{"id":10932,"date":"2022-02-13T10:52:35","date_gmt":"2022-02-13T16:52:35","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/05\/el-estilo-mcdowell-de-carlos-fonseca\/"},"modified":"2023-05-23T21:01:04","modified_gmt":"2023-05-24T03:01:04","slug":"el-estilo-mcdowell-de-carlos-fonseca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/02\/el-estilo-mcdowell-de-carlos-fonseca\/","title":{"rendered":"&#8220;El estilo McDowell&#8221; de Carlos Fonseca"},"content":{"rendered":"<p>En uno de los cuentos del hondure\u00f1o Salvador Godoy, tal vez el m\u00e1s kafkiano de todos los escritores centroamericanos, se habla de un misterioso personaje al que nadie ha visto pero cuya presencia recorre el ambiente de una fiesta como un rumor clandestino. \u201c\u00bfHas visto el estilo de Zelaya?,\u201d comentan todos entre copas, sin que el enigm\u00e1tico personaje aparezca en todo el relato. Sin mostrarse, o tal vez precisamente por ocultarse, Zelaya se convierte infinito en su elegancia. Como en la fiesta que retrata Godoy, en la historia de la literatura hay una protagonista silenciosa pero vital cuya presencia teje la red global de lectores que se congrega en torno a la novela. Hablo de la traductora, esa figura camuflada y furtiva que, reproduciendo el texto m\u00e1s all\u00e1 del original, se encarga de multiplicarlo, abri\u00e9ndolo al mundo de la proliferaci\u00f3n.<\/p>\r\n<p>Si toda novela es en potencia infinita, eso se debe en gran medida a que en todo momento pide ser traducida: a una nueva lengua, a nuevo presente. Este deseo de otredad, esta ambici\u00f3n de ser otro sin dejar de ser el mismo texto, no viene exenta de paradojas. Ya escrib\u00eda Adam Thirlwell en <i>La novela m\u00faltiple<\/i> que la paradoja de la novela es que pide ser traducida, a pesar de que <i>el estilo<\/i> parecer\u00eda ser intraducible, anclado en el presente exacto de un idioma. La historia de la novela, seg\u00fan \u00e9l, ser\u00eda el valiente intento por hacer del estilo algo traducible y universal.<\/p>\r\n<p>Hoy, recordando el texto de Godoy, he pensado que Thirlwell tiene raz\u00f3n pero que le falt\u00f3 subrayar una segunda paradoja: no se trata solo de la imposibilidad de traducir estilos, sino de destacar el enigm\u00e1tico estilo del traductor. Como Zelaya, invisible pero elegante, el estilo del traductor esconde una paradoja: construye su po\u00e9tica en torno a obras ajenas, logra que su presencia se sienta mientras elabora obras dispares. Como el personaje del hondure\u00f1o, todos en la fiesta saben muy bien de qui\u00e9n se habla cuando se menciona el estilo de Zelaya, sin que sea necesario describirlo.<\/p>\r\n<p>Maravillado ante su prol\u00edfica producci\u00f3n, a menudo he llegado a pensar que la admirada Megan McDowell es un poco nuestra Zelaya. En la fiesta global de la literatura latinoamericana su presencia y estilo es indudable, aunque su voz sea la voz cauta de aquellos que saben jugar al escondite. \u00bfCu\u00e1l es entonces <i>el estilo McDowell<\/i>? M\u00e1s de una vez he estado en una fiesta en la que su nombre ha sido mencionado, siempre con admiraci\u00f3n, como firma de una po\u00e9tica. No se equivocan. En torno a los libros traducidos por Megan parece sobrevolar una voz que los une a pesar de sus indudables diferencias. Por un breve instante parecer\u00eda que los libros de Alejandro Zambra, de Samanta Schweblin, de Lina Meruane, de Diego Z\u00fa\u00f1iga, Mariana Enr\u00edquez y de Paulina Flores estuviesen escritos por el mismo autor, tal y como en la fiesta de Godoy todos parecen ser, por momentos, tan glamoroso y bellos como el enigm\u00e1tico Zelaya.<\/p>\r\n<p>Su firma, la firma de McDowell, recorre invisible una serie de po\u00e9ticas que parecer\u00edan ser ajenas entre s\u00ed, hilando redes de semejanzas all\u00ed donde parec\u00eda haber propuestas dis\u00edmiles. Habiendo trabajado con ella, puedo comprender alguna de las razones que se esconden detr\u00e1s de esta aparente paradoja. Puedo comprender que, ante la atenta mirada lectora de McDowell, los escritores lleguen a comprender los giros estil\u00edsticos de sus propias voces, sus excesos y sus man\u00edas, sus tics y sus errores. A menudo he llegado a pensar que hoy d\u00eda escribo <i>a trav\u00e9s<\/i> de Megan, con su estilo y sus comentarios de lectura ya internalizados. Su estilo invade gozosamente el m\u00edo, en un juego de espejos que por momentos me recuerda al Pierre Menard de Borges.<\/p>\r\n<p>Como en el cuento de Borges, la magia de McDowell recae en haber creado una obra, una voz y un estilo a trav\u00e9s de obras ajenas. Como Menard, cuya \u201cobra invisible\u201d reca\u00eda en haber recreado el <i>Quijote<\/i> de Cervantes tres siglos m\u00e1s tarde, parad\u00f3jicamente mejor\u00e1ndolo en el intento, la magia de McDowell recae en haber firmado con su inimitable estilo casi dos docenas de libros, cada uno con una m\u00e1scara distinta. Borges mencionaba que la estrategia de Menard no fue simplemente la vulgar transcripci\u00f3n, sino el intento de fundirse con el autor. Yo llegar\u00eda a decir que, en su caso, no se trata de que McDowell lleg\u00f3 a ser Zambra, Schweblin o Meruane, sino que Zambra, Schweblin y Meruane llegaron a ser, aunque fuese brevemente, McDowell. Su voz y su estilo los hizo compartir por un breve instante la sensaci\u00f3n de que sus obras apuntaban a lo mismo. Todo eso gracias al hechizo de una norteamericana de Kentucky, que un d\u00eda decidi\u00f3 convertirse en chilena, para luego volverse argentina, colombiana, mexicana, puertorrique\u00f1a, costarricense. Y es que, como el Zelaya de Godoy, McDowell parece ser infinita.<\/p>\r\n\r\n<h6 class=\"caption wp-block-heading\"><strong>Foto:<\/strong> Rodrigo Olavarr\u00eda, Megan McDowell y Carlos Fonseca despu\u00e9s de la presentaci\u00f3n de la novela <em>Museo animal<\/em>\u00a0de Carlos Fonseca en Chile. Foto del archivo personal de Megan McDowell.<\/h6>\r\n<h6>\u00a0<\/h6>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En uno de los cuentos del hondure\u00f1o Salvador Godoy, tal vez el m\u00e1s kafkiano de todos los escritores centroamericanos, se habla de un misterioso personaje al que nadie ha visto pero cuya presencia recorre el ambiente de una fiesta como un rumor clandestino. \u201c\u00bfHas visto el estilo de Zelaya?,\u201d comentan todos entre copas, sin que el enigm\u00e1tico personaje aparezca en todo el relato. Sin mostrarse, o tal vez precisamente por ocultarse, Zelaya se convierte infinito en su elegancia. Como en la fiesta que retrata Godoy, en la historia de la literatura hay una protagonista silenciosa pero vital cuya presencia teje la red global de lectores que se congrega en torno a la novela. 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