{"id":1317,"date":"2017-01-13T19:58:14","date_gmt":"2017-01-14T01:58:14","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/01\/cosmo-girl-nadia-villafuerte\/"},"modified":"2023-06-07T12:48:24","modified_gmt":"2023-06-07T18:48:24","slug":"cosmo-girl-nadia-villafuerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/01\/cosmo-girl-nadia-villafuerte\/","title":{"rendered":"&#8220;Chica Cosmo&#8221; de Nadia Villafuerte"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 11.0px 0.0px; font: 12.0px Georgia}<br \/>p.p2 {margin: 4.0px 0.0px 8.0px 0.0px; font: 14.0px Georgia; color: #424242}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 11.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Georgia}<br \/>span.s1 {font: 60.0px Georgia; color: #424242}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo una idiota puede creer que siendo latinas se puede correr la suerte de algunas como Jennifer Lo. Por eso cierra la revista y alza la cara para ver la tele. La estaci\u00f3n de autobuses es como cualquiera del mundo: locos, pordioseros, bandidos acechando cualquier momento para burlar al distra\u00eddo, alg\u00fan coyote que disimulado se sube con sus tres encargos, pasajeros urgidos que antes de subir empacan sandwiches y fritangas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Elena por fin ha dejado el Eros, por fin, piensa, incr\u00e9dula a\u00fan de que est\u00e9 ah\u00ed, en la terminal, con un boleto marc\u00e1ndole la salida a la Tapo de M\u00e9xico, veintiuna horas, asiento veintinueve. De una esquina donde se venden discos piratas, viene la <i>Mariposa traicionera<\/i> de Man\u00e1, la \u00faltima vez la bail\u00f3 con ganas porque sab\u00eda que estaba s\u00f3lo a unos cuantos pasos de marcharse. M\u00e1s de un a\u00f1o en el centro nocturno en una rutina agobiante de desvestirse, coger y emborracharse sin saber por qu\u00e9. M\u00e1s de un a\u00f1o apret\u00e1ndose los dientes para no deslumbrarse con cr\u00e9ditos que la hicieran adquirir ropa o muebles, por una mensualidad chiquita cuyo precio era en realidad anclarse m\u00e1s a una ciudad en la que se qued\u00f3 aun cuando Tapachula deb\u00eda ser de paso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su destino era Ju\u00e1rez. Pero quedaba claro que bastante hab\u00eda sido acomodarse en Tapachula y no regresar a su pueblo donde por m\u00e1s tur\u00edstico que pudiera ser, no acabar\u00eda siendo sino una putita m\u00e1s, sin aspiraciones ni glorias. Que la estancia en la frontera sirviera de algo, aunque en realidad no hubieran marcadas diferencias, salvo algunos modismos y formas de actuar. Aprendi\u00f3, por ejemplo, a reconocer lo apocado de algunas mujeres, hablando quedito como si no les estuviera permitido expresarse, o usando ese \u00bfsi me regala un cuartito de jam\u00f3n? cuando lo compraban. Tambi\u00e9n la altaner\u00eda de otras, un poco por el temperamento coste\u00f1o y su fama de cabronas. El trabajo en cualquier bar o burdel estaba garantizado. En \u00e9sta como en la otra frontera siempre las preferir\u00edan extranjeras. Mejor si pasaban de los veinte y si ante todo, m\u00e1s que pedir dinero o prenderse con amor\u00edos tontos, no se andaban con rodeos y, con frialdad e indiferencia, se dedicaban a hacer su trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Elena se para a comprar una coca-cola de vainilla. Saca del monedero cambio pero tambi\u00e9n un dije de la buena suerte de Mal\u00fa<b> <\/b>le regal\u00f3 antes de despedirse. Mentira que la vaya a alcanzar. Ella no se atrever\u00eda. Ya la atrap\u00f3 el jodido muro que impone la primera caseta migratoria mexicana con su ciudad peque\u00f1a que no tiene ni la mitad de lo que las otras ciudades fronterizas poseen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Saca con su u\u00f1a color rojo enfermizo, un trozo de chocolate atorado en la muela. Por algo es Leo. Seg\u00fan Cinthia, la bendita mujer con quien acudi\u00f3 desde hace un a\u00f1o para leerle las cartas, a las leonas les sobra obstinaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo es Ju\u00e1rez? Enorme. Como tus sue\u00f1os, mu\u00f1e, como tus esperanzas. De Ju\u00e1rez, tiene s\u00f3lo una postal que Lina le envi\u00f3, panor\u00e1mica, ni grande ni peque\u00f1a, \u00bfc\u00f3mo comparar si lo \u00fanico que conoce es su pueblo y la ciudad de Tapachula?, y una frase de Lina dici\u00e9ndole \u201ces divertid\u00edsima\u201d. Desde entonces es aficionada a Los Cadetes de Linares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No m\u00e1s tragos en el Eros. Lleva casi una semana sin beber y hasta parece se est\u00e1 desintoxicando. Viajar a una vida nueva. R\u00ede. Tambi\u00e9n esas son mentiras. Sabe que en cualquier lugar ser\u00e1 como empezar de nuevo. Torcerse de nuevo. Ya qu\u00e9. Ella no quiere cruzar al otro lado. Al menos no tan r\u00e1pido. Tanto viaje para que en un ratito te deporten. Desea hacerlo a su modo, pian pianito, calculando aqu\u00ed y all\u00e1 para cuando llegue el momento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por todos los lados de la terminal escucha gritos y m\u00fasica proveniente de la calle. <i>Es una desgraciada, s\u00f3lo quiere su dinero, y el muy est\u00fapido no se da cuenta<\/i>. No sabe Elena si la se\u00f1ora de atr\u00e1s habla del apuesto moreno con cara de imb\u00e9cil de la televisi\u00f3n o si se trata de un caso real como para que le diga est\u00fapido al hombre, con tanta cercan\u00eda y vehemencia. Escucha la voz nasal anunciar la pr\u00f3xima salida a la Ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Toma la maleta. Hace fila. Muestra su boleto sin que le tiemble el pu\u00f1o. Documenta el equipaje. No me van a bajar, se repite mentalmente hasta que por fin, se acomoda en el asiento veintinueve. Ventanilla. Enciende la luz. Saca su credencial de elector. \u00c9sa s\u00ed la pag\u00f3 al contado. Veintitr\u00e9s a\u00f1os. De Tapachula. No necesita acordeones para repasar. Es como si haber vivido ah\u00ed le hubiera dado derechos, otro nombre. Es m\u00e1s, se lo merece. Ve pasar a dos hombres que por la traza pintan ser mojados. Por un segundo intercambian miradas. S\u00f3lo que ella no ve con miedo ni voltea hacia todos lados exhibiendo su torpeza. Se acomodan detr\u00e1s de ella y eso la pone un poco nerviosa. Seguro vamos a parar en alguna caseta. Mierda. Por unos pagamos todos. Ni siquiera responde a la sonrisa que le lanzan, buscando tal vez su complicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hojea otra vez la revista. Nada le inspiran esas modelos ins\u00edpidas y flacas. Prefiere a Salmita, la mexicana brillante que lleg\u00f3. Por los muslos siente subir el temblor que despliega el motor del autob\u00fas en su arranque. No hay fanfarrias pero ella las oye. Alguien tiene que echarle porras, caray. Van dejando la ciudad o quiz\u00e1 la ciudad los deja a ellos, abandonados a la suerte de lo que diga la l\u00ednea oscura de la carretera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora s\u00ed que va hacia el centro, luego al norte y de verdad, no lo cree. Han puesto una pel\u00edcula gringa por la tv. En menos de la hora, el pasillo comienza a oler a tortas de huevo, zapatos, la humedad del aire acondicionado y esa mezcla rara de desinfectante y orines que se cuela por el retrete min\u00fasculo al que se tiene que entrar cuando de plano no hay de otra. As\u00ed le pas\u00f3 cuando viajaba de Santa Rita a Guatemala. Crey\u00f3 que la vejiga iba a reventarse como los globos de agua que explotan a mitad de la calle en pleno carnaval. Se tom\u00f3 una coca-cola de vainilla. Ojal\u00e1 no le den ganas al rato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mira su reloj. Han pasado dos horas. Qui\u00e9n sabe d\u00f3nde estar\u00e1n ahora pero no deber\u00eda preocuparse. Nada conoce de M\u00e9xico salvo que se ensancha mientras m\u00e1s se sube. Y esta noche, la mitad del pa\u00eds apenas, es s\u00f3lo una cortina negra que corre a su lado. Ni una gotita caliente sobre los ojos. A llorar al pante\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los\u00a0 oye hablar. A los paisanitos de atr\u00e1s, claro, s\u00ed que se les nota. Quisiera pararse y decirles que mejor cierren la jeta. Siempre es un inconveniente lo del acento. Porque por lo dem\u00e1s, el mismo color, la estatura, el rostro de jodidez inconfundible. Esa cantante negra de <i>Cosmopolitan<\/i> tiene el pelo rubio y no le queda mal. Elena podr\u00eda hacerse un cambio de estilo, que es sin\u00f3nimo de ir hacia adelante, de estar en el lugar indicado. Lo primero que le pedir\u00e1 a Lina es que le ayude a buscar un color de tinte. Vuelve a observar las expresiones sensuales de la cantante, pasa sus dedos por las p\u00e1ginas nacaradas de la revista. S\u00ed, en algo se parecen: ambas tienen ambiciones, distintas, obviamente, pero al fin, ambiciones. A la cantante tambi\u00e9n debi\u00f3 costarle llegar a donde est\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuatro horas, apenas cuatro. No hay prisa, hay un lugar a d\u00f3nde llegar, as\u00ed dec\u00eda siempre la Charis. Dos horas borrando las noches en el Eros, las borracheras que se pon\u00eda cuando a veces la venc\u00eda la desesperaci\u00f3n porque los billetes iban apareciendo de a poco y Ju\u00e1rez estaba lejos todav\u00eda, como una mancha, como una sombra. Hay que tener confianza, mu\u00f1e. Mira la mesa, puros arcanos mayores. Un viaje. Ya casi tienes ese viaje, dictaban los labios arrugados de Cinthia, pero Elena s\u00f3lo iba y ven\u00eda del Eros al puesto de brujer\u00eda para comprar lociones y luego rociarlas en la cartera. Cinthia de mi vida, qu\u00e9 hubiera hecho sin ti.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le ha dicho Lina que en los \u00faltimos a\u00f1os Ju\u00e1rez se ha transformado y est\u00e1 de la chingada: muertas, polvo, cantinas, pero sigue siendo divertid\u00edsima. Credencial de elector. Nombre y casi vida nueva. Lugar donde llegar sin pasar penas o pag\u00e1ndole a un coyote que luego la deje tirada a mitad del camino. En cuanto llegue, tambi\u00e9n le pedir\u00e1 a Lina la lleve a alg\u00fan sitio donde vendan la maravillosa loci\u00f3n azul cuya fragancia la acercar\u00e1 sin duda, al \u00e9xito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo en esta vida es cuesti\u00f3n de medir bien, hacer c\u00e1lculos. Antes de cerrar la cortinilla, alza la vista y busca la luna. Recuerda los brazos calientes de Tom\u00e1s cercar su cuerpo mientras beben en la azotea. Su rostro com\u00fan y corriente iluminarse por la amarillenta luz. Aquella noche y sus labios repitiendo maldita puta infeliz, c\u00f3mo me gustas. La luna. M\u00e1s vale sola que mal acompa\u00f1ada. Ser mexicana ya es un rango mejor al de ser salvadore\u00f1a. Duda que un d\u00eda pueda vivir en alguna ciudad gabacha, prefiere ser realista, es ambiciosa, s\u00ed, pero tambi\u00e9n los sue\u00f1os tienen sus retenes. Adem\u00e1s, ni que vivir en una ciudad gringa hiciera la diferencia. Probablemente s\u00ed. Prefiere pensar en Ju\u00e1rez. Lo primero, quiz\u00e1 otra vez el teibol, pero por la ma\u00f1ana puede ser una f\u00e1brica, un restaurant, recamarera de un hotel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La actriz de la tv toma sus maletas y sale de su casa. Es evidente que odia a su madre. La de la pel\u00edcula. Ella, por cierto, nunca quiso con fervor a la suya. Siempre fue chantajista. Piensa en su madre, en sus hermanos vagotes y marihuanos, en el barrio. La noche es s\u00f3lo una l\u00ednea recta indescifrable hasta que el autob\u00fas baja la velocidad y se detiene. No es que no quiera a su madre, es simplemente que no siente esa afecci\u00f3n hip\u00f3crita de las dem\u00e1s. Siente fr\u00edo. Apenas comenzaba a dormirse cuando se da cuenta. El afocador corta la oscuridad del pasillo. Veintitr\u00e9s a\u00f1os. De Tapachula. \u00bfQuiere saber c\u00f3mo se llama el presidente municipal? \u00bfC\u00f3mo nos dicen a los tapachultecos? \u00bfLa letra del himno nacional? Me ofende, de veras me ofender\u00eda oficial si se acerca y me pide una identificaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre se dirige hacia los de atr\u00e1s. T\u00fa, t\u00fa, t\u00fa tambi\u00e9n. Elena siente que el aire acondicionado del autob\u00fas empieza a ponerla nerviosa. Siempre le da nervios sentir fr\u00edo de m\u00e1s. Tose con indiferencia. Los ve pasar. Uno de ellos le lanza una mirada suplicante, ella prefiere voltear hacia la ventana. \u00bfPor qu\u00e9 la miran? Con prisas no se llega a ning\u00fan lado, papitos. Hay que planear las cosas. \u00bfA poco creen que a los mexicanos les vamos a ver la cara de pendejos? Ella no tiene por qu\u00e9 sentir miedo. Para eso trabaj\u00f3. Qu\u00e9 inc\u00f3modo. Detenerse por las revisiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Elena bosteza. Por la ranura de la cortinilla observa a los cuatro hombres alineados y al oficial haciendo el interrogatorio de rutina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ve al oficial subir de nuevo, dirigirse a otro asiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No me pueden bajar. Casi soy mexicana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre se\u00f1ala a dos mujeres m\u00e1s y bajan. El sonsonete grave del motor le pone los nervios de punta. Parece que cada minuto aumenta el olor a sudores agrios. Ahora es a ella a quien le sudan los pies, siente mojadas las calcetas. Pasa las hojas nacaradas de la <i>Cosmopolitan<\/i>. Putas gringas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una voz chillona grita \u00a1a m\u00ed no me va a detener, oficial! \u00a1Pero qu\u00e9 se est\u00e1 creyendo! \u00a1No soy extranjera!, dice la mujer y se sienta otra vez, est\u00e1 enfurecida, rid\u00edculamente enfurecida: su acento la delata. Se hace un silencio dentro del autob\u00fas. El numerito no estaba en la escena. Se\u00f1ores, la noche est\u00e1 fresca, falta un buen tramo y todos queremos irnos, \u00bfverdad? Mire, no me est\u00e9 presionando que no voy a bajar. Usted no sabe qui\u00e9n soy yo, se\u00f1or, no sabe. De nuevo, se\u00f1ores pasajeros, disculpen las molestias ocasionadas pero esta se\u00f1orita es extranjera, no trae papeles y no nos vamos a mover si no se baja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los murmullos crecen. El chofer apaga el motor. Sin aire acondicionado entra un ligero viento caliente. La del asiento doce se acerca, la mujer nerviosa e hist\u00e9rica insiste con la ese arrastrada en no ser extranjera. Oiga, no nos meta en problemas. Nos faltan diez horas de camino. Nosotros tambi\u00e9n queremos llegar. Pero ella sigue gritando que no va a bajarse y entonces Elena se levanta, se acerca tambi\u00e9n y pide le ense\u00f1e la credencial que trae. El oficial va hasta ellas. Demasiado tarde. Deber\u00eda sentarse antes de que el hombre llegue. Tarde. El enorme reloj dorado del tipo brilla cuando pasa por sus ojos para alcanzar la credencial de la extranjera. Est\u00fapida. Infeliz est\u00fapida. Mujer que no es precavida es s\u00f3lo remedo de hembra. La odia. Odia a todas las perras que dan su dinero comprando malas r\u00e9plicas de credenciales de elector o actas de nacimiento. Se da cuenta de que ah\u00ed la est\u00fapida es ella. Deber\u00eda sentarse y no hablar. Cerrar los ojos y dejar que la mula esa se las arregle con el hombre. Darles la espalda y dirigirse a su asiento. S\u00f3lo a ella puede ocurr\u00edrsele semejante atrevimiento. Un segundo de imprudencia podr\u00eda derrumbarlo todo. La voz del oficial es tensa. Algunos balbuceos aislados exigen a la mujer que se baje ya y no se resista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es falsa, oficial, la credencial es falsa, suelta por fin Elena, primero con miedo, despu\u00e9s con la seguridad de que no ha hecho otra cosa mejor pues nadie podr\u00eda dudar de ella. Ha dejado salir su voz con furia y agobio. Les da la espalda. El oficial jalonea a la mujer y entre forcejeos ambos descienden de la oscuridad del pasillo a la asfixiante noche. Ha quedado un lugar vac\u00edo. Elena podr\u00e1 cambiarse de asiento. Estirar las piernas y dormirse con esa debilidad que trae en la piel. Se acomoda. Por la ventana observa a los tres hombres y dos mujeres, en fila, aguardan el interrogatorio. Le gustar\u00eda liarse a un oficial. Le atrae de ellos su altura. Ya no digamos su placa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Trae mal cortado el pelo y est\u00e1 un poco pasada de peso pero eso ha sido tambi\u00e9n pura estrategia. Pero qu\u00e9 guatos, g\u00fcevones, borregos tan pendejos, dice para s\u00ed, dejando escapar su palabrer\u00edo de barrio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siente paz. Unos se quedan, otros simplemente contin\u00faan. Este mundo es de los listos. Y tambi\u00e9n de los que traen buena estrella. Seguro ha pasado lo m\u00e1s dif\u00edcil de la noche. Mueve la cabeza. No tendr\u00eda por qu\u00e9 estar nerviosa. Ya casi es mexicana. Cuatro a\u00f1os m\u00e1s en M\u00e9xico y no tendr\u00e1 que moverse. Ella quiere ir a Ju\u00e1rez, nada m\u00e1s. Otra vez el traqueteo del motor subir, casi lamer sus piernas. El autob\u00fas coloca sus luces hacia delante cortando de tajo la noche, raj\u00e1ndola para que aparezca con el sol la vulgaridad de las cosas. A ver qu\u00e9 pasa ma\u00f1ana, piensa, mientras bosteza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S\u00f3lo una idiota puede creer que siendo latinas se puede correr la suerte de algunas como Jennifer Lo.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1314,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[4465],"genre":[2012],"pretext":[],"section":[2347],"translator":[2464],"lal_author":[3475],"class_list":["post-1317","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized","tag-numero-1","genre-fiction-es","section-featured-author-nadia-villafuerte-es","translator-julie-ann-ward-es","lal_author-nadia-villafuerte-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1317","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1317"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1317\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1314"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1317"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1317"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1317"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1317"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1317"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1317"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1317"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1317"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}