta los tobillos, lentes oscuros, de sol, y una <i>pashmina<\/i> de tonos marrones. Medias negras cubren los pies que contradicen sus 98 a\u00f1os. Piernas delgadas, pero a\u00fan aptas para sostener ese cuerpo con dedos cubiertos de anillos de cocodrilos y tortugas orientales. Piernas que sostienen esos brazos con pulseras de metal, marfil y madera. Se justific\u00f3, no entendemos por qu\u00e9, de la simpleza del recibimiento y el vestir. La poetisa, pues as\u00ed se define firmemente, habla con elegancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Decir <i>poeta<\/i> es una trampa de los hombres, pues entonces deber\u00eda decirse <i>poeto&#8221;<\/i>. Jocosamente arroja esa afirmaci\u00f3n y explica que ella es la \u00fanica poetisa venezolana, debido a que muchas creadoras prefieren llamarse poetas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desperdigados en la ola de sus s\u00e1banas pude ver un par de libros y dos agendas de piel. Un control remoto de un gran <i>Soneview<\/i> se encuentra en esa ola de tela, el \u00fanico objeto del siglo XXI que se halla en su cuarto. Veo a la poetisa y su habitaci\u00f3n. Es su h\u00e1bitat. Todo est\u00e1 all\u00ed. Me sorprende el gato dormido, enrollado sobre s\u00ed, en su cama cl\u00ednica. Me sorprende su placidez inm\u00f3vil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ana Enriqueta toma su agenda de anotaciones. All\u00ed, horizontalmente, escribe con letras grandes. Transcribe citas y construye sus sonetos. Nos ha dicho que tiene veinte, in\u00e9ditos y muy recientes. Ama esta forma m\u00e9trica y estr\u00f3fica y nos ofrenda dos espont\u00e1neas definiciones: &#8220;El soneto es un envase precioso que me sustenta y me ayuda a ser libre&#8221; y &#8220;vasos extraordinarios de libertad&#8221;. Ana Enriqueta le hab\u00eda prometido a Geraud\u00ed la lectura de un soneto in\u00e9dito dedicado a Santa Teresa. Hojea apresuradamente su cuaderno. Pasa y repasa p\u00e1ginas y no logra dar con el texto. Se disculpa. Para reivindicarse, lee un endecas\u00edlabo de Juan de Tassis. Habla de su fervor por Luis de G\u00f3ngora. &#8220;Nunca he tenido una biblioteca&#8221;, nos dice, pues se ha mudado de domicilio 16 veces. Su voz se eleva habl\u00e1ndonos de R\u00f3mulo Gallegos y de <i>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/i>, de la &#8220;mezquindad&#8221; de la Academia Sueca al no otorgarle el Premio Nobel de Literatura. Habla con admiraci\u00f3n y calidez de su esposo y compa\u00f1ero, Jos\u00e9 Mar\u00eda Beotegui. Elogia a Andr\u00e9s Eloy Blanco, padrino de su hermano Diego. Lectora de la Biblia, pero como literatura, as\u00ed como de Fi\u00f3dor Dostoyevski y William Faulkner.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;\u00bfA qui\u00e9n se le queja un anciano?&#8221;, me parece escuchar. \u00bfEs un verso citado o una frase de la propia poetisa? Esa pregunta me inquieta, gira en m\u00ed de manera permanente. Su intervenci\u00f3n toma nuevas evocaciones. Dejamos que hablara, que citara an\u00e9cdotas y autores. Quise acotar, ofrecer comentarios. In\u00fatil: en estos casos no se puede interrumpir la pl\u00e1tica. Su presencia en la cama, su voz, para ser m\u00e1s certero, es un r\u00edo que fluye con potencia. Extraigo de mi bolso verde un ejemplar de <i>Pasajero <\/i>con una dedicatoria. Lo toma con agradecimiento y paciencia. Me sorprende su saludable visi\u00f3n, excesivamente vigorosa. Le ofrezco mi tomo de <i>Piedra de habla<\/i>, su amplia antolog\u00eda publicada por la Biblioteca Ayacucho en el 2014. Con timidez le pido que firme mi ejemplar. Pronuncia un no, un &#8220;no&#8221; generoso y firme que invita a un nuevo encuentro, m\u00e1s familiar y planificado, para la dedicatoria sopesada. Acept\u00e9, callado. Hubo un silencio de respeto mutuo. No recuerdo el exacto orden de lo sucedido despu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo transcurre ante su discurso, su deseo de contarnos c\u00f3mo lleg\u00f3 a la poes\u00eda y la admiraci\u00f3n por su hermano Luis Daniel Ter\u00e1n Madrid, quien nunca public\u00f3 un verso pero fue, seg\u00fan Pepe Barroeta, &#8220;maestro de poetas&#8221;. Ella misma afirma, sin arrogancia, c\u00f3mo ha logrado edificar su obra, siempre con el apoyo arquitect\u00f3nico de la tradici\u00f3n. Con fervor conversa sobre un cuadro de Braulio Salazar que est\u00e1 cerca de la entrada al ba\u00f1o del cuarto, uno de los pocos desnudos del artista valenciano. Ella exclama: &#8220;Dan ganas de rezarle a ese desnudo por su pureza tan grande&#8221;. As\u00ed tambi\u00e9n lo percibimos nosotros; es decir, esa mirada inocente, como de santa, que remite a esos senos de firmeza juvenil. Ella indica: &#8220;La oraci\u00f3n tiene una funci\u00f3n en todas las religiones y s\u00ed funciona&#8221;. Lo dijo refiri\u00e9ndose a su devoci\u00f3n por el acto diario de orar, por encima de todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ana Enriqueta sigue contando \u2014orando\u2014, y a veces toma su cuadernito cubierto de piel. Lee \u2014declama\u2014 con car\u00e1cter, y a veces levanta la mano izquierda con el pu\u00f1o cerrado, vehemente, para enfatizar la precisi\u00f3n de la lectura, como en un mitin imaginario. Nos est\u00e1 dando un recital \u00edntimo, para un p\u00fablico reducido, de apenas dos espectadores, Geraud\u00ed y yo, y no nos hab\u00edamos percatado de ese acto: &#8220;Como quien escribe una oraci\u00f3n y pide mucha humildad y un extenso aliento para resistir brillo y cercan\u00eda de la PALABRA&#8221;. Habla de lo sagrado del idioma, de las palabras, sacras palabras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ana Enriqueta es un cl\u00e1sico de milagrosa longevidad. Poeta mayor \u2014en edad y en est\u00e9tica\u2014 y decana de la poes\u00eda venezolana del siglo XX. Ha afianzado una po\u00e9tica vinculada a la mejor herencia de la poes\u00eda castellana. Su obra persiste en las posibilidades infinitas de la m\u00e9trica y los moldes cl\u00e1sicos \u2014especialmente el soneto y la lira\u2014, desmintiendo las peripecias algo agotadas del verso libre actual. Su obra es inseparable al trance de la creaci\u00f3n po\u00e9tica, de la composici\u00f3n que posibilita in\u00e9ditas combinaciones en un trabajo consciente de lo on\u00edrico: &#8220;Esta vez, hicimos el trecho con m\u00e1scaras ajustadas\/ a la m\u00e1s pura delicia, al m\u00e1s puro, solitario adem\u00e1n\/ de la doncella y su costumbre de planta enlutada&#8221;.\u00a0 El oficio de forjar libro tras libro, pocos pero marm\u00f3reos libros desde 1946, fecha de publicaci\u00f3n de <i>Al norte de la sangre<\/i>. Quise ofrecerle, desde mi voz, alguno de sus poemas. Leo para ella el poema &#8220;Cena&#8221;. En su cara veo agrado, aprobaci\u00f3n, al escucharse en la voz de otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La conversaci\u00f3n va en ascenso. Asciende temporalmente a Morrocoy, unos cincuenta a\u00f1os atr\u00e1s, en la vieja casa rural de Ana Enriqueta, sin agua, sin luz, con pescado, calamares y whisky tra\u00eddo de islas caribe\u00f1as. Doce a\u00f1os en esas tierras en las cuales logr\u00f3 la gestaci\u00f3n de <i>Libro de los oficios<\/i>.\u00a0 Doce a\u00f1os en que dej\u00f3 de ser Ana Enriqueta para ser &#8220;la se\u00f1ora do\u00f1a misia&#8221;, as\u00ed llamada por los lugare\u00f1os. En ese pueblo de Morrocoy recibi\u00f3 al artista pl\u00e1stico valenciano Wladimir Zabaleta y al poeta Eugenio Montejo, muy j\u00f3venes todav\u00eda, con un equipaje de inexperiencias.\u00a0 Y hubo otro ascenso en la conversaci\u00f3n: una carta de Juana de Ibarbourou, a &#8220;Mi deslumbradora Ana Enriqueta&#8221;. La carta existe in\u00e9dita, nos asegur\u00f3, en alg\u00fan archivo. Y una de Pedro Emilio Coll. Imaginamos un lujoso cofre, con misivas de poetas hispanoamericanos desde los a\u00f1os cuarenta. Reliquias, se dir\u00eda. Viendo nuestro asombro, llama al muchacho para que nos acompa\u00f1e a la parte inferior de la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una puerta corrediza, de madera, oculta el descenso. Bajamos. Ana Enriqueta permanece en su cuarto. El descenso es oscuro, con poqu\u00edsima luz. Mientras caminamos, muchos diplomas enmarcados van apareciendo. Dos doctorados honoris causa, uno otorgado por la Universidad de Carabobo y otro por la Universidad Latinoamericana y del Caribe. El m\u00e1s sobresaliente: el del Premio Nacional de Literatura \u2014galard\u00f3n que Mariano Pic\u00f3n Salas elogi\u00f3 en su momento\u2014. Hija ilustre de Trujillo. No s\u00e9 por qu\u00e9 olvid\u00e9 que se trataba de la sala principal de su casa. Hay un orden en todo lo observado. Sus amigos artistas aparecen: Oswaldo Vigas, Braulio Salazar, Juan Calzadilla, Wladimir Zabaleta, Gabriel Bracho. Sus colores y sus formas est\u00e1n all\u00ed: un perro egipcio de Alexis Mujica y una pintura de Armando Rever\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto no es una casa, es una galer\u00eda. Geraud\u00ed va m\u00e1s atr\u00e1s, m\u00e1s paciente que yo. Ella gesticula y no logro atenderle. Es dif\u00edcil ser paciente ante el deslumbramiento. Avanzo solo, un paso m\u00e1s adelantado. En la parte m\u00e1s interna, una mesita con tres grandes libros de artista hac\u00eda las veces de bisagra: G\u00f3mez de la Serna, Wladimir Zabaleta y alg\u00fan otro. A su alrededor hay muebles, uno de ellos color vino, que vigila un vitrina de madera con vidrio en sus dos puertas. Me acerco m\u00e1s: quince tomos, grandes y numerados, de Lope de Vega. \u00bfFue tan prol\u00edfico el poeta madrile\u00f1o? En ese momento lo confirmo. Arriba de Lope, en el pelda\u00f1o superior, muchos ejemplares amontonados de <i>De bosque a bosque<\/i>. Con mayor esmero se halla un \u00fanico ejemplar de <i>Al norte de la sangre<\/i>, su primer libro, con la portada carcomida. Seguidamente cuatro ejemplares de <i>Verdor secreto<\/i> y unos diez de <i>Albatros<\/i>. Todo parece un retablo y no una biblioteca. Me siento en el sof\u00e1 color vino. Tomo los libros. Realizo una vista r\u00e1pida, con el deseo de ver lo m\u00e1s posible, de apoderarme de aquel paisaje de la poetisa mayor. No estamos solos: el muchacho, a pocos metros, nos mira, vigila nuestra presencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abruptamente subimos. Ya son las 5:00 p.m. Nuevamente en la habitaci\u00f3n de Ana Enriqueta, en su misma postura, sostiene <i>Pasajero<\/i>. A su lado, una taza blanca ya sin caf\u00e9, las galletas y la mitad del pan de coco que le llevamos. Al poco tiempo entra la joven delgada, en bata casera, con nuestras tazas. La poetisa nos comenta que le gust\u00f3 el peque\u00f1o texto que escrib\u00ed sobre ella, publicado hace m\u00e1s de un a\u00f1o en un suplemento cultural. Me sent\u00ed diminuto de alegr\u00eda cuando ley\u00f3 las \u00faltimas estrofas del primer poema del libro, titulado precisamente &#8220;Pasajero&#8221;. Su aprobaci\u00f3n sincera, su manera de leerme, es un cumplido. Resalta con \u00e9nfasis la imagen del sem\u00e1foro, sus luces, en especial el color amarillo tan recurrente en su poes\u00eda. Llegaron versos recordados, muchos, de flores y aves y follajes. Aunque es andina de nacimiento (Valera, 1918), reside en Valencia desde hace muchos a\u00f1os: ha asimilado sus \u00e1rboles y avenidas; ha hecho de la toponimia valenciana su morada permanente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tertulia sigue por una hora m\u00e1s y observo los collares colgantes, dentro de bolsitas. Collares alineados, sostenidos por clavos, al lado del televisor. All\u00ed reposa la coqueter\u00eda de piedras y colores, habituales en muchas apariciones de la poetisa. Nos confiesa que ella misma confecciona accesorios, pulseras y collares. &#8220;\u00a1Me aterra el pl\u00e1stico!&#8221;, nos dice, atendiendo a una pregunta de Geraud\u00ed. Por eso prefiere las piedras, los materiales artesanales, ind\u00edgenas, del \u00c1frica. Nada sint\u00e9tico o artificial. Desconoc\u00edamos esa faceta suya, exhibida en exposiciones art\u00edsticas. La poetisa artesana, creadora de prendas para la vistosidad femenina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El itinerario que Geraud\u00ed y yo tra\u00edamos fue sustituido por luminosidades. Estorb\u00f3 lo planificado: Ana Enriqueta Ter\u00e1n Madrid fue \u00fanica en su esplendor, sorprendi\u00e9ndonos con su afable Ser. Nos despedimos con un roce en la mejilla y unas manos que deseaban seguir estrech\u00e1ndose. Lentamente salimos del cuarto, bajamos las escaleras y salimos. El regreso a San Diego fue despejado. En la carretera no hubo escombros ni distracciones. Algo sereno, tranquilizador, resid\u00eda en nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">N\u00e9stor Mendoza<br \/>\nSan Diego, Venezuela, 14 de agosto de 2016<\/p>\n<h6>Foto: Ricardo Blasco<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luego de varias vueltas err\u00e1ticas hallamos la <i>Casa de hablas<\/i>.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1318,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4465],"genre":[2015],"pretext":[],"section":[2379],"translator":[2458],"lal_author":[3489],"class_list":["post-1321","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-1","genre-chronicle-es","section-latin-american-chronicle-es-2","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-nestor-mendoza-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1321","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1321"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1321\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32051,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1321\/revisions\/32051"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1318"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1321"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1321"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1321"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1321"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1321"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1321"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1321"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1321"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}