{"id":1239,"date":"2017-01-18T05:00:09","date_gmt":"2017-01-18T11:00:09","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/2016\/05\/planet-caicedo-alberto-fuguet\/"},"modified":"2024-04-09T07:16:25","modified_gmt":"2024-04-09T13:16:25","slug":"planet-caicedo-alberto-fuguet","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2017\/01\/planet-caicedo-alberto-fuguet\/","title":{"rendered":"&#8220;Planeta Caicedo&#8221; de Alberto Fuguet"},"content":{"rendered":"<div class=\"page\" title=\"Page 1\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span class=\"dropcap\">L<\/span>o he contado antes, lo he escrito por ah\u00ed: hasta hace poco \u2014bueno, ya no tan poco\u2014 no conoc\u00eda a Andr\u00e9s Caciedo. No sab\u00eda de su existencia. Claro: no soy colombiano, no soy cale\u00f1o, no estudi\u00e9 ni fui joven en Colombia. Y aqu\u00ed es donde me quiero detener antes de seguir: no le\u00ed a Andr\u00e9s Caicedo en el momento en el momento justo, en ese instante en que \u201ctodo estalla\u201d, en que uno est\u00e1 vulnerable y a la deriva, pero al mismo tiempo curioso y buscando aliados y hermanos y padres que no se desean matar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le\u00ed tarde a Caicedo.<\/p>\n<p>Ya no era un <em>pelado<\/em>, ya era un escritor.<br \/>\nA veces me pregunto: si hubiera le\u00eddo a Andr\u00e9s (Caicedo es de esos autores que cuesta llamado por su apellido; uno tiende, como fan, a designarlo como Andr\u00e9s), \u00bfme hubiera convertido en escritor? \u00bfHubiera valido\u00a0la pena hacer el esfuerzo? \u00bfNo pudo ocurrir lo que a veces le sucede a tantos? Es tal la impresi\u00f3n que te causa un texto (la suma d<em>e \u00a1Qu\u00e9 viva la m\u00fasica!<\/em> + <em>Ojo al cine<\/em> + el mito Andr\u00e9s en un combo <em>tenaz<\/em>) que puede remecer a un escritor en ciernes y dejarlo m\u00e1s en la vereda de los fans que en la avenida de los creadores. Porque el hurac\u00e1n Caicedo, si te golpea desprevenido, te puede cambiar la vida: para bien (quieres leerlo todo; te impulsa a escribir siguiendo su ejemplo; te vuelves un adicto y acaso un groupie) o definitivamente para mal (decides ser un groupie y un adicto; s\u00f3lo te dedicas a leer y a subrayar a Caicedo; te refirma tus inseguridades y miedos y m\u00e1s que pensar en escribir, comienzas a pensar en c\u00f3mo matarte o, al menos, c\u00f3mo vivir una vida <em>caicediana<\/em>.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 2\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la vida es misteriosa. O lo era antes de Internet. No depend\u00eda de uno lo que le\u00edas porque era clave aquello que estaba disponible en las librer\u00edas y eso depend\u00eda en parte del canon. Los autores que ya hab\u00edan sido bendecidos eran los que formaban el canon y, por lo tanto, esos llegaban a las librer\u00edas y esos eran a los que acced\u00edas. No pod\u00edas leer lo que no estaba ni siquiera en las librer\u00edas de libros usados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Andr\u00e9s no era parte de la <em>mafia<\/em> y quiz\u00e1s ni siquiera sab\u00eda donde quedaba Barcelona en el mapa. El so\u00f1aba con revistas de cine, con Hollywood, cre\u00eda que los j\u00f3venes pod\u00edan ser sus lectores y sent\u00eda que el rock era tan o igual de potente que las novelas o el cine. Adem\u00e1s estaba muerto. Joven y muerto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 futuro literario pod\u00eda tener?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda que lleg\u00f3 el primer ejemplar de <em>\u00a1Qu\u00e9 viva la m\u00fasica!<\/em> a su departamento en Cali, Andr\u00e9s se suicidi\u00f3 a los 25 a\u00f1os. Una tragedia, sin dudas, pero tambi\u00e9n el mayor de los actos medi\u00e1ticos. Andr\u00e9s ten\u00eda claro qu\u00e9 hab\u00eda sucedido con Jim Morrison, con Janis Joplin. Sab\u00eda que James Dean ya estaba muerto para el estreno de <em>Rebelde sin causa<\/em>. Es imposible analizar o tratar de entender un suicidio. En parte he tratado de hacerlo al ingresar a sus papeles personales y cartas y armar su autobiograf\u00eda: <em>Mi cuerpo es una celda<\/em>. No tengo una repsuesta. Lo que, claro, aumenta el misterio, enciende el morbo. Pero una cosa est\u00e1 clara: m\u00e1s all\u00e1 del tremendo dolor, la inmensa sensaci\u00f3n de soledad y de estar a la deriva, Caicedo siempre tuvo claro que su fama y su conexi\u00f3n con los lectores ser\u00eda despu\u00e9s. Querr\u00e1 dejar obra. Intent\u00f3 matarse varias veces. No era un autor que quer\u00eda hacer una carrera; era un autor d\u00edscolo, nuevo, en ciernes, que no deseaba madurar o crecer o envejecer, pero que s\u00ed quer\u00eda dejar obra.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 3\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Y la dej\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dej\u00f3 una obra llena de vida, imperfecta quiz\u00e1s, pero impresionante, real, honesta, desgarrada y desnuda. Y, con el tiempo, esta obra se fue escindiendo de manera natural en su obra de ficci\u00f3n (libros para jovencitos) y su no-ficci\u00f3n te\u00f1ida por las drogas, el cine, la ambig\u00fcedad, el terror, la disfunci\u00f3n familiar y las temporadas en los siqui\u00e1tricos. <em>\u00a1Qu\u00e9 viva la m\u00fasica!<\/em> es la obra cumbre de un autor que est\u00e1 empezando; <em>Mi cuerpo es una celda<\/em>, su obra p\u00f3stuma, es el testimonio de alguien que quiere claudicar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span class=\"dropcap\">L<\/span>o m\u00e1s fascinante de <em>\u00a1Qu\u00e9 viva la m\u00fasica!<\/em> es la suerte de manifiesto que Mar\u00eda del Carmen Huerta, una jovencita bien que desciende a la Cali profunda de la salsa y la rumba. La novela est\u00e1 narrada en primera persona y termina con una suerte bonus track donde anota la banda sonora de la novela que acabamos de leer. Pero justo hacia el final, cuando el viaje y el libro est\u00e1n llegando a su fin, algo raro sucede: la narradora va cambiando de voz y se va volviendo m\u00e1s masculina, como si el verdadero autor se aburriera o no fuera capaz de mantener la impostaci\u00f3n para escribir con una seguridad absoluta una suerte de manifiesto que parte juvenil y setentero y ultra contempor\u00e1neo (\u201cVivimos el momento de m\u00e1s significado en la historia de la humanidad\u201d) para, poco a poco, ir transform\u00e1ndose en el credo del propio Caicedo. Es en este libro donde sale la famosa frase \u201cSi dejas obra, muere tranquilo, confiando en unos pocos buenos amigos\u201d. Mucha de estas sentencias\/\u00f3rdenes\/recomendaciones a sus lectores son del todo sobregiradas y m\u00e1s tienen que ver con el autor que la narradora y que, si se leen l\u00ednea a l\u00ednea, son incluso contradictorias pues quiere tanto el anonimato como la fama y transforma sus impulsos suicidas en mandatos para no crecer: \u201cNunca permitas que te vuelvan persona mayor, hombre respetable. Nunca dejes de ser ni\u00f1o&#8230; Para la timidez, la autodestrucci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 4\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Caicedo va escribiendo un par de p\u00e1ginas que luego podr\u00e1n transformarse en frases de afiches o mensajes de twitter: \u201cEl sexo es el acto de las tinieblas y el enamoramiento la reuni\u00f3n de los tormentos\u201d. Pregona olvidarse de \u201calcanzar alguna vez lo que llama <em>normalidad sexual<\/em>\u201d y recomienda no esperar \u201cque el amor te traiga paz\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La novela celebra la m\u00fasica y la salsa pero al final es el cine el mejor refugio: \u201cAd\u00f3nde mejor se practica el ritmo de la soledad es en\u00a0los cines, aprende a sabotear los cines\u201d. Llama a pagarle con \u201cmala moneda\u201d a los padres pues deben pagar y alimentar a sus hijos siempre por haberlos tenido. \u201cJam\u00e1s ahorres\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es raro que Andr\u00e9s Caicedo se haya suicidado despu\u00e9s de haber escrito todo esto: \u201cmu\u00e9rete antes que tus padres para librarlos de la espantosa visi\u00f3n de tu vejez\u201d. Lo que impresiona y acaso nunca se sabr\u00e1 es cu\u00e1ntos lectores intentaron hacerle caso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span class=\"dropcap\">L<\/span>a vida tiene sus vueltas, s\u00ed. Es misteriosa. La justicia, lo tengo claro, no existe pero s\u00ed creo que en la <em>justicia art\u00edstica<\/em>. A la larga, con el tiempo, las cosas se ordenan. El gran bestseller de su momento desaparece y un autor que nadie supo de su existencia termina influyendo a los dem\u00e1s. <em>\u00a1Qu\u00e9 viva la m\u00fasica!<\/em>, novela condenada por su autor quiz\u00e1s a la muerte, no s\u00f3lo lo sobrevive, lo hace renacer cada vez que se reedita (como ahora, en Alfaguara, al igual de Vargas Llosa, su \u00eddolo literario) y, c\u00f3mo no, cada vez que se lee por primera vez.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 5\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Eso tiene Andr\u00e9s Caicedo que pocos tienen: se sigue leyendo, lo siguen leyendo. Como me coment\u00f3 un amigo suyo en Cali: mientras nazcan jovencitos en Colombia habr\u00e1 lectores de Andr\u00e9s. Yo acoto: mientras nazcan jovencitos y jovencitas quue vayan pasando la adolescencia en cualquier parte del mundo (porque ahora Andr\u00e9s es latinoamericano y mundial) habr\u00e1 nuevos lectores de Andr\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El chico de moda de los setenta sigue est\u00e1n de moda, lo que prueba que no es una moda, que lo que escribe trasciende idiomas, ciudades, grupos, tendencias. Lo que parec\u00eda \u201ctan cale\u00f1o\u201d termina siendo m\u00e1s bien urbano y del mundo. En esa era de Twitter y iPhones, chat y Skype, WhatsApp y YouTube, Caicedo parece el autor natural para narrar esta nueva generaci\u00f3n: gente conectada y desconectada; con una sobredosis de informaci\u00f3n pero con emociones que no entienden del todo o pueden controlar. Caicedo es disasociado y border, liminial y bisexual, pop y medi\u00e1tico, retro y adelantado. No es raro que se lo entienda a la perfecci\u00f3n en el siglo 21. No es de extra\u00f1ar que se vuelva fetiche de aquellos que s\u00f3lo pueden expresarse usando medios que los protegen. Andr\u00e9s era tartamudo y usaba los libros, las cartas y los art\u00edculos para conectarse con el mundo. Andr\u00e9s blogueaba antes de los blogs; Andr\u00e9s enviaba mails \u2014cartas, en rigor\u2014 a gente que ni siquiera conoc\u00eda cont\u00e1ndole de sus dolores y penas que lo confund\u00edan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Caicedo es de nicho, s\u00ed, y quiz\u00e1s ese nicho sean sus fans. Este planeta Caicedo fusiona lo que podr\u00eda denominarse la sensiblidad <em>emo<\/em> con la furia del <em>fanboy<\/em> (los cin\u00e9filos ac\u00e9rrimos y fetichistas) con la de un autor <em>literario<\/em>, una suerte de Cesare Pavese tropical. Triunfa tanto en la ficci\u00f3n como en la no-ficci\u00f3n. Sabe de drogas, de cine, de m\u00fasica, se viste vintage, entiende el valor del personaje detr\u00e1s del autor, posa como rockero, se desnuda frente a c\u00e1maras de 16 mm, deja todo por escrito para que alguien haga la cr\u00f3nica, para que los lectores de la moral Instagram puedan conectar con \u00e9l como si fuera un tipo que viviera en Finlandia o Seul.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 6\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Caicedo es una suerte de Kurt Cobain literario y cin\u00e9filo que es capaz de unir a los fans de Andr\u00e9 Bazin con los de Bob Dylan. Mientras Garc\u00eda M\u00e1rquez, el mismo a\u00f1o, se maravillaba con las mariposas amarillas, Caicedo se obsesionaba con Travis Bickle y <em>Taxi Driver<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span class=\"dropcap\">A<\/span>\u00fan me cuesta creer que supe de la existencia de Andr\u00e9s Caicedo hace tan poco. Mucho despu\u00e9s que Andr\u00e9s Caicedo se hab\u00eda convertido en <em>Andr\u00e9s Caicedo<\/em>, el rockstar literario colombiano, el Kurt Cobain de Cali, el cineasta que no film\u00f3 pero termin\u00f3 transform\u00e1ndose en la estrella de cine m\u00e1s grande que ha producido Colombia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La amistad parti\u00f3 el a\u00f1o 2000. Andr\u00e9s ya llevaba m\u00e1s de veinte a\u00f1os muerto y sus libros estaban en las estanter\u00edas colombianas hac\u00eda rato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfD\u00f3nde estaba yo?<br \/>\n\u00bfD\u00f3nde estaban sus libros?<br \/>\nEn rigor: \u00bfd\u00f3nde estaba \u00e9l cuando m\u00e1s lo necesitaba? Lo encontr\u00e9 en una de mis librer\u00edas favoritas: la desaparecida La Casa Verde, en Lima, frente al parque El Olivar, en pleno San Isidro. Ah\u00ed estaba, haciendo hora, esperando un avi\u00f3n. Hab\u00eda entregado mi cuarto en el hotel El Olivar y esperaba un taxi para partir rumbo al aeropuerto Jorge Ch\u00e1vez. As\u00ed que me puse a mirar libros, no una mala manera de matar el tiempo. De pronto la palabra cine se fij\u00f3 en mi radar. De entre los miles de libros que tapizaban las estanter\u00edas de esa casa pintada de verde, me fij\u00e9 en un grueso volumen azul oscuro titulado <em>Ojo al cine<\/em>.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 7\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Dej\u00e9 los otros textos que ten\u00eda en la mano para tomar este volumen desconocido. Exagero si escribo que mis manos tiritaban, pero casi. Al menos deseaba que lo hicieran (close-up a manos que toman libro). Intu\u00ed que m\u00e1s que enfrentarme a un libro, me estaba enfrentando a una persona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La persona que a\u00f1os despu\u00e9s se transformar\u00eda en parte de mi y yo, para bien o para mal, no lo s\u00e9, en parte de su familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor qu\u00e9 un autor suicida atrae tanto?<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 un cin\u00e9filo suicida me impact\u00f3 as\u00ed?<br \/>\n\u00bfEra Caicedo, entonces, el Pavese de los fan\u00e1ticos del cine? O sea que de hecho el cine pod\u00eda matar. \u00bfEra la cinefilia una adicci\u00f3n peligrosa? \u00bfY no solo un refugio para cobardes?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Compr\u00e9 el libro de inmediato y no par\u00e9 de leerlo: en el taxi, en la sala de espera, en el avi\u00f3n. No era una novela, sino el gui\u00f3n de su vida, una muestra de las miles de pel\u00edculas que vio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De nuevo: \u00bfc\u00f3mo no hab\u00eda sabido de \u00e9l antes? Caicedo, capt\u00e9 pronto, fue el cin\u00e9pata m\u00e1s cin\u00e9pata de todos, aunque nunca us\u00f3 esa palabra. Yo pens\u00e9 que s\u00ed y, por error, pero pensando en \u00e9l, a los pocos meses fund\u00e9 mi empresa de producciones audiovisuales y le coloqu\u00e9, en homenaje, Cin\u00e9pata. Andr\u00e9s Caicedo se consideraba m\u00e1s bien un cin\u00e9fago y una v\u00edctima de lo que \u00e9l denominaba la cines\u00edfilis. Su meta era clara: tragarlo todo y, luego, escribir sobre todo lo que ve\u00eda, para as\u00ed, en el acto de escribir, volver a ver lo que ya hab\u00eda visto. Su pasi\u00f3n y la desmesura lo llevaron a acumular toda la informaci\u00f3n posible hasta convertirlo, con el tiempo, en un cin\u00e9fago incondicional.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 8\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: justify;\">A veces pienso que quiz\u00e1s la tecnolog\u00eda hubiera salvado a Caicedo. Internet Movie Database hubiera sido un lugar ideal donde volcar su trivia, los chats lo hubieran conectado con otros freaks, las c\u00e1maras digitales lo hubieran ayudado a filmar sus cintas de terror y una colecci\u00f3n de DVDs piratas lo hubieran dejado dormir tranquilo: ah\u00ed, en un estante, en orden alfab\u00e9tico, hubiera podido guardar todas esas im\u00e1genes que ya no le cab\u00edan en su cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span class=\"dropcap\">C<\/span>aicedo fue siempre un creador m\u00e1s que un cr\u00edtico. Sus escritos bordeaban los l\u00edmites de la ficci\u00f3n y cuando se puso a inventar cuentos y novelas y teatro, todo le sal\u00eda con olor a pantalla. Nunca sabremos c\u00f3mo hubieran resultado los filmes de Caicedo. Lo principal en Caicedo es Caicedo mismo. <em>Siempre<\/em>. Era narciso, inseguro y joven, mezcla algo fatal. El cuento de mi vida, mi vida como novela, una vida en tres actos. Yo, yo, yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me gusta imaginarlo encarnando la idea del cin\u00e9filo como m\u00e1rtir, el post-adolescente latinoamericano alienado con Hollywood, el solitario que se comprometi\u00f3 con la pantalla mientras todos solidarizaban con la causa, el hermano mayor de McOndo, el link perdido al siglo XXI, el fan que escrib\u00eda guiones de westerns y de pel\u00edculas de terror y devoraba las cintas de Rosen y Truffaut en los cines del centro de Cali.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"page\" title=\"Page 9\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Andr\u00e9s fue un adelantado, s\u00ed, pero tambi\u00e9n un tipo fuera de foco, desincronizado, lim\u00edtrofe. Caicedo no bailaba salsa; quer\u00eda, pero no pod\u00eda. Caicedo no hablaba, escrib\u00eda. Todo el d\u00eda: y tal como hoy hay gente que no concibe su d\u00eda sin postear, Caicedo se escrib\u00eda a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a1Qu\u00e9 viva la m\u00fasica!<\/em> es la rumba que quiso bailar; la novela juvenil con t\u00edtulo que celebra la vida pero que termina con un llamado a matarse, a no creer y no crecer, que evangeliza no confiar en nadie mayor y bendice la idea de autodestruirse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es, sin duda, una novela intensamente cale\u00f1a, rumbera pero, por sobre todo, joven. Y terminal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por algo es la novela final de Andr\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La novela final, la novela inicial, la novela que de alguna manera lo inici\u00f3 todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mito, la obra, el planeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed va, aqu\u00ed est\u00e1. Escrita contra el tiempo, antes que cumpliera los 25 ese marzo de 1977.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span><span class=\"dropcap\">L<\/span>o he contado antes, lo he escrito por ah\u00ed: hasta hace poco \u2013 bueno, ya no <\/span><span>tan poco \u2013&nbsp;no conoc\u00eda a Andr\u00e9s Caciedo.<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":1236,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[4465],"genre":[2009],"pretext":[],"section":[2344],"translator":[2459],"lal_author":[3170],"class_list":["post-1239","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","tag-numero-1","genre-essays-es","section-essays-es","translator-christina-miller-es","lal_author-alberto-fuguet-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1239","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1239"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1239\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32060,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1239\/revisions\/32060"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1236"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1239"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1239"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1239"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=1239"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=1239"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=1239"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=1239"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=1239"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}