{"id":10800,"date":"2022-02-12T12:10:06","date_gmt":"2022-02-12T18:10:06","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/05\/un-futuro-de-pelos-literatura-y-comic-en-altopia-de-gabriel-guzman-camacho\/"},"modified":"2023-05-23T21:04:20","modified_gmt":"2023-05-24T03:04:20","slug":"un-futuro-de-pelos-literatura-y-comic-en-altopia-de-gabriel-guzman-camacho","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/02\/un-futuro-de-pelos-literatura-y-comic-en-altopia-de-gabriel-guzman-camacho\/","title":{"rendered":"&#8220;Un futuro de pelos: Literatura y c\u00f3mic en Altop\u00eda&#8221; de Gabriel Guzm\u00e1n Camacho"},"content":{"rendered":"<div><\/div>\n<p>Suena la alarma. Abro los ojos y las cortinas siguen cerradas. No entra la luz. Aparecen en mi mente los rayos de sol de ayer, los mismos que atravesar\u00e1n en breve mi ventana. Hoy me cortar\u00e9 el cabello.<\/p>\n<p>Cuando era ni\u00f1o me llevaban una vez por mes, sin falta, a la peluquer\u00eda <i>Sandro,<\/i> ubicada en la avenida San Mart\u00edn de la ciudad de Cochabamba. Seg\u00fan mi mente de ni\u00f1o, esta avenida centralizaba y coordinaba todas las peluquer\u00edas de la ciudad. Peluqueros y peluqueras conviv\u00edan frente a frente, codo a codo, en una peluquer\u00eda sobre otra, confirmando que aquello que los emprendedores de hoy llaman competencia era un tipo de complicidad fundamental, un ecosistema. Estaba claro, para qu\u00e9 dispersarse si bien pod\u00edan unirse y crear la <i>ciudadela de los cabellos<\/i>, donde todos existen por igual, los clientes se distribuyen por tradici\u00f3n y los ingresos van directo a la manutenci\u00f3n de las familias y de la ciudadela. Una especie de socialismo peluquero. Me sent\u00eda parte de esta ecolog\u00eda pues mi padre pod\u00eda pasar como un visitante frecuente del lugar. Aunque cortarme el cabello me fastidiaba, hab\u00eda otro motivo por el que me encantaba ir a la peluquer\u00eda: cada corte significaba el encuentro con el mundo del c\u00f3mic. Pero no era ese referente a superh\u00e9roes y superpoderes, que tanto afanaba a mis coet\u00e1neos, sino ese que te quiere hacer re\u00edr con la cotidianidad y las contradicciones de la vida, especialmente si se llamaba <i>Mafalda <\/i>o <i>Condorito<\/i>. Paralelamente empec\u00e9 a hablar con mis amigos de infancia sobre esos c\u00f3mics y fue uno de ellos quien puso en mi conocimiento la existencia de los fanzines locales. La verdad es que el tiempo hizo de ellos polvo en la memoria, y aunque ahora no podr\u00eda recrear con claridad ni una sola vi\u00f1eta, recuerdo que esperaba ansiosamente por el corte mensual de cabello para volver a encontrarme con su universo.<\/p>\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, despu\u00e9s de haber le\u00eddo otros c\u00f3mics, frecuentado otras peluquer\u00edas y otras ciudades, de haberme transformado y cambiado de estilos de cabello, volv\u00ed buscando a <i>Sandro;<\/i> esta vez en sus nuevas sucursales un poco lejos de la ciudad y de la avenida San Mart\u00edn. El mundo hab\u00eda cambiado. Sin embargo, para mi sorpresa, los c\u00f3mics segu\u00edan ocupando el mostrador, disponibles para los clientes. Al parecer hay un p\u00fablico que frecuenta la peluquer\u00eda, \u00e1vido por la lectura del c\u00f3mic. La experiencia es particular: lees mientras caen cabellos sobre las p\u00e1ginas, el sonido incesante de la televisi\u00f3n y las m\u00e1quinas de cortar: \u201c<i>\u00a1zooooooooom!<\/i>\u201d. De cuando en cuando tienes que agitar las hojas del c\u00f3mic en el aire para derramar los pelos y para que la lectura contin\u00fae. Es casi un ritual con su propia textura, sus sonidos particulares, sus olores espec\u00edficos y su espacio designado. Volver a cortarme el cabello ah\u00ed fue como un viaje al pasado y al futuro al mismo tiempo. Imagin\u00e9 incluso que, para el futuro, la peluquer\u00eda tendr\u00eda un car\u00e1cter ambulante: artistas de cabellos sacar\u00edan de sus maletines estaciones de corte que armar\u00edan, en un dos por tres, donde quiera que te encuentres. Habr\u00eda que investigar si estoy describiendo un posible futuro o el pasado de la peluquer\u00eda. A veces mientras miramos \u201cadelante\u201d en el tiempo, estamos enraizados en un mirar hacia \u201catr\u00e1s\u201d, como en un espejo desdoblado que a partir de las memorias crea lo que deviene en el futuro. Bajo este doble movimiento la literatura proyecta la potencialidad de un lugar que transita entre diversos tiempos y espacios, entre \u201clo humano\u201d y \u201clo no humano\u201d, entre la sociedad y los poderes en juego. Un buen ejemplo es el trabajo de Miguel Esquirol, quien titula a su recopilaci\u00f3n de cuentos <i>Las memorias del futuro. <\/i>Cuentos que nos envuelven en una relaci\u00f3n intensa entre la vida digital, la tecnolog\u00eda, el futuro, las memorias, el ser humano y todas sus pasiones. Me pregunto si Miguel tambi\u00e9n hace viajes al futuro mientras recuerda.<\/p>\n<p>La literatura puede ser abordada como una configuraci\u00f3n intensa entre los recuerdos que constituyen a los personajes y el devenir del posible futuro que nace en la imaginaci\u00f3n de la persona que los lee. En el transcurrir de este proceso las diferentes referencias culturales y pol\u00edticas son elementos capaces de producir un escenario espec\u00edfico, un tiempo indeterminado, un espacio imaginario, unos personajes ficticios, pero, sobre todo, son capaces de subsumir al p\u00fablico lector en una trama que deviene en representaci\u00f3n subjetiva.\u00a0 Esta necesidad por contarnos o vernos en el futuro de alguna trama no es cosa neur\u00f3tica, sino parte de lo que nos constituye como colectivo. No es casualidad que la ciencia ficci\u00f3n, el ciberpunk y la fantas\u00eda sean, ahora mismo, novedades en la literatura boliviana. Algo que pone en crisis la idea que despu\u00e9s del internet, el cine y la pantalla digital seguir\u00eda el oscurecimiento o decaimiento de la literatura de ciencia ficci\u00f3n, m\u00e1s todav\u00eda en los pa\u00edses donde la tecnolog\u00eda es, sobre todo, un bien de consumo. Qu\u00e9 decir si a eso sumamos los \u00faltimos a\u00f1os de escenario apocal\u00edptico: encierros, guerras, crisis clim\u00e1tica, viajes al espacio, chips microsc\u00f3picos, robots inteligentes, multiversos y, como describe Sayak Valencia, un <i>necroempoderamiento <\/i>dentro del<i> capitalismo gore<\/i>. Parecen elementos sacados de un libro arrojado desde el futuro hacia nuestro extraviado pasado, hac\u00eda una descarrilada distop\u00eda lista para estrellarse contra s\u00ed misma. En este escenario es inevitable pensar que si tuviera que encontrarme con los c\u00f3mics en una peluquer\u00eda en 2060 ser\u00eda, quiz\u00e1, con alguno que describiera c\u00f3mo nos imagin\u00e1bamos un futuro, hoy por hoy, tan presente.<\/p>\n<p>Este trabajo de meticulosa proyecci\u00f3n e imaginaci\u00f3n, se materializa en un proyecto que, haciendo uso del juego de las palabras utop\u00eda, distop\u00eda y El Alto, Alejandro Barrientos y Joaqu\u00edn Cuevas traen en las primeras entregas del c\u00f3mic <i>Altop\u00eda <\/i>(2021)<i>.<\/i> Con tres n\u00fameros, disponibles en l\u00ednea, nos invitan a entrar y participar de un universo futur\u00edstico, distintivo en s\u00ed mismo y poderos\u00edsimo en tanto condensa diferentes recursos. Ambientada en el 2053, en la ciudad de El Alto, <i>Altop\u00eda<\/i> inicia con cuatro vi\u00f1etas que muestran el cuerpo de un joven ciborg (mitad humano-mitad m\u00e1quina) malherido, en camilla. En las mismas vi\u00f1etas est\u00e1n los doctores que hablan de lo da\u00f1ado que est\u00e1 el cuerpo del joven, usando modismos locales como \u201cfunca\u201d, del verbo funcionar, y enfatizando con mayor precisi\u00f3n el vocablo boliviano. De fondo en vi\u00f1etas paralelas a las del joven malherido est\u00e1n las letras de la cumbia melanc\u00f3lica \u201cMala mujer\u201d<i>, <\/i>dando raz\u00f3n al t\u00edtulo de la primera entrega, <i>La traici\u00f3n<\/i>. Esta conjunci\u00f3n de escenarios, personajes, m\u00fasica y lenguaje de la primera p\u00e1gina consiguen posicionar al c\u00f3mic en un trabajo sofisticado, a falta de una palabra que diga el excelente trabajo por detr\u00e1s del arte, la literatura y la cultura nacional<i>. <\/i>La propuesta de Barrientos y Cuevas nos trae un escenario ciberpunk del futuro y con \u00e9l la posibilidad de imaginar la cultura boliviana atravesada por el tiempo, la globalizaci\u00f3n, las tragedias humanas, los poderes econ\u00f3micos, la transformaci\u00f3n del lenguaje, las disputas culturales y sobre todo un universo andino del futuro. Cabe recalcar que haber optado por contar esta historia a trav\u00e9s del c\u00f3mic demuestra una intr\u00ednseca relaci\u00f3n dentro de la literatura, generada por la cohabitaci\u00f3n de diferentes expresiones art\u00edsticas como la m\u00fasica, la ilustraci\u00f3n, el dibujo y la escritura.<\/p>\n<p>Otro punto que resalta en esta propuesta es la importancia que tiene el trabajo para la producci\u00f3n del c\u00f3mic y la literatura en Bolivia. Para dar un ejemplo del contexto de la industria del c\u00f3mic en el pa\u00eds, Cuevas es un activista, autor y vendedor de c\u00f3mic. Esta multifuncionalidad del autor implica que el arte del c\u00f3mic sobrevive a base de ejes particulares, capaces de articular la producci\u00f3n con la distribuci\u00f3n por la falta de pilares institucionales m\u00e1s concretos de apoyo al c\u00f3mic nacional. Sin embargo, no es que no hubo historietas o producciones nacionales previas. En realidad se puede rastrear el c\u00f3mic desde la segunda mitad del siglo XX en revistas como <i>El Cascabel.<\/i> Sus tem\u00e1ticas eran, sobre todo, pol\u00edticas; lamentablemente, su circulaci\u00f3n fue interrumpida por los golpes militares en el pa\u00eds. La forzosa pausa deposit\u00f3 al c\u00f3mic boliviano entre los pa\u00edses \u201csin industria de c\u00f3mic\u201d, no por nada los llamados estudios del c\u00f3mic latinoamericano de la academia anglosajona pasan por alto el impacto de los trabajos bolivianos. En cambio, el comienzo de este siglo desata el boom del c\u00f3mic nacional, especialmente entre el 2005 y el 2009, con la Organizaci\u00f3n del Festival Internacional de Historietas <i>Vi\u00f1etas con Altura. <\/i>Este festival conect\u00f3 espacios como el <i>Museo Nacional de Arte<\/i> con el c\u00f3mic, y que posicion\u00f3 a Bolivia en el mapa de la producci\u00f3n del c\u00f3mic a nivel internacional. Todos estos esfuerzos dieron lugar al c\u00f3mic en la literatura nacional y en el imaginario del lector. Es en este comienzo de siglo que sale a la luz el potencial de la producci\u00f3n nacional de historietas, con revistas populares como <i>Bang! <\/i>(2000),<i> <\/i>dirigida por Susana Villegas y con apoyo de \u00c1lvaro Ruilova y Edwin \u00c1lvarez;\u00a0 y <i>Crash! <\/i>(2002),<i> <\/i>dirigida por Frank Arbelo. Estas dos propuestas, las m\u00e1s conocidas del rubro de ese entonces, son en definitiva las que enmarcaron el comienzo del c\u00f3mic boliviano contempor\u00e1neo. En los siguientes a\u00f1os se dispararon la cantidad de producci\u00f3n de <i>fanzines <\/i>y nuevas revistas como <i>Trazo T\u00f3xico <\/i>(2005)<i>, El Clan <\/i>(2006),<i> <\/i>entre otros, lo que demostr\u00f3 la potencialidad como industria.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del 2009, sin embargo, el c\u00f3mic nacional empieza a desarticularse como colectivo y, de a poco, varios espacios dejan de ser concurridos. Un claro ejemplo son los eventos de <i>Vi\u00f1etas con Altura,<\/i> que dejaron de existir en el pa\u00eds. Bajo este contexto, la segunda d\u00e9cada del siglo trajo una necesidad de re-articular la industria del c\u00f3mic, y algunos trabajos independientes dieron los primeros pasos en esa direcci\u00f3n. Un buen ejemplo para respaldar lo mencionado es el trabajo de \u00c1lvaro Ruilova y Susana Villegas con el c\u00f3mic adaptado de la novela <i>Perif\u00e9rica Blvd, <\/i>de Adolfo C\u00e1rdenas Franco. Este c\u00f3mic fue el primero en el pa\u00eds en conectarse directamente con la literatura, al punto que la \u00faltima edici\u00f3n de la Biblioteca del Bicentenario de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia (2019) publica una magistral obra de m\u00e1s de cuatrocientas p\u00e1ginas, donde el c\u00f3mic y la novela cohabitan en un solo libro.<\/p>\n<p>La industria de c\u00f3mic boliviano tuvo un boom a comienzos de siglo, seguido por un corto estancamiento que ahora se quiebra por el comienzo de una nueva din\u00e1mica. En este sentido, el proyecto de Barrientos y Cuevas nace en un contexto nacional que est\u00e1 abriendo espacio para cimentar las nuevas bases art\u00edsticas del pa\u00eds, y <i>Altopia <\/i>toma y genera un impulso para que dicho cimiento se afirme. El hecho de que la editorial <i>El Cuervo <\/i>est\u00e9 pr\u00f3xima a lanzar la versi\u00f3n impresa de <i>Altop\u00eda,<\/i> demuestra esta inherente conexi\u00f3n entre literatura y c\u00f3mic. Adem\u00e1s de ser una noticia que merece celebraci\u00f3n de parte de los amantes de las historietas, abre caminos al futuro del c\u00f3mic y la literatura en Bolivia. El proyecto de Barrientos y Cuevas funciona como un punto de encuentro entre la ciencia ficci\u00f3n, la ilustraci\u00f3n, la literatura, la m\u00fasica, las culturas urbanas y el imaginario nacional. En definitiva, es una propuesta que permite abrir portales a la imaginaci\u00f3n y la creaci\u00f3n art\u00edstica en Bolivia. Quiz\u00e1, en este universo de <i>Altop\u00eda, <\/i>puedo imaginarme volviendo donde <i>Sandro<\/i> y encontrarme con la sorpresa de ser atendido por un peluquero que tiene <i>trimmers<\/i> y <i>clippers<\/i> en lugar de dedos, y que baila cumbia mientras me corta el cabello.<\/p>\n<h6>Arte de\u00a0<em>Altop\u00eda<\/em>\u00a0de Alejandro Barrientos y Joaqu\u00edn Cuevas.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando era ni\u00f1o me llevaban una vez por mes, sin falta, a la peluquer\u00eda Sandro, ubicada en la avenida San Mart\u00edn de la ciudad de Cochabamba. Seg\u00fan mi mente de ni\u00f1o, esta avenida centralizaba y coordinaba todas las peluquer\u00edas de la ciudad. Peluqueros y peluqueras conviv\u00edan frente a frente, codo a codo, en una peluquer\u00eda sobre otra, confirmando que aquello que los emprendedores de hoy llaman competencia era un tipo de complicidad fundamental, un ecosistema. Estaba claro, para qu\u00e9 dispersarse si bien pod\u00edan unirse y crear la ciudadela de los cabellos, donde todos existen por igual, los clientes se distribuyen por tradici\u00f3n y los ingresos van directo a la manutenci\u00f3n de las familias y de la ciudadela. Una especie de socialismo peluquero. Me sent\u00eda parte de esta ecolog\u00eda pues mi padre pod\u00eda pasar como un visitante frecuente del lugar. Aunque cortarme el cabello me fastidiaba, hab\u00eda otro motivo por el que me encantaba ir a la peluquer\u00eda: cada corte significaba el encuentro con el mundo del c\u00f3mic. Pero no era ese referente a superh\u00e9roes y superpoderes, que tanto afanaba a mis coet\u00e1neos, sino ese que te quiere hacer re\u00edr con la cotidianidad y las contradicciones de la vida, especialmente si se llamaba Mafalda o Condorito. Paralelamente empec\u00e9 a hablar con mis amigos de infancia sobre esos c\u00f3mics y fue uno de ellos quien puso en mi conocimiento la existencia de los fanzines locales. 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