{"id":10822,"date":"2022-02-12T14:27:15","date_gmt":"2022-02-12T20:27:15","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/05\/leyendo-a-megan-de-alejandro-zambra\/"},"modified":"2023-05-23T21:01:43","modified_gmt":"2023-05-24T03:01:43","slug":"leyendo-a-megan-de-alejandro-zambra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/02\/leyendo-a-megan-de-alejandro-zambra\/","title":{"rendered":"&#8220;Leyendo a Megan&#8221; de Alejandro Zambra"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/p>\r\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\r\n<p>Alguna vez se me ocurri\u00f3 decir, en serio y en broma, o tal vez fue en broma y en serio, que los libros que publicamos no son hijos reci\u00e9n nacidos, sino ya grandes, listos para salir al mundo por s\u00ed mismos y prosperar o fracasar o pasar inadvertidos durante diez a\u00f1os o cien a\u00f1os o para siempre. Mientras los creamos\/criamos nada es m\u00e1s importante que ellos, pero luego, cuando se van, nos interesan m\u00e1s los hijos que siguen viviendo bajo nuestro techo, que desde luego nos necesitan m\u00e1s, cuentan con nuestro tiempo y nuestra dedicaci\u00f3n.<\/p>\r\n<p>El libro traducido es, en este sentido, una anomal\u00eda y un anacronismo. Es como un hijo grande que decide empezar de nuevo y enfrentarse a una lengua y a unas costumbres que desconoce por completo. As\u00ed que le toca a alguien m\u00e1s volver a escribirlo, frase por frase, palabra por palabra.<\/p>\r\n<p>Nadie lee m\u00e1s profunda, despiadada y cari\u00f1osamente que un traductor. El \u00fanico triunfo literario indiscutible sucede cuando, al terminar su trabajo, el traductor no odia ni el libro traducido ni al autor que tradujo ni a s\u00ed mismo por haber aceptado, en un momento de debilidad, traducir un libro de mierda.\u00a0\u00a0 \u00a0<\/p>\r\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/p>\r\n<p style=\"text-align: center;\">**<\/p>\r\n<p>Creo que el autor no es el padre sino la madre del libro. Una madre soltera, generalmente. Quiz\u00e1s en cierto modo el padre es el editor, porque puso un poco de plata y se mand\u00f3 a cambiar, o se mantuvo m\u00e1s o menos presente pero ten\u00eda que multiplicarse, porque los editores suelen tener muchos hijos simult\u00e1neamente.<\/p>\r\n<p>Si el autor es la madre del libro, el traductor es, naturalmente, su madrastra. Voy a preguntarle a mi amiga Megan McDowell si est\u00e1 de acuerdo. Tal vez han le\u00eddo alg\u00fan libro de ella, aunque su nombre, por desgracia, durante a\u00f1os estuvo ausente de las portadas, reci\u00e9n ahora algunos editores \u2014no todos\u2014 comienzan a corregir esa errata inexplicable. Como siete de los libros que Megan ha escrito fueron previamente escritos por m\u00ed, estoy en condiciones de afirmar que ella es mi traductora, pero identificarla o presentarla as\u00ed sonar\u00eda arrogante, no solo porque por supuesto no es \u201cm\u00eda\u201d ni me traduce solo a m\u00ed, sino tambi\u00e9n porque a estas alturas, despu\u00e9s de quince a\u00f1os, Megan es, sobre todo, mi amiga, una de mis mejores amigas, quiero decir: una de las personas que m\u00e1s quiero a lo largo y ancho de este inmenso planeta y sus alrededores.<\/p>\r\n<p>Nuestra amistad se forj\u00f3 en un prehist\u00f3rico intercambio de correos electr\u00f3nicos y fue cobrando forma en centenares de reuniones por Skype o presenciales que bien podr\u00edan haber sido breves pero sol\u00edan extenderse por horas. Habl\u00e1bamos proporcionalmente poco sobre asuntos laborales, y much\u00edsimo m\u00e1s, como hacen los amigos, de otras cosas, de cualquier cosa, de todo.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\r\n<p>Pero habl\u00e1bamos, tambi\u00e9n, de traducci\u00f3n.<\/p>\r\n<p>Alguna vez hablamos, por tel\u00e9fono, acerca de la palabra <i>homesickness<\/i>. Yo viv\u00eda en su pa\u00eds y ella en el m\u00edo, as\u00ed que inevitable e inconscientemente habl\u00e1bamos sobre arraigos y desplazamientos. Pero la conversaci\u00f3n manifiesta giraba m\u00e1s bien en torno a ese momento misterioso en que finalmente adoptamos, de verdad, una palabra.<\/p>\r\n<p>Nunca me he acostumbrado a la palabra <i>homesickness. <\/i>La he dicho muchas veces, es una de mis palabras favoritas en ingl\u00e9s, justo porque cuando la digo se libera brevemente, en segundo plano, un pensamiento confuso acerca de la palabra <i>home<\/i> y la palabra <i>sick <\/i>y me gusta verlas juntarse y chocar o separarse inesperadamente.<\/p>\r\n<p>Tambi\u00e9n me gusta comparar esa palabra ajena con la palabra en espa\u00f1ol. Algo cambi\u00f3 en mi vida o en mi mente hace quiz\u00e1s treinta a\u00f1os, cuando un profesor de Castellano nos dijo que la palabra <i>nostalgia<\/i> ven\u00eda del griego y que <i>nostos<\/i> era regreso y <i>algia<\/i> significaba dolor. Pero no habl\u00e1bamos, con Megan, de etimolog\u00edas, sino de un conocimiento intuitivo, improvisado, que deslumbra a los traductores y a los escritores y supongo que tambi\u00e9n, en alguna medida, a los jugadores de <i>scrabble<\/i>.<\/p>\r\n<p>Conoc\u00eda la palabra <i>homesickness <\/i>al menos desde 1997 o 1998, cuando escuch\u00e9 \u2014o, como dir\u00eda Juan Emar, cuando \u201caisl\u00e9\u201d\u2014 \u201cSubterranean Homesick Alien\u201d, la canci\u00f3n de Radiohead. Pero una cosa es \u2014conven\u00edamos con Megan\u2014, conocer una palabra, y otra usarla de verdad, someterla a la prosa del mundo; gastarla, manosearla, a riesgo de que pierda parte de su belleza o de su exuberancia.<\/p>\r\n<p>Del mismo modo que un hablante nativo de espa\u00f1ol puede pasar la vida entera sin \u201cver\u201d las palabras <i>sol <\/i>y <i>edad<\/i> colisionando en la palabra <i>soledad,<\/i> un hablante nativo del ingl\u00e9s no deber\u00eda, en principio, detenerse ni una mil\u00e9sima de segundo en las palabras<i> home<\/i> y <i>sick<\/i> a la hora de pronunciar o escribir la palabra <i>homesickness.<\/i><\/p>\r\n<p>Recuerdo, a prop\u00f3sito, estos versos de mi amigo Andr\u00e9s Anwandter, que parecen intraducibles, aunque estoy seguro de que Megan tratar\u00eda de traducirlos:<\/p>\r\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Me intriga la raz\u00f3n en la palabra<br \/>coraz\u00f3n<br \/>el otro en rostro<br \/>amor al inicio<br \/>de amorfo<br \/>en medio de metamorfosis<br \/>escondido en tambor.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p style=\"text-align: center;\">****<\/p>\r\n<p>\u00bfQu\u00e9 se siente ser traducido al ingl\u00e9s? Es una pregunta rara e inc\u00f3moda, que a veces suena ingenua y otras veces complaciente o triunfalista o imperialista o condescendiente. Una vez, como no me gust\u00f3 el tono en que me fue formulada, respond\u00ed que no sent\u00eda nada, lo que por supuesto es falso. Otra vez dije que dol\u00eda como un par de horas y que quedaba la marca, pero despu\u00e9s te acostumbrabas. Quiz\u00e1s la respuesta perfecta, fidedigna y educada, ser\u00eda esta, simplemente: se siente muy bien, gracias. Porque el ingl\u00e9s es la \u00fanica otra lengua en que puedo leer y que m\u00e1s o menos hablo y es verdad que si a los doce a\u00f1os me hubieran dicho que iba a escribir libros y que esos libros ser\u00edan traducidos a la lengua de Shakespeare, me habr\u00eda costado creerlo. Aunque quiz\u00e1s a esa edad, m\u00e1s que la lengua de Shakespeare el ingl\u00e9s era, para m\u00ed, la lengua de Debbie Gibson. Seguro que habr\u00eda fantaseado con la idea de que ella leyera mis libros. Tal vez a\u00fan aspiro a eso<i>. Only in my dreams.<\/i><\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p style=\"text-align: center;\">*****<\/p>\r\n<p>Muchas veces, en efecto, me dice Megan, ha sentido que es la madrastra de los libros que traduce, aunque tambi\u00e9n le interesa la figura de la amante, porque hay algo que se presume \u201cincorrecto\u201d o \u201csucio\u201d en el trabajo de traducci\u00f3n. Prefiere, sin embargo, el rol de madrastra. Madrastra y amante son ambas figuras cuya legitimidad es negada o discutida, pero solo la amante es clandestina. Y el trabajo de los traductores no es clandestino. Es sacrificado, casi inveros\u00edmilmente arduo, por lo general mal pagado y muchas veces ninguneado, pero no es clandestino.<\/p>\r\n<p>Hace no demasiados a\u00f1os, a prop\u00f3sito de una nueva edici\u00f3n de <i>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/i>, un rese\u00f1ista dijo que gracias a esa nueva traducci\u00f3n los personajes de Thomas Mann estaban \u201cconsiderablemente m\u00e1s cerca de hablar ingl\u00e9s\u201d que en la traducci\u00f3n anterior. Era una broma, o una provocaci\u00f3n, supongo, pues ni el lector m\u00e1s despistado leer\u00eda <i>La monta\u00f1a m\u00e1gica <\/i>con la intenci\u00f3n de examinar qu\u00e9 tal anda el ingl\u00e9s de Hans Castorp. Pero tambi\u00e9n es un juicio honesto, que dice lo que siempre se dice al alabar una traducci\u00f3n: que no parece una traducci\u00f3n. No s\u00e9 si ese rese\u00f1ista sab\u00eda o no alem\u00e1n, tiendo a pensar que s\u00ed, lo que lo convertir\u00eda en una excepci\u00f3n, puesto que en Estados Unidos y en Chile y en todas partes la mayor\u00eda de los encargados de valorar las literaturas traducidas desconocen las lenguas de origen, y lo que juzgan es, sobre todo, si es que no \u00fanicamente, la prosa del traductor. No hay enga\u00f1o ah\u00ed, para nada: se entiende que una novela bien traducida es, en este punto, una novela cuya comprensi\u00f3n no fue entorpecida por la traducci\u00f3n, aunque esa mirada pasa por alto la posibilidad de que la obra no solo no haya sido entorpecida sino, en alg\u00fan sentido, mejorada o enriquecida por la traducci\u00f3n. Si el estilo brilla, se entiende que el traductor ha conseguido recrear un brillo previo y desconocido.<\/p>\r\n<p>\u00bfDeber\u00eda, entonces, un cr\u00edtico o un rese\u00f1ista, dominar la lengua de origen de un libro, es decir, conocerla tan bien como para juzgar la traducci\u00f3n en s\u00ed misma?\u00a0 No lo creo, su trabajo no es \u00e9se, ser\u00e1 luego el trabajo de otros. Una cierta dosis de biling\u00fcismo, incluso si es m\u00ednima (como la m\u00eda), nos despierta, nos alegra y nos mejora, pero creo que la segunda lengua de los lectores de literatura es siempre la propia literatura. Es dif\u00edcil permanecer monoling\u00fce si leemos, incluso, la novela escrita en nuestra lengua por un vecino cuya experiencia del mundo es, en teor\u00eda, muy similar a la nuestra, pero que nos deslumbra porque es capaz de nombrar lo que cre\u00edamos imposible de nombrar, o porque inventa nombres nuevos e inesperados para designar lo que nombr\u00e1bamos con autom\u00e1tica familiaridad. Lo que cambia al leer un libro traducido es que ese vecino suele vivir extraordinariamente lejos.<\/p>\r\n<p>Desde luego, hay una diferencia importante entre quienes juzgan la literatura traducida m\u00e1s o menos con los mismos criterios que usar\u00edan para evaluar una palta chilena o un vino italiano, y quienes aceptan la naturaleza desafiante del ejercicio y aprovechan y discuten la preciosa incertidumbre que un texto traducido a\u00f1ade a la incertidumbre inherente al baile de disfraces literario. Quienes crecimos en un penoso monoling\u00fcismo dictatorial, que amenazaba incluso el porvenir de nuestras propias lenguas ind\u00edgenas, no podemos sino agradecer a la literatura que haya alimentado en nosotros el deseo de un di\u00e1logo verdadero con lenguas diversas, a veces distantes, a veces cercanas pero silenciadas y violentadas.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p style=\"text-align: center;\">******<\/p>\r\n<p>En su inagotable ensayo <i>This Little Art<\/i>, Kate Briggs insiste en la naturaleza \u201cnovelesca\u201d de la traducci\u00f3n, incluso si lo que se traduce no es una novela. Al leer una traducci\u00f3n, la famosa suspensi\u00f3n de la incredulidad que se\u00f1alaba Coleridge opera intensa y doblemente. Los lectores no solo creemos que los hechos relatados sucedieron, sino que aceptamos creer que lo que sabemos que fue dicho en una lengua que desconocemos fue dicho en la lengua que conocemos mejor, la nuestra. En este sentido, es m\u00e1s \u201cficcional\u201d o novelesco lo que sucede cuando leemos una novela traducida que lo que pasa cuando leemos una novela escrita en nuestra propia lengua.<\/p>\r\n<p>As\u00ed como olvidamos que la novela que leemos fue escrita en una lengua que desconocemos, estoy seguro de que a veces, a lo largo de su laboriosa odisea subrogante, los traductores olvidan que el libro que traducen\/escriben fue escrito por alguien m\u00e1s. Es una confusi\u00f3n hermosa, que prefigura, tambi\u00e9n, la posibilidad de que seamos los autores los que, puestos a leer nuestros propios textos traducidos, olvidemos que fuimos nosotros quienes los escribimos.<\/p>\r\n<p>A m\u00ed me ha pasado eso leyendo a Megan. Cuando viv\u00eda en su pa\u00eds, unas personas que la hab\u00edan le\u00eddo a ella pero cre\u00edan haberme le\u00eddo a m\u00ed, me invitaron a participar en un evento en que esperaban que leyera fragmentos de algunos libros m\u00edos escritos por ella. Soy una persona muy sociable, as\u00ed que acept\u00e9 la invitaci\u00f3n y me puse a leer esos libros m\u00edos publicados en el idioma de Megan, unos libros cuyas versiones preliminares ya conoc\u00eda, pero que nunca hab\u00eda le\u00eddo como tales,\u00a0 arrellanado en mi sof\u00e1 favorito, a lo \u201cContinuidad de los parques\u201d.<\/p>\r\n<p>Por largos momentos de verdad olvid\u00e9 que conoc\u00eda esos libros y que daba la casualidad de que los hab\u00eda escrito yo. A veces el nombre de un lugar o de un personaje me devolv\u00edan a la realidad, pero la ilusi\u00f3n funcionaba, regresaba. Luego eleg\u00ed unos fragmentos y trat\u00e9 de leerlos en voz alta, pero me sonaba todo muy falso, as\u00ed que al final tuve que llamar a Megan y pedirle que por favor me los grabara para que yo pudiera imitar, de forma ya directa y desvergonzada, su ritmo, sus \u00e9nfasis, su pronunciaci\u00f3n, su voz.<\/p>\r\n<p>Creo que la lectura sali\u00f3 bien, todos en el bar parec\u00edan felices de escucharme cantar esas canciones escritas por Megan McDowell. Ni siquiera se dieron cuenta de que eran covers, de que hac\u00eda karaoke. Desafin\u00e9 un poco, pero no se not\u00f3, creo.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p style=\"text-align: center;\">*******<\/p>\r\n<p>Me encanta enterarme de las biograf\u00edas de los traductores. Hay muchas historias, pero sobre todo dos. Algunos decidieron profundizar en lenguas que por diversos motivos (porque era la lengua de sus abuelos, por ejemplo) siempre tuvieron cerca, por lo que su trayectoria supone una embriagadora y sustancial discusi\u00f3n acerca de su propio origen. Pero tambi\u00e9n pasa que no hay m\u00e1s motivos para convertirse en traductor que un entusiasmo incontrolable y voraz, casi patol\u00f3gico. Megan ya se hab\u00eda enamorado de la literatura de su vecindario, pero se encontr\u00f3 con <i>Rayuela<\/i>, un libro que, a su manera, es muchos libros, pero sobre todo dos libros, y que en ingl\u00e9s, gracias a la traducci\u00f3n de Gregory Rabassa, tambi\u00e9n era, a su manera, muchos libros \u2014los otros, los mismos\u2014, pero sobre todo dos libros \u2014\u00eddem\u2014, y despu\u00e9s de leer todos los libros que ese libro era en ingl\u00e9s Megan quiso leer tambi\u00e9n todos los libros que ese libro era en espa\u00f1ol. Despu\u00e9s ley\u00f3 otros libros escritos en esa misma lengua ajena que comenzaba a sentir como propia. Y luego vino el romance con Chile, con el espa\u00f1ol de Chile, y desde ah\u00ed al espa\u00f1ol en general. Y la decisi\u00f3n valiente de volver a casa y convencer al vecindario de leer unos libros desconocidos y remotos.<\/p>\r\n<p>Un traductor quiere que esos vecinos que viven extraordinariamente lejos se instalen en el barrio propio y que sus costumbres extra\u00f1as modifiquen nuestra siempre precaria y sesgada idea de comunidad. Su trabajo no es condescendiente, no consiste en domesticar a los salvajes ni crear las condiciones para que la comunidad tolere coexistir con esa gente extravagante. Su trabajo es demostrarnos que la definici\u00f3n de nuestra identidad es un proceso incesante, tan arduo como gozoso; que crecer es tambi\u00e9n multiplicarse; que mirados de cerca, todos somos un poco rid\u00edculos y extraordinariamente complejos y raros y hermosos y geniales y est\u00fapidos; que no sabemos por qu\u00e9 estamos aqu\u00ed ni por qu\u00e9 somos quienes somos y sin embargo es necesario y crucial y divertido celebrar esos misterios bailando y cantando de otras maneras.<\/p>\r\n\r\n<h6 class=\"wp-block-heading\"><strong>Foto: <\/strong>Alejandro Zambra y Megan McDowell dan un recital biling\u00fce en Housing Works Bookstore, Nueva York,\u00a017 de febrero de 2016. Foto del archivo personal de Megan McDowell.<\/h6>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alguna vez se me ocurri\u00f3 decir, en serio y en broma, o tal vez fue en broma y en serio, que los libros que publicamos no son hijos reci\u00e9n nacidos, sino ya grandes, listos para salir al mundo por s\u00ed mismos y prosperar o fracasar o pasar inadvertidos durante diez a\u00f1os o cien a\u00f1os o para siempre. 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