{"id":1252,"date":"2016-06-16T01:10:22","date_gmt":"2016-06-16T07:10:22","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2016\/06\/ars-poetica-sergio-pitol\/"},"modified":"2024-04-16T05:53:49","modified_gmt":"2024-04-16T11:53:49","slug":"ars-poetica-sergio-pitol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2016\/06\/ars-poetica-sergio-pitol\/","title":{"rendered":"&#8220;Un Ars Poetica?&#8221; de Sergio Pitol"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<div class=\"caption\"><\/div>\n<p style=\"text-align: right;\">Para Ednodio Quintero<\/p>\n<p>Recib\u00ed una invitaci\u00f3n para asistir a la Bienal de Narradores de M\u00e9rida, Venezuela, donde cada uno de los participantes deber\u00eda exponer su propio concepto de <i>ars poetica. <\/i>Viv\u00ed en el terror durante semanas. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda decir al respecto? A lo m\u00e1s que podr\u00eda llegar, sospechaba, ser\u00eda a bosquejar un Ars Combinatoria; m\u00e1s modestamente, a enumerar ciertos temas y circunstancias que de alguna manera definen mi escritura.<\/p>\n<p>El bagaje te\u00f3rico ha sido a lo largo de mi vida lamentablemente parco. S\u00f3lo a edad avanzada, durante una estancia en Mosc\u00fa, me acerqu\u00e9 a la obra de los formalistas rusos y de sus disc\u00edpulos. Conoc\u00ed a V\u00edktor Sklovski, me invit\u00f3 a su estudio y lo o\u00ed hablar durante toda una ma\u00f1ana. \u00a1Qued\u00e9 deslumbrado! No lograba explicarme c\u00f3mo hab\u00eda podido prescindir hasta entonces de aquel mundo cargado de incitaciones luminosas. Me propuse estudiar, tan pronto como terminara con los rusos, los aspectos fundamentales de la ling\u00fc\u00edstica, las distintas teor\u00edas sobre la forma, asomarme a la Escuela de Praga, llegar al estructuralismo, a la semi\u00f3tica, a las nuevas corrientes, a Genette, a Greimas, a Iuri Lotman y la Escuela de Tart\u00fa. La verdad, ni siquiera llegu\u00e9 a mayores en el estudio del formalismo ruso. Le\u00ed, eso s\u00ed, con indecible placer, los tres vol\u00famenes que Bor\u00eds Eijenbaum dedic\u00f3 a la obra de Le\u00f3n Tolst\u00f3i, el libro de Tinianov sobre el joven Pushkin, la <i>Teor\u00eda de la prosa<\/i>, de Sklovski, ya que tambi\u00e9n su teor\u00eda literaria se apoyaba en obras concretas: las de Boccaccio, Cervantes, Sterne, Dickens y Biely. El placer se volvi\u00f3 a\u00fan m\u00e1s intenso al llegar a Bajt\u00edn y leer sus estudios sobre Rabelais y Dostoievski. Cuando trat\u00e9 de asomarme a los textos especializados, los llamados \u00abcient\u00edficos\u00bb, me sent\u00ed perdido. Me confund\u00eda a cada momento, desconoc\u00eda el vocabulario. No sin remordimiento los fui paulatinamente abandonando. De cuando en cuando me aflige esta abulia y sue\u00f1o en un futuro que me permita estar en condiciones de volverme docto. Ayuno hasta del conocimiento de la ret\u00f3rica cl\u00e1sica, \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda atreverme a discurrir sobre un <i>ars poetica? <\/i><\/p>\n<p>En M\u00e9xico, durante la adolescencia, frecuent\u00e9 larga y devotamente la obra de Alfonso Reyes que incluye varios t\u00edtulos de teor\u00eda literaria: <i>El deslinde, La experiencia literaria, Al yunque<\/i>. Los le\u00eda, me imagino, por el puro amor a su idioma, por la insospechada m\u00fasica que encontraba en ellos, por la gracia que, de repente, aligeraba la exposici\u00f3n de un tema necesariamente grave. Borges, en un poema en me-moria del escritor mexicano, afirma:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">En los trabajos lo asisti\u00f3 la humana esperanza y fue lumbre de su vida dar con el verso que ya no se olvida y renovar la prosa castellana.<\/p>\n<p>Era tal su discreci\u00f3n, que muchos aun ahora no acaban de enterarse de esa haza\u00f1a portentosa, la de transformar, renov\u00e1ndola, nuestra lengua. Releo sus ensayos y m\u00e1s me asombra la juventud de esa prosa que no se parece a ninguna otra. Cardoza y Arag\u00f3n sostiene que nadie que no haya le\u00eddo a Reyes podr\u00e1 afirmar que lo ha le\u00eddo.<\/p>\n<p>Debo a nuestro gran pol\u00edgrafo y a los varios a\u00f1os de tenaz lectura la pasi\u00f3n por su lenguaje; admiro su secreta y serena originalidad, su infinita capacidad combinatoria, su humor, su habilidad para insertar giros cotidianos, re\u00f1idos en apariencia con el lenguaje literario, en alguna sesuda exposici\u00f3n sobre G\u00f3ngora, Virgilio o Mallarm\u00e9. Si la raz\u00f3n te\u00f3rica en Reyes top\u00f3 con mi sordera, en cambio le soy deudor del acercamiento a varios terrenos a los que de otra manera quiz\u00e1s habr\u00eda tardado en llegar: el mundo hel\u00e9nico, la literatura espa\u00f1ola medieval, la de los Siglos de Oro, la novela del <i>sert\u00f3n <\/i>y la poes\u00eda vanguardista de Brasil, Sterne, Borges, Francisco Delicado, la novela policial, \u00a1y tantas cosas m\u00e1s! Su gusto era ecum\u00e9nico. Reyes se mov\u00eda con ligera seguridad, con extrema cortes\u00eda, con curiosidad insaciable por muy variadas zonas literarias, algunas poco iluminadas. Acompa\u00f1aba el ejercicio hed\u00f3nico de la escritura con otras responsabilidades. El maestro \u2014porque tambi\u00e9n lo era\u2014 conceb\u00eda como una especie de apostolado compartir con su grey todo aquello que lo deleitaba. Fue un paciente y esperanzado pastor que se propuso, y en algunos casos lo logr\u00f3, desasnar a varias generaciones de mexicanos; lo que la m\u00eda le debe es invaluable. En una \u00e9poca de ventanas y puertas cerradas, Reyes nos incitaba a emprender todos los viajes. Evocarlo me hace recordar uno de sus primeros cuentos: &#8220;La cena&#8221;, un relato de horror inmerso en una atm\u00f3sfera cotidiana, donde a primera vista todo parece normal, anodino, hasta podr\u00eda decirse un poco dulz\u00f3n, mientras entre l\u00edneas el lector va poco a poco presintiendo que se interna en un mundo demencial, quiz\u00e1s el del crimen. Esa \u00abcena\u00bb debe de haberme herido en el flanco preciso. A\u00f1os despu\u00e9s comenc\u00e9 a escribir. Y s\u00f3lo ahora advierto que una de las ra\u00edces de mi narrativa se hunde en aquel cuento. Buena parte de lo que m\u00e1s tarde he hecho no ha sido sino un mero juego de variaciones sobre aquel relato.<\/p>\n<p>Mi aprendizaje es el resultado de una lectura inmoderada de cuentos y novelas, de mis empe\u00f1os como traductor y del estudio de algunos libros sobre aspectos de la novela escritos casi siempre por narradores, como el ya cl\u00e1sico de E. M. Forster, el elaborad\u00edsimo cuaderno de notas de Henry James, o el fragmentario de Ant\u00f3n Ch\u00e9jov, as\u00ed como de una larga serie de entrevistas, art\u00edculos y ensayos sobre novela tambi\u00e9n de novelistas; sin olvidar, por supuesto, las conversaciones con gente del oficio.<\/p>\n<p>Los dec\u00e1logos, esa enumeraci\u00f3n de instrucciones para uso de j\u00f3venes aspirantes a escritores, me han resultado fascinantes por el mero hecho de permitirme leer despu\u00e9s la obra de sus autores bajo una luz no previsible. Los preceptos que Ch\u00e9jov escribi\u00f3 para orientar a un hermano menor decidido a emprender el oficio literario son la clara exposici\u00f3n de la po\u00e9tica que de una manera gradual el narrador ruso hab\u00eda forjado. No son la causa sino el resultado de una obra donde el autor hab\u00eda perfilado su mundo y definido ya su especificidad literaria. Pero \u00bfentenderemos mejor el mundo de Ch\u00e9jov al conocer esa preceptiva extra\u00edda de su propia experiencia profesional? Me parece que no. A cambio, el conocer la artesan\u00eda empleada para escribir sus relatos admirables con toda seguridad intensificar\u00e1 el placer de la lectura. Conocer esa preceptiva nos permitir\u00e1 descubrir si no su mundo conceptual s\u00ed algunos secretos de su estilo, o, m\u00e1s bien, los misterios de su carpinter\u00eda. S\u00f3lo que si aplicamos como norma la misma preceptiva a Dostoievski, C\u00e9line o Lezama Lima tendr\u00edamos que descalificarlos como narradores, pues tanto su universo como sus m\u00e9todos y fines se encuentran en total oposici\u00f3n a los del escritor ruso. \u00bfPodr\u00eda acaso el dec\u00e1logo de Horacio Quiroga aplicarse a la obra de Joyce, de Borges o de Gadda? Me temo que no. No por otra raz\u00f3n, sino porque pertenecen a familias literarias diferentes. Cada autor, a fin de cuentas, ha de crear su propia po\u00e9tica, a menos que se conforme con ser el s\u00facubo o el ac\u00f3lito de un maestro. Cada uno constituir\u00e1, o tal vez sea mejor decir encontrar\u00e1, la forma que su escritura requiere, ya que sin la existencia de una forma no hay narrativa posible. Y a esa forma, el hipot\u00e9tico creador habr\u00e1 de llegar guiado por su propio instinto.<\/p>\n<p>Uno aprende y desaprende a cada paso. El novelista deber\u00e1 entender que la \u00fanica realidad que le corresponde es su novela, y que su responsabilidad fundamental se finca en ella. Todo lo vivido, los conflictos personales, las preocupaciones sociales, los buenos y los malos amores, las lecturas y, desde luego, los sue\u00f1os, habr\u00e1n de confluir en ella, puesto que la novela es una esponja que desear\u00e1 absorberlo todo. El narrador cuidar\u00e1 de alimentarla y fortalecerla, impidi\u00e9ndole cualquier propensi\u00f3n a la obesidad. &#8220;La novela en su definici\u00f3n m\u00e1s amplia&#8221;, sosten\u00eda Henry James, &#8220;no es sino una impresi\u00f3n personal y directa de la vida&#8221;.<\/p>\n<p>Y ya que cito a este gran narrador, debo reconocer que algunas de las lecciones decisivas sobre el oficio las debo a su lectura. Tuve la suerte de traducir al castellano siete de sus novelas, entre ellas una de las m\u00e1s endemoniadamente dif\u00edciles que pueda permitirse cualquier literatura: <i>Lo que Maisie sab\u00eda<\/i>. Traducir permite entrar de lleno en una obra, conocer su osamenta, sus sostenes, sus zonas de silencio. James me confirm\u00f3 en una tendencia que hab\u00eda aparecido ya desde mis primer\u00edsimos relatos: un acercamiento furtivo y sinuoso a una franja de misterio que nunca queda aclarado del todo para permitir al lector elegir la soluci\u00f3n que crea m\u00e1s adecuada. Para lograrlo, James adopt\u00f3 una soluci\u00f3n sumamente eficaz: la eliminaci\u00f3n del autor como sujeto omnisciente que conoce y determina la conducta de sus personajes y su sustituci\u00f3n por uno o, en sus novelas m\u00e1s complejas, varios \u00abpuntos de vista\u00bb, a trav\u00e9s de los cuales el personaje trata de alcanzar el sentido de alg\u00fan hecho del que ha sido testigo. Por medio de ese recurso el personaje se construye a s\u00ed mismo en el intento de descifrar el universo que lo rodea: el mundo real sufre un proceso de deformaci\u00f3n al ser filtrado por una conciencia. Nunca sabremos hasta qu\u00e9 grado aquel narrador (aquel &#8220;punto de vista&#8221;) se atrevi\u00f3 a confesarse en el relato, ni qu\u00e9 porciones decidi\u00f3 omitir, as\u00ed como tampoco las razones que determinaron una u otra decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>De la misma manera, y aun antes de leer a James, mis relatos se caracterizaron por registrar una visi\u00f3n oblicua de la realidad. Por lo general existe en ellos una oquedad, un vac\u00edo ominoso que casi nunca se cubre. Al menos, no del todo. La estructura debe ser muy firme para que esa vaguedad que me interesa no se transforme en caos. La historia debe contarse y recontarse desde \u00e1ngulos distintos y en ella cada cap\u00edtulo tiene la funci\u00f3n de aportar nuevos elementos a la trama y, a la vez, desdibujar y contradecir el bosquejo que los precedentes han establecido. Una especie de tejido de Pen\u00e9lope que se hace y se deshace sin cesar, donde una trama contiene el germen de otra que a su vez llevar\u00e1 a otra, hasta el momento en que el narrador decida poner fin a su relato. Se trata de una convenci\u00f3n literaria que podr\u00e1 ser ardua, pero de ninguna manera novedosa. La tradici\u00f3n literaria remonta sus or\u00edgenes a <i>Las mil y una noches<\/i>. En el lejano Oriente este recurso ha sido empleado con frecuencia y ha producido obras que irremediablemente tenemos que llamar maestras: <i>El sue\u00f1o de los pabellones rojos, <\/i>de Cao Xuequin, escrita en China en el siglo XVIII, y el <i>Rashomon, <\/i>de Ryunosuke Akutagawa, en el Jap\u00f3n de este siglo. La filiaci\u00f3n occidental es m\u00e1s f\u00e1cil de trazar. La encontramos, desde luego, en el <i>Quijote<\/i>, en <i>Los cuentos de Canterbury<\/i>, rebrota en el Siglo de las Luces, con energ\u00eda asombrosa, en <i>Jacques el fatalista, <\/i>de Diderot, en <i>El manuscrito encontrado en Zaragoza, <\/i>de Jan Potocki, y en ese portento de portentos que es el <i>Tristram Shandy<\/i>, de Laurence Sterne. En nuestro siglo, este tipo de novelas cuya composici\u00f3n siempre se ha asociado a cajas chinas o a las matriochkas rusas, y que hoy d\u00eda los te\u00f3ricos denominan <i>mise en ab\u00eeme <\/i>(puesta en abismo), ha encontrado legi\u00f3n de seguidores. Me conformo con citar tres t\u00edtulos deslumbrantes: <i>El buen soldado, <\/i>de Ford Madox Ford, <i>La verdadera vida de Sebastian Knight, <\/i>de Nabokov, y <i>El jard\u00edn de los senderos que se bifurcan, <\/i>de Jorge Luis Borges.<\/p>\n<p>La elaboraci\u00f3n de mi primera novela, a finales de los a\u00f1os sesenta, coincidi\u00f3 con una universal actitud de desprestigio de la narraci\u00f3n, de aborrecimiento del relato. Manifestar un moderado inter\u00e9s por la obra de Dickens, para citar s\u00f3lo un ejemplo, pod\u00eda ser considerado como una franca provocaci\u00f3n o una confesi\u00f3n de ignorancia, de aldeanismo. Fue aqu\u00e9l un tiempo de innovaciones incesantes. La literatura, el cine, las artes pl\u00e1sticas, el montaje teatral cambiaban de lenguaje con una frecuencia inmoderada. Muchas de esas novedades me entusiasmaron, como a casi todos mis compa\u00f1eros de generaci\u00f3n. Est\u00e1bamos convencidos de que una renovaci\u00f3n formal era indispensable para devolverle a la novela una salud que estaba precisando. Aplaudimos las innovaciones, aun las m\u00e1s radicales; pero en mi caso el inter\u00e9s por lo nuevo jam\u00e1s logr\u00f3 mitigar mi pasi\u00f3n por la trama. Sin ella, la vida me ha parecido siempre disminuida. Contar cosas reales y deshacer y al mismo tiempo potenciar su realidad ha sido mi vocaci\u00f3n. Cualquier incertidumbre al respecto me la ha desvanecido la lectura de Gald\u00f3s. \u00c9l, aunque decirlo en Espa\u00f1a resulta a veces escandaloso, ha sido mi aut\u00e9ntico maestro. En su obra descubr\u00ed que, como en la de Goya, la cotidianidad y el delirio, lo tr\u00e1gico y lo grotesco no tienen por qu\u00e9 ser caras diferentes de una moneda, sino que logran integrar en plenitud una misma entidad.<\/p>\n<p>Pero, para volver al <i>ars poetica <\/i>de un narrador: \u00bfexiste una preceptiva universalmente v\u00e1lida? \u00bfReglas de oro de aplicaci\u00f3n obligatoria? \u00bfA\u00f1ade cada \u00e9poca algunas normas y proscribe otras? Y a\u00fan debo preguntarme: \u00bfno es acaso cierto que lo que resulta fuente de energ\u00eda para la mayor\u00eda de los escritores puede ser veneno para algunos de ellos? \u00bfNo se han dado casos de que al violar el canon un escritor logre crear obras maestras? Jan Potocki y Jane Austen son novelistas contempor\u00e1neos, pero sus obras parecen ilustrar g\u00e9neros que no tuvieran la menor relaci\u00f3n entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Regla b\u00e1sica, la enunciada por Gide: &#8220;No aprovecharse nunca del impulso adquirido.&#8221; \u00bfCada nuevo libro tendr\u00eda, pues, que partir de cero? Hemos sido testigos del derrumbe de autores que por a\u00f1os fueron nuestros \u00eddolos, cuya audacia admir\u00e1bamos sin reservas, llegamos a pensar que su prosa y su visi\u00f3n no s\u00f3lo renovaban el lenguaje narrativo sino que modificaban nuestra percepci\u00f3n de la existencia hasta que, a partir de alguno de sus libros, paralizados, dudosos de nuestras propias facultades, comenzamos a descubrir que su lenguaje nos dejaba fr\u00edos, que nos hab\u00edamos vuelto insensibles a su subyugaci\u00f3n, para arribar al convencimiento final de que las facultades que habr\u00eda que poner en duda no eran las nuestras sino las del escritor antiguamente idolatrado, cuya prosa se hab\u00eda dejado devorar por un lenguaje vegetativo del que no pudo o no supo defenderse, no se sabe si por faciloner\u00eda, autocomplacencia o por extenuaci\u00f3n; un lenguaje que, como un posible G\u00f3lem, hab\u00eda comenzado a marcar las reglas del juego, a marchar por su cuenta, a confundir al narrador, a convertirlo en un mero amanuense. F\u00e9lix de Az\u00faa recordaba alguna vez una conversaci\u00f3n con Chillida, donde el escultor le dijo que en su juventud se sinti\u00f3 de pronto sorprendido por la facilidad con que realizaba su trabajo hasta que, atemorizado por esa extraordinaria destreza, se oblig\u00f3 a esculpir con la mano izquierda para volver a sentir la tensi\u00f3n de la materia. Me parece evidente que la advertencia de Gide no exige ning\u00fan cambio mec\u00e1nico de estilo, recursos, temas o lenguaje. No obliga a que en cada novela, drama o poema el escritor tenga que transformarse en otro. Ser\u00eda un disparate, una mascarada. \u00bfC\u00f3mo entender entonces la obra de Henry James, de Ivy Compton-Burnett, de Valle- Incl\u00e1n, de Borges, de Saramago, de Gombrowicz, por ejemplo, donde la excelencia depende de la exacerbaci\u00f3n permanente de un estilo personal? De lo que en verdad se trata, me imagino, es de impedir que el lenguaje pase por pura inercia de un libro al otro y se convierta en parodia de s\u00ed mismo, adormecido por la energ\u00eda del impulso adquirido. De la \u00fanica influencia de la que uno debe defenderse es la de uno mismo, afirma ese maestro de lucidez que es Bioy Casares. Pero ah\u00ed, como en todo lo que tenga que ver con la escritura, ser\u00e1 el instinto del escritor quien tendr\u00e1 la \u00faltima palabra.<\/p>\n<p>Otra regla, la definitiva: jam\u00e1s confundir redacci\u00f3n con escritura. La redacci\u00f3n no tiende a intensificar la vida; la escritura tiene como finalidad esa tarea. La redacci\u00f3n dif\u00edcilmente permitir\u00e1 que la palabra posea m\u00e1s de un sentido; para la escritura la palabra es por naturaleza polisem\u00e1ntica: dice y calla a la vez; revela y oculta. La redacci\u00f3n es confiable y previsible; la escritura nunca lo es, se goza en el delirio, en la oscuridad, en el misterio y el desorden, por m\u00e1s transparente que parezca. Marguerite Duras: &#8220;La escritura llega como el viento, est\u00e1 desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida.&#8221;<\/p>\n<p>Escribir ha sido para m\u00ed, si se me permite emplear la expresi\u00f3n de Bajt\u00edn, dejar un testimonio personal de la constante mutaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Xalapa, septiembre de 1993<\/p>\n<h6>Sergio Pitol, escritor mexicano\u00a0(izquierda) con el editor espa\u00f1ol Jorge Herralde.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recib\u00ed una invitaci\u00f3n para asistir a la Bienal de Narradores de M\u00e9rida, Venezuela, donde cada uno de los participantes deber\u00eda exponer su propio concepto de <i>ars poetica. <\/i>Viv\u00ed en el terror durante semanas. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda decir al respecto? 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