{"id":10824,"date":"2022-02-12T14:29:30","date_gmt":"2022-02-12T20:29:30","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/05\/los-trabajos-de-la-lengua-de-lina-meruane\/"},"modified":"2023-05-23T21:01:23","modified_gmt":"2023-05-24T03:01:23","slug":"los-trabajos-de-la-lengua-de-lina-meruane","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/02\/los-trabajos-de-la-lengua-de-lina-meruane\/","title":{"rendered":"&#8220;Los trabajos de la lengua&#8221; de Lina Meruane"},"content":{"rendered":"<p><b>La lengua por \u00f3smosis<\/b><\/p>\r\n<p>Megan McDowell lleg\u00f3 a Chile, la primera vez, siguiendo una idea peregrina; y no es de extra\u00f1ar puesto que a esta cola del continente americano suelen llegar los n\u00e1ufragos, los enamorados, los so\u00f1adores. Ella hab\u00eda adquirido un sue\u00f1o (aprender castellano, hacerse editora de libros en traducci\u00f3n) y hab\u00eda encontrado un territorio para cumplirlo. Pero se equivocaba rotundamente. Chile no es el lugar para aprender el espa\u00f1ol est\u00e1ndar que requiere la industria editorial: aqu\u00ed hablamos una variedad poco difundida y poco aceptada, una versi\u00f3n que <i>resume <\/i>las palabras<i> <\/i>y<i> <\/i>elude los finales hasta convertir en ruido algunas s\u00edlabas \u2014pasamos del <i>s\u00ed pues<\/i> al <i>sipoh<\/i> al <i>sip\u00b4<\/i>, por dar un ejemplo\u2014. Y cuando conjugamos los verbos se nos viene encima el voceo (el de la segunda persona espa\u00f1ola, vos) que Andr\u00e9s Bello descart\u00f3 en su <i>Gram\u00e1tica <\/i>de 1847. Por m\u00e1s descartado, este voceo persiste en la conjugaci\u00f3n y nosotros pasamos del <i>c\u00f3mo<\/i> <i>est\u00e1is<\/i> a <i>c\u00f3mo<\/i> <i>estai<\/i> (en vez de <i>c\u00f3mo<\/i> <i>est\u00e1s)<\/i> y del <i>\u00bfentend\u00e9is?<\/i> al <i>\u00bfentend\u00edh?<\/i> (en vez de <i>\u00bfentiendes?), <\/i>y Megan no entend\u00eda <i>ni jota<\/i> porque se hab\u00eda auto ense\u00f1ado el idioma con un manual. Y aunque calificaba en el nivel avanzado, descubri\u00f3 que no le serv\u00eda de mucho. A los chilenos \u201cno les cachaba nada\u201d, me dir\u00eda una tarde en un caf\u00e9 cerca de su casa santiaguina, \u201cnada nada\u201d, usando esa repetici\u00f3n enf\u00e1tica tan chilena o tan mapuche. Nada, dir\u00eda, y confesar\u00eda que dej\u00f3 los libros decidida a aprender a hablar castellano desde la boca misma.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p><b>Entre lenguas<\/b><\/p>\r\n<p>El hecho es que eligi\u00f3 Chile porque se hab\u00eda dejado seducir por un amigo suyo, uno que tras una temporada en Valpara\u00edso volvi\u00f3 a los Estados Unidos fascinado por el puerto-para\u00edso. Era el a\u00f1o 2004, Megan rondaba los veinticinco, y lo que hab\u00eda hecho hasta entonces era leer insaciablemente junto a su hermana gemela: me dijo que le\u00edan las dos a todas horas (incluso en el auto o mientras com\u00edan sentadas a la mesa) y le\u00edan en todos los g\u00e9neros: incluso leyeron novelones como <i>Anna Karenina,<\/i> pero a tan temprana edad se perdieron en la trama de ese libro ruso. Megan no hab\u00eda dejado nunca de leer as\u00ed y ya ten\u00eda unos veinticinco, pero de su casa en Kentucky solo hab\u00eda escapado a los paisajes de las novelas. Pero esto es pura literatura: en realidad se hab\u00eda mudado unos a\u00f1os a Chicago para estudiar en De Paul (por decisi\u00f3n cat\u00f3lica de su madre) y ah\u00ed sigui\u00f3 literatura inglesa en vez de espa\u00f1ola porque no se le ocurri\u00f3 hacer otra cosa. No conoc\u00eda a nadie que hablara una segunda lengua o fuera biling\u00fce, y no hab\u00eda reparado en que sus cursos favoritos eran los electivos de literatura mundial donde le\u00eda a autores alemanes o africanos o latinoamericanos en la lengua suya. Y por m\u00e1s que trabaj\u00f3 unos meses en Dalkey Press, una de las editoriales m\u00e1s sofisticadas de textos en traducci\u00f3n, no se hab\u00eda pensado ella en ese rol. No hab\u00eda comprendido que traducir era uno de los m\u00e1s apasionantes viajes imaginables, y ella quer\u00eda viajar y conocer mundo. Iba a viajar, eso decidi\u00f3, y en cuanto lo pens\u00f3, pens\u00f3 tambi\u00e9n que no quer\u00eda <i>viajar<\/i> para simplemente acumular lugares vistos, como una turista que colecciona postales. Lo que a\u00f1oraba era <i>vivir<\/i> en otros sitios (de paso en otras lenguas) y yo interpreto ese deseo como una temprana manifestaci\u00f3n de su derrotero. Trasladarse, a fin de cuentas, es un modo de traducirse a otro espacio, a otro modo de la existencia. Y su vivir en Chile durante tres a\u00f1os fue su primera traducci\u00f3n: la de s\u00ed misma. Tras esa larga temporada chilena pas\u00f3 otra en Dallas haciendo su maestr\u00eda en traducci\u00f3n (todav\u00eda pensando dedicarse a la edici\u00f3n), y luego, brevemente, en Salt Lake City y en Durham, c\u00f3modamente instalada en su idioma pero lista para largarse ocho meses a Portugal y a Suiza, donde por cuatro a\u00f1os se sumergir\u00eda en un alem\u00e1n que nunca logr\u00f3 aprender: su existencia ling\u00fc\u00edstica transcurr\u00eda en ingl\u00e9s, todos le hablaban en esa lengua.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p><b>Una lengua hura\u00f1a<\/b><\/p>\r\n<p>Ha dicho muchas veces que no sab\u00eda entonces que iba a acabar dedicada a la traducci\u00f3n, arraigada en la lengua de Chile. Una vez le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 se hab\u00eda demorado tanto en advertir que se encaminaba hacia ese oficio y me respondi\u00f3 que estaba convencida de que para hacerlo, y hacerlo bien, deb\u00eda conocer su segunda lengua a la perfecci\u00f3n o ser completamente biling\u00fce. Ella no lo era. No lo era todav\u00eda, no como lo es ahora, seis a\u00f1os despu\u00e9s de haber regresado y haberse instalado (qui\u00e9n sabe si) definitivamente en Chile, de haber terminado de aprehender \u201clas rarezas\u201d locales. \u201cYo creo que aprend\u00ed como por \u00f3smosis\u201d, me dijo Megan otra tarde santiaguina, en otro caf\u00e9, como si se le hubiera metido la lengua en el cuerpo, como si la hubiera pose\u00eddo con su acento particular. Pero no hab\u00eda sido nada f\u00e1cil, eso me dijo, nada nada f\u00e1cil; ella cre\u00eda que los chilenos rehu\u00edamos hacernos entender, que \u00e9ramos hablantes hura\u00f1os o desconfiados, que hab\u00edamos desarrollado un habla propia para defendernos de los extranjeros.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p><b>La lengua natal<\/b><\/p>\r\n<p>Me arrepent\u00ed de no contarle que su predecesora, Edith Grossman, no parec\u00eda tan preocupada por su segunda lengua. A ella, la vieja traductora de tantos autores latinoamericanos, la traductora m\u00e1s reciente del <i>Quijote<\/i> al ingl\u00e9s, le hab\u00edan preguntado m\u00e1s de una vez, no sin inquina, si sab\u00eda \u201csuficiente castellano\u201d como para traducir ese texto imposible del Siglo de Oro, las <i>Soledades<\/i> de G\u00f3ngora. Pero la pregunta no deb\u00eda ser si su castellano era \u201csuficientemente bueno\u201d, hab\u00eda respondido Grossman en su lengua natal, la pregunta fundamental era si su ingl\u00e9s lo era.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p><b>Poner en lengua <\/b><\/p>\r\n<p>Retrocedo un poco. Megan todav\u00eda estaba en Z\u00farich cuando, arm\u00e1ndose de arrojo, se anim\u00f3 a escribirle a Alejandro Zambra para preguntarle si pod\u00eda traducir una novela suya. Ser\u00eda el propio Zambra (cenando una noche, ambos invitados a un festival en Tur\u00edn) quien me recomend\u00f3 que le escribiera para preguntarle si podr\u00eda traducir mi <i>Sangre en el ojo.<\/i> Tal vez se animara a leer mi libro y recomend\u00e1rselo a un editor estadounidense, y eso fue exactamente lo que Megan acept\u00f3 hacer. Traducir algunas p\u00e1ginas de la novela y m\u00faltiples rese\u00f1as, escribir un informe de lectura, enviarlo a todos los editores que conoc\u00eda: algo que ella nunca hab\u00eda hecho y que nunca volver\u00eda a hacer, porque las otras novelas de su cat\u00e1logo personal ya ten\u00edan editor y eran en gran medida traducciones por encargo. Me contar\u00eda en nuestras primeras conversaciones electr\u00f3nicas que le hab\u00eda parecido que mi novela deb\u00eda transitar al ingl\u00e9s y hab\u00eda decidido ser ella el puente en un medio editorial donde todav\u00eda escaseaban los lectores de literatura en espa\u00f1ol; y agreg\u00f3 que esa inversi\u00f3n de tiempo le parec\u00eda fundamental si iba a incorporar autoras a su trabajo. Yo ser\u00eda entonces \u201csu primera mujer\u201d, aunque muy pronto se sumaron las argentinas Samanta Schweblin y Mariana Enr\u00edquez, que, adem\u00e1s de entusiasmo, le supusieron a Megan un nuevo desaf\u00edo verbal: del <i>qu\u00e9 quer\u00edh<\/i> chileno al <i>qu\u00e9 quer\u00e9s<\/i> argentino, del <i>entend\u00edh <\/i>al <i>entend\u00e9s, <\/i>y el descubrimiento de una serie de palabras comunes que no significan la misma cosa a uno y otro lado de los Andes. Las tres nos convertimos en sus autoras \u201crepitentes\u201d junto al m\u00e1s repitente de todos, Zambra, y al dos veces traducido costarricense Carlos Fonseca (entretanto tradujo obras \u201c\u00fanicas\u201d de los chilenos Diego Z\u00fa\u00f1iga, \u00c1lvaro Bisama, Paulina Flores y Alejandro Jodorowsky, entre otros, y del argentino Carlos Busqued, del uruguayo Daniel Mella y de la espa\u00f1ola Sara Mesa. Su \u00fanico autor muerto, pero prontamente repitente, es el chileno Juan Emar).<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p><b>Biograf\u00eda ling\u00fc\u00edstica <\/b><\/p>\r\n<p>Pero estoy desvi\u00e1ndome en la biograf\u00eda ling\u00fc\u00edstica de mi traductora. Cuando yo le escrib\u00ed, en el a\u00f1o 2013, ella segu\u00eda en Suiza barajando sus pretensiones editoriales, colaborando como editora con la revista virtual <i>Asymptote, <\/i>donde ya estaba traduciendo algunos de los textos que eleg\u00eda publicar. Para esa revista version\u00f3 el inicio de mi novela <i>Fruta podrida, <\/i>que sigue sin publicarse en ingl\u00e9s, y de inmediato me declar\u00f3, v\u00eda email, el dudoso piropo de considerarme una autora <i>desafiante<\/i>, que quiz\u00e1s implicaba <i>dif\u00edcil<\/i> pero nunca se lo pregunt\u00e9. Yo la declar\u00e9 asimismo una mujer osada cuando me dijo, al a\u00f1o siguiente, que lo dejaba todo para volver a Chile a probar suerte. Y suerte es lo que tuvo: de inmediato consigui\u00f3 un puesto de traductora en un banco y obtuvo la residencia y se compr\u00f3 una casita algo descachalandrada en un barrio de clase media que la convirti\u00f3 a ratos en mi vecina, o algo as\u00ed. Fue arreglando esa casita <i>\u00f1u\u00f1o\u00edna<\/i> (que en vocablo mapuche es \u201clugar de flores amarillas\u201d) hasta volverla su \u00fanico lugar en el mundo, porque ella, en Estados Unidos, ya no ten\u00eda ni un cuarto propio.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p><b>El ritmo de las lenguas<\/b><\/p>\r\n<p>En Chile es donde nos encontramos siempre, salvo por la vez en que nos juntamos en una librer\u00eda neoyorquina para la presentaci\u00f3n de ese t\u00edtulo, <i>Sangre en el ojo,<\/i> que Megan transform\u00f3, con convicci\u00f3n y hasta orgullo, en <i>Seeing Red<\/i>. Era la \u00fanica expresi\u00f3n idiom\u00e1tica, me explic\u00f3 en su momento, que trabaja el doble sentido del t\u00edtulo en castellano. Tus t\u00edtulos, me coment\u00f3 hace apenas unos meses, siempre tienen un sentido evidente y otro latente, y no hay que desistir de ellos sino que descubrirlos traduciendo. Y era cierto y sobre todo bello eso de no renunciar a la palabra justa, a la expresi\u00f3n adecuada, al modo preciso y precioso de trasladar lo escrito de una lengua a otra sin caer en lo meramente literal. Y record\u00e9 a Ronald Christ, su ya anciano colega, dici\u00e9ndome que nadie le\u00eda un texto con m\u00e1s cuidado que una traductora y que desconfiara siempre de los traductores que no hac\u00edan preguntas hasta de lo m\u00ednimo. Era como si me hubiera estado describiendo a Megan, que hac\u00eda y hace infinidad de preguntas buscando llegar a los porqu\u00e9s de la letra, a Megan, que en ocasiones hasta encuentra errores en el original que luego repara en su traducci\u00f3n. Sentadas alrededor de sucesivos textos m\u00edos \u2014en rigor, alrededor de su pantalla y de un documento Word lleno de observaciones y de dudas\u2014 hemos conversado expresiones, significados y resonancias, hemos discutido el ritmo que las palabras van organizando y sobre todo nos hemos detenido en esto \u00faltimo, porque es lo que yo m\u00e1s valoro de su traducci\u00f3n: no la exactitud sino la cadencia del fraseo. Y si en <i>Sangre en el ojo<\/i> su traducci\u00f3n del ritmo fue un proceso inconsciente e intuitivo, los intricados juegos de palabra y las series de sustantivos en cursiva de <i>Sistema nervioso<\/i> le hicieron tomar conciencia hasta del conteo de las s\u00edlabas. Se me hab\u00eda olvidado que era dif\u00edcil traducirte, me dijo, y me mostr\u00f3 su sonrisa satisfecha con mi libro que era su libro en la mano.<\/p>\r\n\r\n<h6 class=\"wp-block-heading\"><strong>Foto:<\/strong> Valeria Luiselli, Lina Meruane, Megan McDowell y\u00a0Will Evans, editor de Deep Vellum,\u00a0en la presentaci\u00f3n de\u00a0Seeing Red\u00a0en Nueva\u00a0York. Foto del archivo personal de Megan McDowell.<\/h6>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Megan McDowell lleg\u00f3 a Chile, la primera vez, siguiendo una idea peregrina; y no es de extra\u00f1ar puesto que a esta cola del continente americano suelen llegar los n\u00e1ufragos, los enamorados, los so\u00f1adores. Ella hab\u00eda adquirido un sue\u00f1o (aprender castellano, hacerse editora de libros en traducci\u00f3n) y hab\u00eda encontrado un territorio para cumplirlo. Pero se equivocaba rotundamente. Chile no es el lugar para aprender el espa\u00f1ol est\u00e1ndar que requiere la industria editorial: aqu\u00ed hablamos una variedad poco difundida y poco aceptada, una versi\u00f3n que resume las palabras y elude los finales hasta convertir en ruido algunas s\u00edlabas \u2014pasamos del s\u00ed pues al sipoh al sip\u00b4, por dar un ejemplo\u2014. Y cuando conjugamos los verbos se nos viene encima el voceo (el de la segunda persona espa\u00f1ola, vos) que Andr\u00e9s Bello descart\u00f3 en su Gram\u00e1tica de 1847. Por m\u00e1s descartado, este voceo persiste en la conjugaci\u00f3n y nosotros pasamos del c\u00f3mo est\u00e1is a c\u00f3mo estai (en vez de c\u00f3mo est\u00e1s) y del \u00bfentend\u00e9is? al \u00bfentend\u00edh? (en vez de \u00bfentiendes?), y Megan no entend\u00eda ni jota porque se hab\u00eda auto ense\u00f1ado el idioma con un manual. Y aunque calificaba en el nivel avanzado, descubri\u00f3 que no le serv\u00eda de mucho. A los chilenos \u201cno les cachaba nada\u201d, me dir\u00eda una tarde en un caf\u00e9 cerca de su casa santiaguina, \u201cnada nada\u201d, usando esa repetici\u00f3n enf\u00e1tica tan chilena o tan mapuche. 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