{"id":10758,"date":"2022-02-11T17:19:13","date_gmt":"2022-02-11T23:19:13","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/05\/el-nino-sin-brazo-de-cristian-romero\/"},"modified":"2024-12-30T16:20:39","modified_gmt":"2024-12-30T22:20:39","slug":"el-nino-sin-brazo-de-cristian-romero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/02\/el-nino-sin-brazo-de-cristian-romero\/","title":{"rendered":"&#8220;El ni\u00f1o sin brazo&#8221; de Cristian Romero"},"content":{"rendered":"<p>Daniel, un ni\u00f1o al que le falta el brazo derecho, va a visitar a su madre en el hospital mental, acompa\u00f1ado de su t\u00eda. Mientras van en camino, piensa qu\u00e9 le dir\u00e1 a su madre cuando ella le pregunte en d\u00f3nde escondi\u00f3 su brazo y, por primera vez, ya harto de esta situaci\u00f3n, decide no responderle. Entonces se le viene a la memoria el accidente en el cual, hace m\u00e1s o menos dos a\u00f1os, perdi\u00f3 el brazo. La verdad es que no recuerda muy bien ese d\u00eda. Su padre conduc\u00eda un poco mal humorado, discut\u00eda con su madre por alguna de las tantas razones que siempre ten\u00edan a la mano para discutir, y de pronto el auto de un borracho los arroll\u00f3. Lo que Daniel s\u00ed recuerda con claridad es el instante despu\u00e9s del accidente: el mundo al rev\u00e9s, los gritos de su madre, la gente tratando de ayudarlos y un dolor terrible comi\u00e9ndosele el brazo por encima del codo. Luego cerr\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p>En realidad, no lamenta haber perdido su brazo. Lo que a\u00fan hoy le mortifica es que ese miembro amputado se hubiese convertido en la criatura que le trastoc\u00f3 su mundo. Fue un solo corte. Profundo, muy profundo. Qued\u00f3 colgando de hilos de carne y hueso astillado. Tal vez, reflexiona Daniel mientras siente que todo se vuelve m\u00e1s fr\u00edo en los corredores del hospital mental, si no hubiese sucedido lo que sucedi\u00f3, en casa todo seguir\u00eda en orden.<\/p>\n<p>O tal vez no.<\/p>\n<p>Daniel despert\u00f3 unos d\u00edas despu\u00e9s del accidente, con el mu\u00f1\u00f3n vendado y un hambre insaciable. Aunque su padre apenas fue capaz de sonre\u00edr cuando le vio abrir los ojos, por la forma como parpade\u00f3, Daniel not\u00f3 que se sent\u00eda aliviado. Su madre, vendada, con un cuello ortop\u00e9dico y varias heridas en el rostro, le acariciaba la frente. En ese momento a Daniel le gust\u00f3 la imprecisa sensaci\u00f3n de ausencia en su cuerpo. A pesar de verse sin brazo pod\u00eda sentir un hormigueo llenando ese vac\u00edo, como si el brazo se siguiera moviendo en alg\u00fan lugar.<\/p>\n<p>Tranquilo, \u00e9l est\u00e1 bien, le dijo su madre. Daniel no entendi\u00f3. El doctor que lo chequeaba en el momento dijo: \u00bfEst\u00e1n seguros de que desean conservarlo? Daniel busc\u00f3 los ojos de sus padres, tratando de encontrar una explicaci\u00f3n, pero los dos desviaron la mirada y dijeron a coro: S\u00ed.<\/p>\n<p>La t\u00eda le dice a Daniel que los m\u00e9dicos est\u00e1n seguros de que pronto su madre se pondr\u00e1 bien, y \u00e9l piensa para sus adentros que todo es mentira, que su madre nunca se pondr\u00e1 bien y nunca regresar\u00e1 a casa. Entonces se pregunta: \u00bfAcaso no son mejores las cosas as\u00ed? Mientras espera que su t\u00eda llene papeles y hable con el doctor, piensa en el momento en que cruzaron la puerta de su casa y vio la espalda de su madre perderse en su habitaci\u00f3n, con el brazo acunado como si fuese un beb\u00e9 y secundada por el silencio inc\u00f3modo de su padre. En ese instante supo que las cosas no volver\u00edan a ser iguales. Nunca m\u00e1s. Ese brazo hab\u00eda llegado para quedarse, hab\u00eda llegado para ocupar un lugar que no le correspond\u00eda. La l\u00f3gica en casa hab\u00eda cambiado dr\u00e1sticamente, y ahora parec\u00eda que \u00e9l solo fuese un fantasma deambulando silencioso y meditabundo por sus pasillos, a\u00f1orando algo que, tal vez, ni siquiera le gustaba, pero que en definitiva alcanzaba a extra\u00f1ar. De eso s\u00ed estaba seguro.<\/p>\n<p>En las noches Daniel ve\u00eda c\u00f3mo acostaban el brazo en una cuna \u2014la cuna que fue su cuna\u2014 en su misma habitaci\u00f3n. La madre le hac\u00eda cari\u00f1itos, le dec\u00eda lo hermoso que era, y Daniel ve\u00eda asomarse esos dedos que alguna vez fueron suyos, desesperados, pidiendo m\u00e1s mimos. El padre siempre miraba sobre la espalda de la madre, como si observara un lagarto en un terrario, y despu\u00e9s miraba a Daniel con la culpa brillando en sus ojos. Daniel alegaba que le buscaran otro lugar al brazo, pero su madre respond\u00eda: Por Dios, Daniel, es tu brazo, y luego zanjaba la conversaci\u00f3n con un silencio acusador, como si ese argumento fuera m\u00e1s que suficiente. M\u00e1s tarde, escuchaba a sus padres discutir con la voz muy baja, como si as\u00ed \u00e9l no los fuese a escuchar. Su madre dec\u00eda: Ya calla, que el brazo duerme, y la casa se sum\u00eda en un silencio ominoso reverberado por la oscuridad de la noche. Daniel, aterrado, empezaba a escuchar el pulso del brazo, all\u00e1, al otro lado de la habitaci\u00f3n, y ese sonido irregular lo manten\u00eda despierto hasta muy altas horas de la madrugada.<\/p>\n<p>En las ma\u00f1anas, siempre muy temprano, Daniel se despertaba bastante agotado. Cuando iba a la cocina a buscar algo para comer, encontraba a su padre tomando una taza de caf\u00e9, con unas pronunciadas ojeras ensombreci\u00e9ndole la expresi\u00f3n, y mirando muy concentrado c\u00f3mo el brazo se arrastraba por el suelo.<\/p>\n<p>Los d\u00edas siguientes fueron una masa amorfa sin nada que los diferenciara, excepto el hecho de que cada vez la atm\u00f3sfera en casa se hac\u00eda m\u00e1s gris. Sus padres no paraban de discutir y Daniel asist\u00eda a las sesiones con el sic\u00f3logo, en las cuales guardaba un silencio inquebrantable ante cualquier pregunta que \u00e9l le hac\u00eda, anhelando no tener que volver a la escuela.<\/p>\n<p>Daniel camina con su t\u00eda por un sendero de piedra que atraviesa un jard\u00edn enorme, lleno de personas extra\u00f1as que hablan consigo mismas, lloran, se golpean la cabeza o miran el cielo concentradas, sin ni siquiera pesta\u00f1ear. Al fondo reconoce a su madre, sentada en una silla y con los ojos clavados en el suelo. Daniel suspira y, resignado, se prepara para otra visita que con seguridad terminar\u00e1 igual a las dem\u00e1s. Cu\u00e1nto dar\u00eda por no tener que volver a ese lugar, por no tener que volver a ver a su madre. Maldice de nuevo a ese brazo que le arruin\u00f3 su tranquilidad, y lo maldice con el mismo desprecio con el que lo hac\u00eda cuando lo encontraba en medio de sus juguetes, retozando feliz entre ellos. En esos momentos se llenaba de impotencia al ver que esa cosa, que para \u00e9l no ten\u00eda nombre, se estaba apoderando de lo que alguna vez fue suyo. Luego lo encontraba debajo de la cama. Luego en el jard\u00edn. Luego en el ba\u00f1o. Y su madre siempre corr\u00eda por la casa, dejando salir gritos de desespero, alegando que si algo le llegara a pasar a su brazo hermoso todos se la iban a pagar. Su padre, mientras tanto, caminaba como un alma perdida, ignorando todo a su alrededor. Y su t\u00eda, que de cuando en cuando los visitaba, le dec\u00eda que no se preocupara, que pronto todo volver\u00eda a estar bien. Lo dec\u00eda con el mismo tono por el que Daniel, hac\u00eda mucho tiempo, ya le hab\u00eda dejado de creer.<\/p>\n<p>Su madre no los saluda. La t\u00eda le entrega unas frutas y le dice que la extra\u00f1an, que Daniel ten\u00eda muchas ganas de verla y decirle cu\u00e1nto la quiere. Daniel se limita a escuchar. Y a recordar a su padre. Es en estas situaciones cuando desea poder tenerlo a su lado. Se pregunta qu\u00e9 estar\u00e1 haciendo, en d\u00f3nde andar\u00e1; una pregunta que ha procurado no volver a hacerse pero que, persistente, vuelve a su vida una y otra vez. Lo extra\u00f1a, as\u00ed no quiera aceptarlo.<\/p>\n<p>Porque una ma\u00f1ana, no hace mucho tiempo, su padre se march\u00f3. No dijo para d\u00f3nde iba ni cu\u00e1ndo volver\u00eda. Y nunca volvi\u00f3. A veces llamaba, al parecer desde un lugar muy lejano, porque a Daniel le daba la impresi\u00f3n de que su voz se escuchaba a millones de kil\u00f3metros de distancia, y sosten\u00eda una conversaci\u00f3n de escasos minutos en la que, por lo general, se limitaba a hacer preguntas intrascendentes, como por ejemplo: \u00bfC\u00f3mo est\u00e1 el clima por all\u00e1? Su madre ni siquiera volvi\u00f3 a preguntar por \u00e9l, para ella era como si nunca hubiese existido, pues ahora su vida giraba en torno al brazo asqueroso que se arrastraba por las escaleras, por la sala, por la cocina, siempre listo a indisponerle el d\u00eda a Daniel. La deliberada indiferencia de la madre inquiet\u00f3 al ni\u00f1o, pues parec\u00eda que pronto, en cualquier momento, \u00e9l tambi\u00e9n har\u00eda parte del paisaje, como un objeto m\u00e1s.<\/p>\n<p>Su madre no dice nada durante toda la visita y, muy de vez en cuando, le regala a Daniel unas miradas llenas de desprecio. Eso a \u00e9l ya le dej\u00f3 de importar, ya est\u00e1 m\u00e1s que acostumbrado. Recuerda lo que hizo con ese brazo del demonio y no siente el m\u00e1s m\u00ednimo atisbo de culpa en su interior.<\/p>\n<p>Aquella noche sent\u00eda el brazo retorci\u00e9ndose dentro de la bolsa, como un gato desesperado. Afuera hac\u00eda fr\u00edo. Las noches en las calles de ese barrio siempre hab\u00edan sido de lo m\u00e1s solitarias, pero a Daniel ya no le produc\u00edan miedo. Regres\u00f3 la vista a la casa y all\u00e1, en medio de los \u00e1rboles, pudo ver la ventana de la habitaci\u00f3n de su madre. La luz estaba apagada, todo marchaba seg\u00fan lo planeado.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 al parque y, en medio de los arbustos, encontr\u00f3 el hoyo que durante todos esos d\u00edas estuvo cavando con su \u00fanica mano. Fue un trabajo dif\u00edcil, pero vali\u00f3 la pena. Dej\u00f3 caer el bulto dentro del hoyo, y el brazo, como si presintiera lo que estaba a punto de suceder, se agit\u00f3 desesperado, rompiendo la bolsa con las u\u00f1as. Antes de que el brazo pudiera empezar a arrastrarse, Daniel agarr\u00f3 una piedra y la dej\u00f3 caer sobre \u00e9l. Luego lanz\u00f3 otra y, para mayor seguridad, otra m\u00e1s. Al final, con su \u00fanica mano y ayudado de sus pies, le ech\u00f3 tierra.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de eso su madre nunca pudo recuperarse. Cay\u00f3 en una profunda depresi\u00f3n y acab\u00f3 de perder la cordura. A veces amenazaba a Daniel, dici\u00e9ndole que si no le confesaba en d\u00f3nde estaba el brazo, lo echar\u00eda a la calle a que se muriera de fr\u00edo. El padre nunca volvi\u00f3 a llamar y la t\u00eda se hizo cargo del ni\u00f1o. La madre fue internada en un hospital mental y desde eso Daniel trata de evadir de todas las formas posibles la obligaci\u00f3n de ir a visitarla, pero su t\u00eda siempre termina arrastr\u00e1ndolo hasta ese lugar. Como hoy, por ejemplo. En este mismo instante, la madre, que nunca le habla directamente a Daniel, le dice a su hermana: Preg\u00fantale a este ni\u00f1o en d\u00f3nde meti\u00f3 el brazo; el pobre tiene fr\u00edo, yo s\u00e9 que tiene fr\u00edo.<\/p>\n<p>Daniel, al escucharla, solo sonr\u00ede y mira en otra direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\"><strong>Foto:<\/strong> Mirando hacia abajo. <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@dariomen\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Dar\u00edo M\u00e9ndez, Unsplash<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Daniel, un ni\u00f1o al que le falta el brazo derecho, va a visitar a su madre en el hospital mental, acompa\u00f1ado de su t\u00eda. 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