{"id":1293,"date":"2017-01-12T05:06:20","date_gmt":"2017-01-12T11:06:20","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2017\/01\/happy-box-nadia-villafuerte\/"},"modified":"2023-06-07T12:49:00","modified_gmt":"2023-06-07T18:49:00","slug":"happy-box-nadia-villafuerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/01\/happy-box-nadia-villafuerte\/","title":{"rendered":"&#8220;Cajita feliz&#8221; de Nadia Villafuerte"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/><\/style>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Oto\u00f1o. Eso y las hojas secas arrastrarse sin rumbo por las calles. En la esquina hay un McDonald\u2019s como isla, su amarillenta luz brilla a distancia, en medio de la lluviosa noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Key observa el d\u00e9bil golpeteo de una bandera norteamericana colgada en el poste de alumbrado. Ahora la lluvia no le gusta. Le parece insidiosa, brutal, lo pudre todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viernes. Ellos salen. A pesar de la lluvia. Los ve pasar. Son los de siempre. Siempre por la noche. Corren veloces. El estruendo del hip-hop vibrando en los cristales. Ellos, ella, los que salieron a explorar el mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Prende la televisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de tanta diarrea, v\u00f3mito y llanto, Suny por fin duerme, con un Simbad pl\u00e1stico entre sus manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiso conocer m\u00e1s all\u00e1 de sus narices y ese horizonte lleg\u00f3. Fue una noche. Poco despu\u00e9s de que Valente se baj\u00f3 del furg\u00f3n en la estaci\u00f3n de trenes de Davenport, para incorporarse primero al bar donde ambos se conocieron; tiempo m\u00e1s tarde, a la empresa empacadora de carnes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfDe d\u00f3nde eres?, le pregunt\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Valente se burlaba: es f\u00e1cil imaginarse M\u00e9xico, todo el mundo ha tomado un trago de tequila y visto mariachis, pero \u00bfHonduras?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Honduras es un pa\u00eds distante, ex\u00f3tico. Nada m\u00e1s. Key lo sabe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tuvieron suerte. Valente acept\u00f3 de inmediato la oferta de trabajo en la empacadora. Con los dos sueldos, a mitad del a\u00f1o compraron sala de estar, horno, luego, la Silverado usada. \u00c9l es dichoso cuando corre por la \u00fanica avenida a ritmo de esa banda mexicana que le recuerda a su tierra. Key en cambio, para llegar, atraves\u00f3 el pa\u00eds de Valente. Y se hab\u00eda jodido, lo sab\u00eda. Antes de la maldita borrachera, Key deseaba irse a otra ciudad: ese pa\u00eds era un para\u00edso demasiado grande.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La huida. La ciudad mugrosa. Un r\u00edo. Hab\u00eda un r\u00edo sucio por donde flotaban neum\u00e1ticos. Todav\u00eda se ve cruzando el puente en un triciclo. El congal a donde estuvo a punto de entrar, desesperada. El miedo de ser agredida por una pandilla. Y la fila de camiones. El sudor agrio de los traileros. El rasp\u00f3n que se hizo cuando alguien la subi\u00f3 al tr\u00e1iler y la revolc\u00f3 qui\u00e9n sabe en qu\u00e9 lugar. Por eso no se lo perdona. Eso. Haberse revolcado con un mexicano. Nunca entendi\u00f3 c\u00f3mo un paisano de su marido le hab\u00eda podido hacer eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fila de camiones. El rasp\u00f3n que se hizo. El tr\u00e1iler repleto de costales de az\u00facar. S\u00f3lo oscuridad y az\u00facar cuando las puertas se cerraron. Estuvo a punto de asfixiarse. Iba a morir y a ser un n\u00famero m\u00e1s de los que aparecen en los peri\u00f3dicos. Mueren tres ilegales. La suya iba a ser una muerte c\u00e1lida y dulce. El mundo dulce penetrando sus poros, inund\u00e1ndola. Hasta que las puertas se abrieron y vio de nuevo sombras. Entonces, despu\u00e9s de cobrarle, antes de dejarla partir, el chofer. Ninguna media luna. Ni ladrido de perros. Tampoco grillos. Un silencio largo, de desierto, de carretera solitaria. El chofer apestaba a licor. Ella quiso zafarse. La tumb\u00f3 de un manotazo. Despu\u00e9s abri\u00f3 los ojos. Vio el azul limpio de la noche. Quien dijera que en casos como \u00e9se lo mejor era ponerse floja y ayudar, que se fuera a la mierda. Sobre su pierna, el vapor caliente del motor y un hilillo h\u00famedo, espeso. El hombre le dijo que agradeciera, que le hab\u00eda cobrado barato por cruzar m\u00e1s de la mitad del pa\u00eds. Si llegaba, se ba\u00f1ar\u00eda un d\u00eda entero. Si llegaba, jam\u00e1s se iba a meter con un mexicano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda sido una semana agotadora. Har\u00eda siete meses en Lerhner\u2019s, el grocery donde trabajaba. No es que hubiese sido f\u00e1cil llegar, pero al menos estaba ah\u00ed, apenas el principio del horizonte. Apenas recorr\u00eda la orilla. Por eso entr\u00f3 al bar, despu\u00e9s de las diez horas de trabajo que hac\u00eda a diario. Quer\u00eda divertirse, tomar una cerveza. Cuando Valente la sac\u00f3 a bailar, Key estaba borracha. Luego lleg\u00f3 el bulto inesperado. Suny. Ese extra innecesario de la cajita feliz. Se maldijo. \u00bfHubiera podido arregl\u00e1rselas? \u00bfTan lejos de su casa? No iba a arruinarse sola. Que el mexicano se jodiera tambi\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es que no fuera bueno. Valente. Eso que ahora era Su Marido. De hecho, alguna vez sinti\u00f3 que todo iba bien. Una vez escuch\u00f3 a alguien decir que los mexicanos eran magn\u00edficos en el trabajo y la cama, que s\u00f3lo a ellos les encantaba currar horas extras en los mataderos. Prefer\u00eda reservarse la opini\u00f3n. Valente era generoso, honrado, pero ten\u00eda la misma cara de aquel trailero. Y adem\u00e1s, la \u00faltima gota derramando el vaso: ol\u00eda a vaca y sangre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es m\u00e1s dinero, mija, \u00bfa poco cree que con mi sueldito aquel \u00edbamos a pintar la casa y comprar muebles?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hubiera preferido que su marido oliera a trago y no a vacas. Estuvo bien: la casa pintada de color coral, la llanta colgada del tronco de un \u00e1rbol por donde Suny se columpia, una TV nueva de la que conserva su pl\u00e1stico protector con burbujitas (a Key le gusta romper burbujitas cuando se siente intranquila). Pero no los tacos de carnitas ni la imagen de la virgen sobre la pared ni ese maldito baile de \u201cviejitos\u201d que Valente hace ensayar a los ni\u00f1os de la cuadra, una danza que le parece grotesca porque los ni\u00f1os, de por s\u00ed ingenuos y malignos, se colocan un antifaz de ancianos y se mueven, al comp\u00e1s de guitarras y violines, con m\u00e1scaras arrugadas, narices ganchudas y escasos dientes en una boca grotesca de falsa felicidad.<br \/>\nEs una buena vida, es la vida que quiero, le dice Valente.<br \/>\nKey suspira.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las ollas de hirviente l\u00edquido antibacteriano. Las inmensas bombas refrigerantes. Los gritos de los supervisores. Los altoparlantes por encima del ruido feroz de la trituradora de huesos. Y en alguna esquina, Valente, su pr\u00edncipe pur\u00e9pecha con casco, botas de hule, la bata blanca salpicada de sangre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella siente asco. Cualquier ligero tufo le trae a la mente bazos, corazones, h\u00edgados, lenguas y ubres de vacas, mientras cogen. Eso es lo que ha arruinado todo. Lo de afuera sigue, permanece. Es terrible tirarse al suelo y ver que el mundo pasa, con su basura y su belleza. Y es malo que la salpique. A ella. A la Sony que no quiere, que odia un poco, no tan en el fondo. Sus amigas siguen bailando, bebiendo Budweiser quiz\u00e1. En su pueblo hubiera buscado de inmediato a la anciana de las yerbas para abortar. Pero estuvo sola. Y casi todos los sitios est\u00e1n invadidos por ellos, los mexicanos que ya casi son due\u00f1os de la otra orilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora Valente no est\u00e1. Ha muerto su madre. Se llev\u00f3 la Silverado para presumirla en pleno velorio. Los mexicanos regresan nada m\u00e1s a enterrar a sus muertos. A enterrarse. Key no regresar\u00eda, su pueblo est\u00e1 muy lejos. Ella deseaba conocer el mundo. Y el mundo lleg\u00f3 a Key con aquella borrachera. El mundo peque\u00f1o reducido a un hombre. A una ni\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta es la calle principal de Norwailk. El terreno de Dios. No quiere que Suny vaya a la iglesia. No quiere que se parezca a las jovencitas de faldas largas y sonrisas limpias que vienen a Lehrner\u2019s para comprar golosinas y luego regresan a orar. Key les ha dicho que los dulces pican los dientes y le traen un mal recuerdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Suny.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Suny tiene nombre de verano. Y tiene el color de su padre y su madre juntos. Un resultado detestable, fatal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora duerme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mediod\u00eda tuvo que llevarla a La Crosse, la \u00fanica cl\u00ednica gratuita. Somos gente limpia, dijo Key en mal ingl\u00e9s a la enfermera. \u00c9sta despach\u00f3 pastillas, sobres de suero oral. No lo hizo a prop\u00f3sito. Quiz\u00e1 s\u00ed. Key alza los hombros. Podr\u00eda re\u00edr pero la situaci\u00f3n le parece grotesca. Ya la est\u00e1 contagiando el car\u00e1cter culposo y sentimental de su marido. No soporta sus mimos, su elemental temperamento dram\u00e1tico, la forma de husmearla como buey t\u00edmido que huele la paja y la mastica. Valente no le gusta y, qui\u00e9n lo dir\u00eda, Norwailk, en esas condiciones, tampoco. La avenida, la gasolinera por donde pasan tantos que contin\u00faan el viaje y Lerhner\u2019s con su aire acondicionado, parecen asfixiarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre que piensa en aquella noche \u2014ya deber\u00edas haberlo superado, habr\u00eda dicho cualquiera\u2014 Key comete alguna estupidez. A mediod\u00eda fue con Suny. Puso a hervir leche. Imagin\u00f3 el entierro de la madre de Valente, dese\u00f3 no verlo m\u00e1s. Coloc\u00f3 leche en el vaso. Tom\u00f3 por equivocaci\u00f3n el frasco de sal y una cuchara grande. Pensaba en que Suny crecer\u00eda junto a Norwailk, su iglesia, con las ni\u00f1as de dientes picados; en la facilidad de los ni\u00f1os para aprender idiomas, en que crecen sin prejuicios, en que la ni\u00f1a sabr\u00eda ingl\u00e9s y espa\u00f1ol y no tendr\u00eda jam\u00e1s deseos de irse a ning\u00fan lugar. Pero repar\u00f3 tambi\u00e9n en su color. Y en que Norkwailk era una ciudad peque\u00f1a, apenas un punto, el primero al que llegar\u00eda, pero no el \u00fanico, imagin\u00f3 al principio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Horas despu\u00e9s la ni\u00f1a tuvo una diarrea intensa, v\u00f3mitos. Hab\u00eda excedido las cucharadas. Hab\u00eda puesto sal y no az\u00facar en la leche. No lo hizo a prop\u00f3sito. O quiz\u00e1 s\u00ed. Key alza los hombros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casa, pintada de coral a\u00fan, se rompe en las esquinas. Cuando va al ba\u00f1o y ve el sarro de la taza, siente que la taza es ella. No sabe qui\u00e9nes son m\u00e1s sucios. Si los hondure\u00f1os o los mexicanos. Pone cloro, baja la palanca y vuelve a su cuarto, a maquillarse un poco. Ve a Suny dormir, con el Simbad entre sus manos. Somos gente limpia, le dijo con mal ingl\u00e9s a la enfermera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Oto\u00f1o. Su marido no est\u00e1. Eso y las hojas secas arrastrarse sin rumbo por las calles. Ellos salen, a pesar de la lluvia. Ahora no le gusta. La lluvia. Le parece que lo pudre todo. Key se acerca a la ventana. Los ve pasar. Es t\u00edpico de los mexicanos. Corren con sus coches veloces de segunda mano; la m\u00fasica a todo volumen vibrando en los cristales. Ellos, ella, los que salieron a explorar el mundo. Fuera de eso, Norwailk pudo haber sido apenas el principio. Se lo dicen las amigas de Key que beben Budweiser en los bares, buscan otras ciudades y se van. Se lo dice la carcajada estruendosa que le sale de pronto y le deja despu\u00e9s un vac\u00edo inexplicable. Se lo dice el d\u00e9bil golpeteo de la bandera colgada en el poste de alumbrado, el logo del reloj que sobre la pared indica: la vida es f\u00e1cil. Y el McDonald\u2019s como isla cuya luz amarillenta brilla a distancia, en medio de la lluviosa noche.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Oto\u00f1o. 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