{"id":10801,"date":"2022-02-12T12:18:37","date_gmt":"2022-02-12T18:18:37","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/05\/epigrafe-de-homero-carvalho-oliva\/"},"modified":"2024-12-30T15:58:58","modified_gmt":"2024-12-30T21:58:58","slug":"epigrafe-de-homero-carvalho-oliva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/02\/epigrafe-de-homero-carvalho-oliva\/","title":{"rendered":"&#8220;Ep\u00edgrafe&#8221; de Homero Carvalho Oliva"},"content":{"rendered":"<p>El primero de la izquierda, de espeso bigote que contrasta con los profundos avances de su calva, lleg\u00f3 a la selva amaz\u00f3nica desertando de un difuso pasado. Era, probablemente, ingl\u00e9s. Ambicioso, buscaba una prosperidad inmediata, y en cuanto pis\u00f3 estas tierras se puso a comerciar con goma. No s\u00f3lo encontr\u00f3 bolachas. Se encontr\u00f3 tambi\u00e9n, un a\u00f1o despu\u00e9s de tomada esta fotograf\u00eda, con una yoperojobobo que andaba por ah\u00ed, entre el follaje de los heveas, aguard\u00e1ndolo.<\/p>\r\n<p>El segundo, venido de las tierras c\u00e1lidas del Mediterr\u00e1neo, amaba m\u00e1s bien la aventura. Cont\u00f3 tantas historias sobre su vida que nadie supo al final cu\u00e1l era la verdadera. Sol\u00eda repetir que el poder y el dinero nunca vienen solos, cosa que no le impidi\u00f3 casarse con una rica heredera, posiblemente aquella que aparece sentada delante de \u00e9l. Vivi\u00f3 una larga vida y se multiplic\u00f3 como pocos.<\/p>\r\n<p>El tercero, que apenas asoma el rostro, era un hombre herm\u00e9tico. Algunos lo hac\u00edan alem\u00e1n, aunque \u00e9l afirmaba que hab\u00eda nacido en Austria. Fue el primero en traer a estas latitudes un gram\u00f3fono y una valiosa colecci\u00f3n de discos de Johann Strauss; discos que lamentablemente se perdieron, aunque sobreviven, seg\u00fan los music\u00f3logos, en uno que otro vals definitivamente beniano.<\/p>\r\n<p>El cuarto, un gringo m\u00e1s ordinario que la palabra sobaco, ley\u00f3 por ah\u00ed que era \u201cmejor ser el primero en una provincia que el segundo en Roma\u201d, frase que atribu\u00eda a Federico II, aunque en rigor de verdad le pertenece a Julio C\u00e9sar, y cumpli\u00f3 su objetivo: acumul\u00f3 una respetable fortuna a base de la usura. Por tal motivo, salvo su mujer, nadie le tuvo verdadera estima.<\/p>\r\n<p>El que le sigue, quinto de la serie, jugador empedernido y don Juan de Pliqui, es decir fanfarr\u00f3n, no alcanz\u00f3 ning\u00fan relieve. Ten\u00eda, no cabe duda, una misteriosa influencia sobre los dados, sobre todo cuando los arrojaba \u00e9l. No se cas\u00f3 porque sencillamente odiaba a las mujeres. En su belleza est\u00e1 la muerte y en su sonrisa el infierno. Puedo caer en sus brazos, pero jam\u00e1s en sus manos. No hay en el mundo nada peor que una mujer salvo otra. Estas y otras frases, que a\u00fan se recitan por los bares, le valieron la inmortalidad.<\/p>\r\n<p>El sexto, petiso, gordito, de origen italiano, fue un marido ejemplar hasta aquel d\u00eda que resolvi\u00f3 librarse de la rutina y se sublev\u00f3. Su mujer, una fornida mulata de Manaos, le lanz\u00f3 todos los dioses de la Macumba y lo tranquiliz\u00f3. No intent\u00f3 repetir la haza\u00f1a y jam\u00e1s pudo explicarse el misterioso poder de las divinidades de la selva. Cuando acudi\u00f3 al presb\u00edtero Carnivella, a quien cre\u00eda su paisano, sufri\u00f3 una grave decepci\u00f3n: se enter\u00f3 que Pedro Carnivella era en realidad Pedro Yomeye, primo de la Locajarichi y descendiente de Jumeruco, conocido como el Gran Cacique.<\/p>\r\n<p>El s\u00e9ptimo, montado a caballo, que lleg\u00f3 aqu\u00ed como mec\u00e1nico del ferrocarril de la Casa Su\u00e1rez, jam\u00e1s perdi\u00f3 la esperanza de regresar a Europa. Se lo ve\u00eda, como se lo ve en la foto, escudri\u00f1ando el horizonte por todos los puertos del r\u00edo. No volvi\u00f3 porque siempre hab\u00eda alguna m\u00e1quina, o alguna honra, que reparar de inmediato. Tuvo muchos hijos.<\/p>\r\n<p>El octavo, de mirada triste, no cambi\u00f3 de expresi\u00f3n desde que lleg\u00f3, un nublado d\u00eda, con una maleta de cart\u00f3n que se convirti\u00f3, al poco tiempo, en ex\u00f3tico alimento de las cucarachas. Se pas\u00f3 los primeros a\u00f1os de su permanencia en el Beni escribiendo cartas a su novia, a quien imaginaba, sentada en alg\u00fan parque de Lyon, esper\u00e1ndolo en silencio. Dej\u00f3 de escribir cuando se enter\u00f3, casualmente, que su novia se hab\u00eda casado hac\u00eda cinco a\u00f1os con un panadero y ten\u00eda ya dos hijos.<\/p>\r\n<p>El noveno, espa\u00f1ol y naturalmente anarquista, se vino a estas latitudes con un claro prop\u00f3sito: encontrar una comunidad humana donde le fuera posible plasmar sus ideas. Cansado de buscar quien lo escuche se dedic\u00f3 a los negocios. No dej\u00f3, por cierto, de cagarse en Dios, cosa que le trajo numerosos inconvenientes con p\u00e1rrocos y beatas. Le hizo jurar a su mujer que el d\u00eda de su muerte impidiera que le den la extremaunci\u00f3n, promesa que la mujer no cumpli\u00f3, aunque \u00e9l ya no se enter\u00f3 de ello.<\/p>\r\n<p>El de atr\u00e1s, d\u00e9cimo, metido en sombras, fue el hombre m\u00e1s misterioso que se conoci\u00f3 por estas tierras. No soltaba prenda. Tal vez se trata de ese oscuro sujeto que L. A. Truco le menciona a Nicol\u00e1s Su\u00e1rez en una de sus cartas: \u201cUn alem\u00e1n ex-empleado de Orton, a quien D. Bruno le hab\u00eda ofrecido quinientas libras para asesinar al suscrito&#8230;\u201d.\u00a0 Como no logr\u00f3 su intento, aunque quiso hacerlo, y no le pagaron lo ofrecido, amenaz\u00f3 con presentarse al juez. D. Bruno, anoticiado por alguien, se escap\u00f3 a Guayaramer\u00edn. \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 despu\u00e9s? Nadie lo supo.<\/p>\r\n<p>El und\u00e9cimo, de bigotitos engominados, fil\u00f3sofo seg\u00fan \u00e9l y por a\u00f1adidura pol\u00edglota por lo cual nunca se supo de su origen, tiene un indiscutible m\u00e9rito: fund\u00f3 una biblioteca que nadie visitaba, porque en aquellos tiempos era m\u00e1s f\u00e1cil leer en las estrellas que en la dif\u00edcil graf\u00eda de los textos. Antihegeliano, se pas\u00f3 la vida tratando de explicar que el concepto de realidad lo abarca todo, y no supo de ese imperceptible momento en que penetr\u00f3 la barrera de la ficci\u00f3n y qued\u00f3 atrapado, como un personaje m\u00e1s en un libro de cuentos.<\/p>\r\n<p>El duod\u00e9cimo, de perfil, sinverg\u00fcenza como pocos, sosten\u00eda que el trabajo era una consecuencia de la falta de imaginaci\u00f3n y que el arte de vivir consist\u00eda en no trabajar, o, mejor dicho, vivir del trabajo de los dem\u00e1s. Que, como le habr\u00eda dicho el tacho a la olla, viene a ser lo mismo. Le rob\u00f3 la mujer a un holand\u00e9s distra\u00eddo que, en el momento del rapto, seg\u00fan las malas lenguas, ten\u00eda mil cabezas de ganado.<\/p>\r\n<p>Los dos \u00faltimos vinieron reenganchados por don Antonio Vaca D\u00edez para trabajar como fregueses en las estradas de la compa\u00f1\u00eda Orton&#8230; No hubo tal. Se supo a los pocos d\u00edas de su arribo que la verdadera raz\u00f3n de su presencia en los gomales era otra: resguardar la vida de su patr\u00f3n. No se separaban de \u00e9l y andaban como uniformados, pertrechados hasta los dientes. A la muerte de su patr\u00f3n cambiaron de oficio y se hicieron comerciantes.<\/p>\r\n<p>Sobre las seis mujeres, que se ven sentadas delante, el fot\u00f3grafo que tom\u00f3 la placa, Erohom Ovalhcar, no dej\u00f3 la menor referencia. Vestidas de blanco, no es dif\u00edcil presumir que se trata de las esposas de algunos de los personajes ya descritos. Tienen algo en com\u00fan: tez morena, ojos oscuros y cabelleras (recogidas en la imagen por los dictados de la moda europea) largas y negras.<\/p>\r\n<footer id=\"footer\"><nav id=\"nav-footer\" role=\"navigation\"><\/nav><\/footer>\r\n<h6 class=\"wp-block-heading\"><strong>Foto: <\/strong><em>Homero Carvalho Oliva<\/em>, e<em>scritor boliviano, <\/em>por\u00a0Fernando Sejas Solano.<\/h6>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El primero de la izquierda, de espeso bigote que contrasta con los profundos avances de su calva, lleg\u00f3 a la selva amaz\u00f3nica desertando de un difuso pasado. Era, probablemente, ingl\u00e9s. Ambicioso, buscaba una prosperidad inmediata, y en cuanto pis\u00f3 estas tierras se puso a comerciar con goma. No s\u00f3lo encontr\u00f3 bolachas. 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