{"id":10756,"date":"2022-02-11T17:16:32","date_gmt":"2022-02-11T23:16:32","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/05\/trepanacion-de-la-ceniza\/"},"modified":"2024-12-30T16:18:55","modified_gmt":"2024-12-30T22:18:55","slug":"trepanacion-de-la-ceniza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/02\/trepanacion-de-la-ceniza\/","title":{"rendered":"Trepanaci\u00f3n de la ceniza"},"content":{"rendered":"<p>El aburrimiento precipita los finales, nos dice tras un breve silencio.<\/p>\n<p>Para esto, en realidad, nos ha invitado, para contarnos su \u00faltimo a\u00f1o. No la hab\u00edamos visto desde que las llamas arrasaran su departamento.<\/p>\n<p>Cuando el tedio se apodera de las cosas, lo \u00fanico que queda es marcharse, terminar con tu pareja o buscarte una aventura, como hice yo, nos dice buscando el cenicero entre los platos sucios, las copas, las botellas.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si habr\u00e1 sido accidente o si le prendi\u00f3 fuego adrede, nunca lo sabr\u00e9, nos dice encendiendo un cigarro, recogi\u00e9ndose el pelo y clavando la mirada en m\u00ed, que soy el \u00fanico que, seg\u00fan ella, seg\u00fan Teresa, a\u00fan habla con Felipe, es decir, con su expareja, el hombre que presuntamente prendi\u00f3 fuego a sus cosas y a su hogar.<\/p>\n<p>La excusa de \u00e9l, la explicaci\u00f3n de Felipe, es min\u00fascula: se qued\u00f3 dormido con un par de velas, porque esa tarde se hab\u00eda fundido un fusible. Ni siquiera yo, que deber\u00eda estar de su parte, me lo creo. Pero esto, que no le creo a Felipe, que estoy convencido de que incendi\u00f3 adrede la vida de Teresa, no pienso decirlo en voz alta, menos ahora que no s\u00e9 qu\u00e9 ha sido de \u00e9l. Uno puede traicionar a las personas, pero no a sus fantasmas.<\/p>\n<p>La tarde previa a la noche del incendio, Teresa le confes\u00f3 a Felipe que ten\u00eda una aventura, que llevaba varios meses, de hecho, acost\u00e1ndose con alguien m\u00e1s y que no pensaba dejar a ese alguien m\u00e1s, que ese alguien m\u00e1s no necesitaba met\u00e9rsela por el culo para tener una erecci\u00f3n y que ese alguien m\u00e1s se interesaba por lo que ella hac\u00eda, por su trabajo en la monta\u00f1a de Morelos, a donde, por cierto, ella volver\u00eda esa misma noche, acompa\u00f1ada de ese alguien m\u00e1s a quien sus padres bautizaron como Mario.<\/p>\n<p>Nunca lo sabr\u00e9 porque, en el fondo, me parece, no quiero saberlo, nos dice haciendo una pausa para darle una calada a su cigarro. Que es lo mismo, no querer saberlo, que saberlo sin querer reconocerlo, nos dice luego, retomando el hilo y clavando su cigarro en la muesca despostillada del cenicero. Lo que s\u00ed s\u00e9, es que el incendio convirti\u00f3 el tedio en coraje, nos dice sonri\u00e9ndose a s\u00ed misma. Y, como la rabia quema igual que el fuego, me propuse destruirlo, hacer mierda a Felipe. La aventura con Mario, entonces, se convirti\u00f3 en relaci\u00f3n, pero m\u00e1s como agresi\u00f3n que como anhelo, nos dice.<\/p>\n<p>La \u00faltima vez que vi a Felipe \u2014pienso mientras Teresa nos dice c\u00f3mo fue que ella y Mario se convirtieron, para sorpresa suya y tambi\u00e9n de \u00e9l, en pareja; mientras nos dice, pues, c\u00f3mo fue que aquella rabia suya se convirti\u00f3 en el coraje de los dos y c\u00f3mo ese coraje decant\u00f3 luego en el elixir de su amor\u2014 fue en la casa de sus padres. Me recibi\u00f3 bajo el viejo limonero del jard\u00edn, un \u00e1rbol maltrecho y seco, rodeado por un mar de colillas y cenizas, flaco como animal mal alimentado, triste como una planta desenraizada, silencioso como un ser roto y obsesionado consigo mismo, como un culpable.<\/p>\n<p>Todo lo s\u00f3lido, al final, puede recuperarse, nos dice Teresa tras un nuevo silencio, que la alcanza a ella y a mi mente. Eso fue lo que Mario me hizo comprender, que lo que no se recupera es lo que se desvanece y aun as\u00ed se queda aqu\u00ed, dentro de uno. Este departamento, por ejemplo, est\u00e1 mejor que antes, me gusta m\u00e1s, nunca lo hab\u00eda sentido as\u00ed de m\u00edo, nos dice mudando el gesto y dedic\u00e1ndose otra sonrisa peregrina. En cambio, lo que no puedo soportar, es que no est\u00e9 Remigio. No, no que no est\u00e9, lo que no aguanto es no saber si se asfixi\u00f3, si se quem\u00f3, si lo ahogaron los bomberos o si escap\u00f3 y el susto lo llev\u00f3 tan lejos que no supo regresar, nos dice.<\/p>\n<p>Remigio era el gato de Teresa y Felipe, un gato atigrado, viejo y cari\u00f1oso. La mascota que adoptaron apenas irse a vivir juntos. Estoy seguro de que \u00e9l, Remigio, muri\u00f3 en el incendio; estoy seguro, de hecho, de que eso fue lo que Felipe quiso, que su mascota se quemara, no lo que Mario, si he entendido bien lo que Teresa est\u00e1 diciendo, habr\u00eda querido: que no se supiera nada m\u00e1s de ese gato, que la duda quedara para siempre, convirti\u00e9ndose, poquito a poco, en vac\u00edo, un vac\u00edo cada vez m\u00e1s fr\u00edo, un vac\u00edo en torno al cual no crecen los sentimientos. El objetivo de Felipe, entonces, qued\u00f3 trunco. No hubo restos, el carb\u00f3n no pudo expresarse. Teresa y Mario, por su parte, se hicieron pronto de otro gato, un gato cuya historia, de hecho, es la que Teresa ha empezado a contarnos.<\/p>\n<p>La noche que volv\u00ed a la monta\u00f1a de Morelos, tras resolver lo del seguro y dejarle claro a Felipe que hab\u00edamos terminado, Mario estaba conmigo, nos dice. Me pidi\u00f3 que no viajara sola, me propuso acompa\u00f1arme y regresar al d\u00eda siguiente, pues el trabajo le impide pasar m\u00e1s de dos d\u00edas lejos de su laboratorio, nos dice. Por eso, de hecho, no pudo estar en esta cena, porque uno de sus animales, creo que un mono capuchino, aunque no estoy segura, se puso mal hoy en la tarde, nos dice. Se le infect\u00f3 la v\u00eda de una pierna o el agujero del cr\u00e1neo, no s\u00e9 qu\u00e9 pero algo se le infect\u00f3 al animalito y por eso tuvo que quedarse, por si era necesario sacrificarlo, nos dice.<\/p>\n<p>Mario, la pareja de Teresa, a quien apenas he visto un par de veces, es neur\u00f3logo y neurocirujano. Trabaja con animales, los trepana, les coloca n\u00f3dulos que se conectan a una o varias m\u00e1quinas y estudia el deseo y la p\u00e9rdida, si es que he entendido bien lo que hace, porque tambi\u00e9n es posible que no lo haya entendido y que \u00e9l haga otra cosa. Pero, de que trepana cabezas, las trepana, estoy seguro. Tan seguro como de que Felipe, la \u00faltima vez que lo vi, me dijo que la ceniza tiene voz, que si uno escribe con un carb\u00f3n, no es la voz de uno la que habr\u00e1 de leer quien mire el texto.<\/p>\n<p>Aquella noche, en Morelos, en la monta\u00f1a, nos despertaron, de madrugada, los maullidos, los chillidos, en realidad, de un gatito, nos dice. Yo fui la primera en levantarme, por supuesto, la primera en cruzar la casa y salir al exterior, donde la luna llena lo encend\u00eda todo de un azul plomizo, nos dice haciendo una nueva pausa, encendiendo otro cigarro y maldiciendo que se acabaran las cervezas. Puedo ir por m\u00e1s al Oxxo, propongo, pero la mirada de mi pareja y la de Teresa me dejan quieto.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s me alcanz\u00f3 Mario, nos dice. Est\u00e1bamos descalzos y aunque es zona de alacranes y serpientes decidimos seguir aquellos maullidos, nos dice vaciando los restos de varias botellas en su vaso, para tener aunque sea un trago. En serio puedo ir por cervezas, asevero, pero de nuevo choco con la mirada de mis acompa\u00f1antes. Al ba\u00f1o s\u00ed tengo que ir, suelto levant\u00e1ndome antes de que puedan detenerme.<\/p>\n<p>Estoy oyendo, as\u00ed que sigan, asevero desde el ba\u00f1o, cuya puerta dejo abierta. Teresa, entonces, contin\u00faa: lo encontramos como a cien metros de la casa, bajo un mezquite, entre un mont\u00f3n de piedras, nos dice. Tendr\u00eda un mes, igual un mes y medio y estaba aterrado, no dej\u00f3 de aullar aunque lo alc\u00e9 y lo apret\u00e9 contra mi pecho, nos dice cuando jalo la cadena y me vuelvo hacia el lavabo. En la casa le dimos de beber y comer, nos dice mientras me limpio las manos.<\/p>\n<p>Luego lo acostamos con nosotros, entre nosotros, en realidad, nos dice mientras me seco y observo, sobre la repisa de cristal que emerge del espejo, varios trozos de carb\u00f3n. Es una extra\u00f1a colecci\u00f3n, una serie de figuras, en realidad, carbonizadas. Al d\u00eda siguiente, tras discutir qu\u00e9 deb\u00edamos hacer y antes de que \u00e9l se regresara a la cuidad, a su laboratorio, en realidad, Mario y yo decidimos quedarnos aquel gato, al que bautizamos como Felipe, por razones evidentes, nos dice, pero yo ya s\u00f3lo escucho a medias. De golpe he comprendido que las figuras carbonizadas fueron huesos.<\/p>\n<p>Entonces no pod\u00edamos saber que crecer\u00eda como lo hizo, que crecer\u00eda y crecer\u00eda y crecer\u00eda, que ser\u00eda lo que es ahora, nos dice cuando salgo del ba\u00f1o. Tras la puerta de enfrente a la que acabo de cerrar, escucho un ruido arrinconado, un sonido que es un rasguido, un s\u00f3lido lamento que se me mete en las entra\u00f1as, que baila adentro de mi cuerpo. Miren, nos dice subiendo las piernas a la mesa y descubriendo sus tobillos, todas estas marcas me las dej\u00f3 ese animal, que por la noche se convierte en una bestia, en una fuerza salvaje, nos dice sonriendo, esperando que tambi\u00e9n nosotros riamos. Quieran o no, voy por cervezas, suelto buscando mis llaves en la mesa y evitando sus miradas.<\/p>\n<p>No me importa irme solo, dejar ah\u00ed a mi novia; el miedo, a fin de cuentas, tambi\u00e9n precipita los finales. El terror se apodera de las cosas y lo \u00fanico que queda es marcharse, me digo buscando mi chamarra. Est\u00e1 en el cuarto, puse sus cosas en nuestro cuarto, sobre la cama, me dice Teresa, quien luego sigue, como si nada, riendo casi a carcajadas: por el d\u00eda es un gato normal, un bicho cari\u00f1oso, incluso, pero nada m\u00e1s se pone el sol, se transforma en una bestia. As\u00ed que antes de que anochezca lo encerramos o debemos encerrarnos Mario y yo, porque si no, nos ataca, nos dice.<\/p>\n<p>Mi chamarra est\u00e1 encima, sobre las cosas de mi novia. La levanto y me la pongo, mirando, a trav\u00e9s de la ventana, el camino de piedras que comunica, como una lengua ancestral, los edificios de la unidad habitacional en donde estamos. Quiero estar ah\u00ed, quiero salir de una vez y estar ah\u00ed, me digo d\u00e1ndome la vuelta y mirando al pasillo, donde otra vez escucho el ruido, el rasguido \u00e9se que ahora me parece m\u00e1s el eco de algo que se arrastra que el de algo que ara\u00f1a.<\/p>\n<p>Mario dice que ser\u00eda peor llamar a alguien, que los supuestamente expertos lo \u00fanico que har\u00e1n ser\u00e1 sacrificarlo, nos dice cuando vuelvo a la sala y me despido, sin ver a nadie y sin poder sacar de mi cabeza la \u00faltima idea que me asalta: es algo que alguien o algo m\u00e1s arrastra, es como si alguien o algo estuviera dejando una marca. Cree que si al final no conseguimos adaptarnos, \u00e9l lo tratar\u00e1 mejor en su laboratorio, nos dice.<\/p>\n<p>La gente cree que sufren, que los animales trepanados sufren todo el rato, pero les damos una vida que no tendr\u00edan en las calles, los alimentamos, los dejamos libres casi todo el d\u00eda, los estudiamos nada m\u00e1s de tanto en tanto y sobre todo cuando duermen, nos dice que dice Mario, cuando dejo el departamento.<\/p>\n<p>En la escalera apresuro mi huida; tanto, por lo menos, como en mi pecho se apresuran mis latidos. Terminar con tu pareja o buscarte una aventura, me digo mientras salto, de tres en tres, los escalones, sin saber por qu\u00e9 me digo eso ni por qu\u00e9 me he asustado.<\/p>\n<p>Sobre el camino de piedras, vuelve la calma a mi cuerpo y me detengo; me detiene, en realidad, un presentimiento, no, la certeza de estar siendo observado.<\/p>\n<p>Cuando levanto la mirada, tras la ventana del cuarto que me oblig\u00f3 a salir corriendo, descubro a Felipe, en cuyo cr\u00e1neo brilla un destello met\u00e1lico.<\/p>\n<p>Est\u00e1 rasgando, con un trozo de carb\u00f3n, el vidrio. Renunciando a leer lo que escribe, apresuro mis pasos nuevamente y escapo.<\/p>\n<p>De cualquier modo, no es su voz la que habr\u00eda de leer, si me quedara, si viera el texto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 class=\"caption\"><strong>Foto:<\/strong> Gatito en la calle, Yuriria, M\u00e9xico.\u00a0<a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@dani_franco\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Danie Franco, Unsplash<\/a>.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El aburrimiento precipita los finales, nos dice tras un breve silencio. Para esto, en realidad, nos ha invitado, para contarnos su \u00faltimo a\u00f1o. No la hab\u00edamos visto desde que las llamas arrasaran su departamento. Cuando el tedio se apodera de las cosas, lo \u00fanico que queda es marcharse, terminar con tu pareja o buscarte una aventura, como hice yo, nos dice buscando el cenicero entre los platos sucios, las copas, las botellas.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":9677,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2887],"tags":[4320],"genre":[2972,2012],"pretext":[],"section":[2973,2349],"translator":[],"lal_author":[3097],"class_list":["post-10756","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ficcion","tag-numero-21","genre-ficcion","genre-fiction-es","section-ficcion-2","section-fiction-es","lal_author-emiliano-monge-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10756","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10756"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10756\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":38567,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10756\/revisions\/38567"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9677"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10756"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10756"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10756"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=10756"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=10756"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=10756"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=10756"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=10756"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}