{"id":10803,"date":"2022-02-12T12:38:27","date_gmt":"2022-02-12T18:38:27","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/05\/un-dia-imperfecto-de-giovanna-rivero\/"},"modified":"2024-12-30T16:03:04","modified_gmt":"2024-12-30T22:03:04","slug":"un-dia-imperfecto-de-giovanna-rivero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/02\/un-dia-imperfecto-de-giovanna-rivero\/","title":{"rendered":"&#8220;Un d\u00eda imperfecto&#8221; de Giovanna Rivero"},"content":{"rendered":"<p>Sentado sobre un tronco muerto, Marcelino hace c\u00edrculos en la arena con su dedo \u00edndice; ser\u00eda dif\u00edcil marcar la tierra con el pulgar y, de hecho, \u00edndice y pulgar son los \u00fanicos que le quedan. El trapiche se llev\u00f3 los otros dedos, esa jornada fue perdida, no pudieron hacer la jalea con el jugo de ca\u00f1a porque la sangre lo hab\u00eda te\u00f1ido. Pero hasta ahora, o mejor, hasta la noche anterior, no puede quejarse, el \u00edndice le ha sido de gran ayuda, amigo fiel, prolongaci\u00f3n de su hombr\u00eda, con \u00e9l hurga en los placeres de Carmen hasta hacerla gemir y llorar. S\u00ed, tambi\u00e9n llorar.<\/p>\r\n<p>Los dos ni\u00f1os lo miran en silencio, Marco con una mirada agrandada, como si las siderales distancias entre el ni\u00f1o y el hombre se resumieran, en \u00e9l, en un sentimiento que la infancia no sabe descifrar, pero que le dilata las pupilas. La ni\u00f1a, en cambio, a quien por hacerle gambetas a la muerte contin\u00faan llam\u00e1ndola as\u00ed: \u201cni\u00f1a\u201d, abre la boca, hace pompas con su saliva y no pregunta. Los dos ni\u00f1os, sus hijos, miran los c\u00edrculos que Marcelino va dibujando en la arena, y que se encaraman en galaxias desordenadas, como los sentimientos, como la rabia y el amor, y esas ganas de hacer gemir a Carmen. De pronto, el \u00edndice hu\u00e9rfano, descolgado de la axila del pulgar, se detiene. No hay indecisi\u00f3n en la mano monstruosa.<\/p>\r\n<p>Marcelino voltea y mira a los ni\u00f1os. Podr\u00eda decirse que Marco adivina los pensamientos del padre y que, en cierto modo, en el \u00fanico modo en que los machos de su especie confluyen hacia la corriente de la existencia, est\u00e1 de acuerdo. La ni\u00f1a solo abre la boca y hace magia con su saliva, tiene los ojos id\u00e9nticos a los de Carmen, acuosos, de una negrura h\u00fameda y triste.<\/p>\r\n<p>\u2014Aqu\u00ed me esperan \u2014dice Marcelino, incorpor\u00e1ndose para ingresar a la choza.<\/p>\r\n<p>Los ni\u00f1os se quedan quietos. Solo los \u00e1rboles y el sembrad\u00edo se mueven sin oponer resistencia al viento de sur.<\/p>\r\n<p>Adentro, Marcelino levanta el colch\u00f3n y la encuentra. La hered\u00f3 de su padre que dispar\u00f3 una sola vez en la Guerra del Chaco y luego, a la manera de los indios que Radio Illimani narraba para darle valor a los soldados, le cort\u00f3 el cuero cabelludo a aquel <i>pila<\/i> moribundo. Marcelino no sabe cu\u00e1nto de leyenda hay en esa historia, y no importa. Ya no importa.<\/p>\r\n<p>Otras certezas se posan en su cerebro, moscas verdes de ojos fosforescentes, con la mierda de la traici\u00f3n en sus fr\u00e1giles patas. Anoche, cuando el patr\u00f3n decidi\u00f3 reemplazarlo en la zafra \u201cporque tus dos dedos no sirven pa\u00b4agarrar montones\u201d, volvi\u00f3 temprano. Los chicos jugaban tuja de esconderse, ya entonces hab\u00eda empezado a soplar sur, y quiz\u00e1s por eso, porque el viento arrastraba los ruidos y los pasos hacia otra parte, Carmen no pudo escucharlo. Si ella lo hubiese escuchado, \u00bfacaso las cosas ser\u00edan como son? El minuto que se necesita para cubrir las verg\u00fcenzas, taparse los senos con la s\u00e1bana de lienzo donde todav\u00eda se lee en letras azules \u201cIngenio Guabir\u00e1\u201d, habr\u00eda jugado a favor. Pero la vida no juega a favor, ni los minutos que rebotan como dados amaestrados, jam\u00e1s un seis, un as. Y menos en ese preciso instante en que \u00e9l entra, y ella echa el cuello hacia atr\u00e1s, cabalgando en caballo de otro potrero.<\/p>\r\n<p>Marcelino toma el arma, un rev\u00f3lver viejo, de gatillo largo. Sale al patio. Los chicos siguen quietos, sin animarse a espiarlo. \u00c9l sabe que lo que Carmen m\u00e1s ama en el mundo son sus hijos, y que ese amor la ha llevado a decir sandeces, que \u00e9l no los ha engendrado, que son hijos del patr\u00f3n y que cuando pueda probarlo lo dejar\u00e1. Heridas, heridas que se gangrenan y corroen lo poco de carne sana que le queda, por ejemplo, en el pulgar y el \u00edndice.<\/p>\r\n<p>Pero \u00e9l tambi\u00e9n sabe d\u00f3nde herir. Sopla el rev\u00f3lver para espantar el polvo, sabe que hay tres balas, porque \u00e9l ocup\u00f3 otras dos en matar un chancho para A\u00f1o Nuevo. Justo lo necesario. Mira a los ni\u00f1os. Marco parece estar de acuerdo, o por lo menos resignado, igual la ni\u00f1a, que con su mirada vacuna solo aparenta obediencia.<\/p>\r\n<p>\u2014Ustedes saben por qu\u00e9 lo hago \u2014dice Marcelino, con la voz atragantada. Hace presi\u00f3n con el pulgar, para que el \u00edndice aguante el trabajo sobre el gatillo.<\/p>\r\n<p>Y dispara.<\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p style=\"text-align: right;\">Publicado originalmente en\u00a0<em>Sangre dulce \/ Sweet Blood\u00a0<\/em>(La Hoguera-La Mancha, 2006), con traducci\u00f3n al ingl\u00e9s de Kathy S. Leonard<\/p>\r\n\r\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Foto: <a href=\"http:\/\/ricardo%20soria\/\">Ricardo Soria, Unsplash<\/a>.<\/h6>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sentado sobre un tronco muerto, Marcelino hace c\u00edrculos en la arena con su dedo \u00edndice; ser\u00eda dif\u00edcil marcar la tierra con el pulgar y, de hecho, \u00edndice y pulgar son los \u00fanicos que le quedan. El trapiche se llev\u00f3 los otros dedos, esa jornada fue perdida, no pudieron hacer la jalea con el jugo de ca\u00f1a porque la sangre lo hab\u00eda te\u00f1ido. Pero hasta ahora, o mejor, hasta la noche anterior, no puede quejarse, el \u00edndice le ha sido de gran ayuda, amigo fiel, prolongaci\u00f3n de su hombr\u00eda, con \u00e9l hurga en los placeres de Carmen hasta hacerla gemir y llorar. 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