{"id":10737,"date":"2022-02-11T16:40:04","date_gmt":"2022-02-11T22:40:04","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/2022\/05\/occidente-despues-de-la-lluvia-a-cien-anos-de-1922-de-marcelo-cohen\/"},"modified":"2024-05-15T01:52:31","modified_gmt":"2024-05-15T07:52:31","slug":"occidente-despues-de-la-lluvia-a-cien-anos-de-1922-de-marcelo-cohen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/2022\/02\/occidente-despues-de-la-lluvia-a-cien-anos-de-1922-de-marcelo-cohen\/","title":{"rendered":"&#8220;Occidente despu\u00e9s de la lluvia: A cien a\u00f1os de 1922&#8221; de Marcelo Cohen"},"content":{"rendered":"\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sobre la teor\u00eda de las probabilidades hay un chiste maligno. Un cient\u00edfico le dice a un millonario que si pone cien monos con tizas y libros frente a un pizarr\u00f3n durante treinta a\u00f1os, es probable que tarde o temprano alguno escriba algo. El hombre encierra los monos y se dedica a sus negocios; a los dos meses se pregunta qu\u00e9 estar\u00e1n haciendo y al entrar, aunque los encuentra tan monos como siempre, ve que en el pizarr\u00f3n hay una frase: \u201cDurante mucho tiempo me acost\u00e9 temprano&#8230;\u201d. No es un gran chiste, pero viene a la memoria cuando uno busca explicarse el a\u00f1o 1922, no s\u00f3lo porque en 1922 muri\u00f3 Proust (el autor de la frase), sino porque sugiere que ninguna teor\u00eda abolir\u00e1 nunca la Obra Maestra. Menos si las Obras Maestras son aluvi\u00f3n. La verdad, 1922 deja al int\u00e9rprete a la deriva entre la raz\u00f3n argumental y la fe en el misterio. Por eso se puede empezar el cuento por cualquier parte. Por ejemplo, con idas y venidas.\u00a0<\/span><\/p>\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entre los desplazados que vagaban por la Europa de los veinte, at\u00f3nitos por las fracturas nacionales y el trauma de la primera Guerra Mundial, estaba el jud\u00edo galiziano Joseph Roth, narrador cumbre de la ca\u00edda: la del Imperio Austroh\u00fangaro en la disgregaci\u00f3n, la del filiste\u00edsmo burgu\u00e9s en el v\u00e9rtigo. En un pasaje de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La cripta de los capuchinos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el ex petimetre Francisco Trotta vuelve del frente a la casa familiar. No basta con que Viena sea ruinas y \u00e9l sienta culpa por no haber muerto: encuentra a su madre viuda, inc\u00f3lume en la dignidad, tocando un piano que no suena porque ha vendido las cuerdas para comer. Por suerte la se\u00f1ora no sufre porque, aunque se obstine en negarlo, est\u00e1 sorda.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No muchos consiguieron tanta concentraci\u00f3n simb\u00f3lica. Y sin embargo no bastaba. La Primera Guerra fue mucho m\u00e1s: ratas en las trincheras, cielo de zepelines derramando fuego sobre iglesias, trizas de las diecis\u00e9is culturas que aunaba la corona de Francisco Jos\u00e9. Durante la guerra los bolcheviques instauraron el socialismo en Rusia y los dada\u00edstas dinamitaron la gram\u00e1tica en el Cabaret Voltaire de Zurich.\u00a0 Durante la guerra Kandinsky pint\u00f3 el primer cuadro abstracto y los expresionistas ajustaron una est\u00e9tica de sombras para v\u00e9rselas con la desaparici\u00f3n de Dios. \u201cUn mundo ha llegado a su fin\u201d, dictamin\u00f3 Walter Gropius. Pero el drama exced\u00eda lo mundano. Los f\u00edsicos dec\u00edan que el observador modificaba la experiencia, que la luz era a la vez onda y part\u00edcula, que la materia no era sustancia sino energ\u00eda; Freud describ\u00eda al Yo como un improvisado mediador entre dos inconscientes; la t\u00e9cnica creaba artefactos sobrehumanos; Bergson dec\u00eda que somos tiempo en flujo. La Ciudad se coronaba como arena fant\u00e1stica de la disoluci\u00f3n del sujeto en un tapiz de sensaciones. El atonalismo de Sch\u00f6nberg carcom\u00eda la majestuosa f\u00e1brica de la m\u00fasica germana. En 1922 Spengler har\u00eda capote entre los pesimistas con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La decadencia de Occidente<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Era un problema suyo. El lenguaje que hab\u00eda dado potestad suprema al positivismo no serv\u00eda ya m\u00e1s que un ramo de crisantemos agusanados.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero de golpe pas\u00f3 otra cosa. Algunos se dedicaron a moler los secos p\u00e9talos del lenguaje para llevarlo a una potencia que, en vez de representar la realidad seg\u00fan la raz\u00f3n positiva, creaba algo m\u00e1s vigoroso, transido por la cercan\u00eda de aquello que el lenguaje no podr\u00e1 poseer nunca. El lenguaje era una jaula, s\u00ed, pero extensible al tama\u00f1o del universo. Y el proceso de extensi\u00f3n empez\u00f3 pr\u00e1cticamente con el a\u00f1o. El arrogante James Joyce se hab\u00eda desentendido de la guerra en Zurich, enfrascado en mantener a su familia y escribir un libro en que la historia de la humanidad se condensaba en un d\u00eda de la historia de un solo hombre. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ulises: <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">seguidilla de sincron\u00edas en la conciencia del protot\u00edpico Leopold Bloom, jud\u00edo de Dubl\u00edn timorato y sensual y, como Odiseo, \u201chijo, marido, compa\u00f1ero de trabajo y padre, superador de pruebas por el sentido com\u00fan\u201d. Amalgama entre la ecuanimidad de Bloom, la lucha de Stephen Dedalus por librarse de la Historia y el poder germinativo de Molly Bloom. Minucia, espesor, sexualidad y polifon\u00eda del lenguaje en la Ciudad cambiante. Ezra Pound, promotor de innovadores en apuros, no se qued\u00f3 dormido. Convenci\u00f3 a Joyce de establecerse en Par\u00eds. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfNo es fant\u00e1stico haber entrado en una ciudad descalzo y terminar en un departamento de lujo?, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">dir\u00eda Joyce. Pound le consigui\u00f3 zapatos, vivienda, muebles, relaciones y editor: Sylvia Beach, expatriada norteamericana y due\u00f1a de la librer\u00eda Shakespeare &amp; Co. El libro que ning\u00fan pa\u00eds anglosaj\u00f3n hab\u00eda querido editar por recalcitrante y escabroso sali\u00f3 el 2 del 2 de 1922, el d\u00eda en que Joyce cumpl\u00eda cuarenta a\u00f1os. Se vendieron 1000 ejemplares y pronto 2000 m\u00e1s; la vanguardia era una poderosa red de difusi\u00f3n opcional.\u00a0<\/span><\/p>\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como vaciado en escritura, cerca del otro extremo del a\u00f1o, el 18 de noviembre, Marcel Proust mor\u00eda despu\u00e9s de murmurar la palabra <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Madre. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Semanas antes se hab\u00eda agotado la reciente edici\u00f3n de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Sodoma y Gomorra,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> el cuarto de los siete vol\u00famenes de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">En busca del tiempo perdido<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. As\u00ed, se ha dicho, el crep\u00fasculo de una era literaria coincid\u00eda con el amanecer de otra. Pero no: si la novela de Proust parece la \u00faltima palabra del siglo anterior, rom\u00e1ntico y temporalista hasta el paroxismo, su mon\u00f3dica exploraci\u00f3n del sentimiento prefigura la nueva \u00e9poca anal\u00edtica. Porque ahora sabemos que el arte de Proust no consisti\u00f3 tanto en recordar como en atender al recuerdo para iluminar con gracia dolorosa, no s\u00f3lo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">la generalidad de la pena<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, sino <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">el trabajo fecundo del esp\u00edritu sobre s\u00ed mismo; <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">en un desdoblamiento del yo para obtener <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">un poco de tiempo en estado puro. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta pureza no es amoral, pero sus leyes no son naturales.\u00a0<\/span><\/p>\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Rilke lo sab\u00eda: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El arte es la inversi\u00f3n m\u00e1s apasionada del mundo, un viaje de vuelta desde el Infinito en que todo lo honrado se encuentra con uno avanzando en direcci\u00f3n contraria, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">hab\u00eda escrito<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, ese viaje inverso no le imped\u00eda ser \u00eddolo de la insomne juventud alemana de la Rep\u00fablica de Weimar. Rilke era el Vate. Daba consejos, adoraba las perspectivas vastas y urg\u00eda al amante tomar al amado como plataforma hacia la intemporalidad. Aunque sab\u00eda que no hay rev\u00e9s del lenguaje, Rilke pensaba que el canto es consonancia con el Otro Lado y por eso amaba a Orfeo y llamaba a acoger la muerte para completarse. La comprensi\u00f3n cabal de que la entrega aniquila le lleg\u00f3&#8230; en febrero de 1922. Recluido en el castillo de Muzot, junto al R\u00f3dano, termin\u00f3 las <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Eleg\u00edas de Duino <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y en el mismo rapto escribi\u00f3 la primera parte de los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Sonetos a Orfeo. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">En este punto el relato del a\u00f1o 1922 empieza a volverse irreal. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Todo \u00e1ngel es terrible<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, dice un famoso verso de las <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Eleg\u00edas. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Pero los \u00e1ngeles de Rilke no son muy cristianos; son un mito de factura humana que mira al hombre desde todo lo que el hombre no es; el resguardo de un anhelo sin el cual las palabras nos aplastan. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Estar aqu\u00ed es glorioso, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">escribi\u00f3, y con una paciencia apasionada reconfigur\u00f3 el alem\u00e1n para que acogiera esa gloria.\u00a0<\/span><\/p>\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pasi\u00f3n y aplicaci\u00f3n dominaban el clima. Eran los A\u00f1os Locos, era la Revoluci\u00f3n y la Idea avasallante, y eran la penuria, la morbidez y la farra. La humanidad s\u00f3lo pod\u00eda regenerarse en el arte, porque el arte sab\u00eda usar los materiales para destruir m\u00e1s atinadamente que los ca\u00f1ones y construir mejor. 1922. En la humillada Alemania hac\u00eda falta una carretilla para cargar el dinero de un sueldo; <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Las consecuencias econ\u00f3micas de la paz <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">irrit\u00f3 a muchos, porque Keynes dec\u00eda que la inflaci\u00f3n pod\u00eda alentar el desarrollo. Lejos, en Chicago, King Oliver incorpor\u00f3 a la Creole Jazz Band la trompeta flam\u00edgera de Louis Armstrong y empez\u00f3 el baile. Publicada la \u00e9pica de una generaci\u00f3n de chicas pizpiretas y galanes torturados \u2014<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cuentos de la era del jazz\u2014<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Scott Fitzgerald march\u00f3 a emborracharse a Par\u00eds. Ah\u00ed ya estaban Hemingway aprendiendo el arte de la elipsis en los cuentos de Maupassant y Louis Aragon trasladando a la novela el collage de visiones urbanas inventado por Picasso y Braque. Todos se cruzaban en Par\u00eds: Stravinsky, Diaghilev, las inquilinas del burdel Le Sphinx, Gide, Cocteau, Gertrude Stein, Picasso, Pound y Josephine Baker. Andr\u00e9 Bret\u00f3n, empe\u00f1ado en transfigurar la vida por el azar objetivo, propuso un congreso nacional para la regulaci\u00f3n del arte moderno. El estreno de la versi\u00f3n teatral de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Locus Solus, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">financiada por el propio Raymond Roussel, fue una trifulca. Cada madrugada el remoto Paul Val\u00e9ry se levantaba a las cuatro a escribir su diario: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El que piensa se observa en lo que \u00e9l no es<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">; con todo ese a\u00f1o public\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Charmes, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">donde estaba \u201cEl cementerio marino\u201d. En Berl\u00edn, Theodor D\u00e4ubler comparaba el expresionismo con la s\u00edntesis de toda una vida que percibe el que va a morir ahogado. Sintetizando dialectos, jerga de cabaret y parodia de textos religiosos, Bertolt Brecht creaba un teatro anticat\u00e1rtico. En Mosc\u00fa, Lenin ascendi\u00f3 a Stalin a secretario general del Partido. Los poetas rusos se la ve\u00edan venir. Formalistas como eran, languidec\u00edan por conciliar el igualitarismo de la Revoluci\u00f3n con la revoluci\u00f3n de las formas. El imaginista Esenin decidi\u00f3 casarse con Isadora Duncan. Antes de irse al exilio desde Mosc\u00fa, adonde para su desgracia volver\u00eda en pleno terror stalinista, Marina Tsviet\u00e1ieva, llev\u00f3 el lenguaje coloquial campesino al poema \u00e9pico en \u201cEl Zar-doncella\u201d, \u201cCallejuelas\u201d y \u201cEl Muchacho\u201d. Desde su exilio interior en Crimea el m\u00e1s grande, Ossip Mandelstam, publicaba <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tristia, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">una afirmaci\u00f3n ovidiana de la poes\u00eda como medio universal de expresi\u00f3n: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">S\u00f3lo un cuidado me queda, y es de oro:\/liberarme de la carga del tiempo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. En la vetusta Viena, Robert Musil termin\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tres Mujeres, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Alban Berg la versi\u00f3n definitiva de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Wozzek<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y Freud recibi\u00f3 la exploratoria visita de Arthur Schnitzler, su doble literario, para conversar sobre los sue\u00f1os. Murieron Solvay, el inventor de la soda, y Graham Bell, el falso inventor del tel\u00e9fono. El acontecimiento del a\u00f1o en Italia no fue <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los indomables <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014un flojo relato de Marinetti\u2014, sino la marcha de los fascistas sobre Roma, que el 28 de octubre impuso a Mussolini como jefe de Gobierno. Ese mes, cincuenta mil personas hab\u00edan escuchado a Adolf Hitler en Munich. Los ingleses s\u00f3lo tomaban ligera cuenta. En el seno del intenso grupo de Bloomsbury, Virginia Woolf conoci\u00f3 a su futura amada Vita Sackville-West y public\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The common reader<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, ensayos de una lectora inigualable que trataba los libros como seres vivos. Fernando Pessoa, un traductor comercial de Lisboa, avanzaba en la divisi\u00f3n de s\u00ed en diversos poetas may\u00fasculos. En Praga, Franz Kafka anotaba en su diario: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Todos me tienden la mano: los antepasados, el matrimonio y la descendencia, pero est\u00e1n demasiado lejos para m\u00ed.<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Subrepticiamente vuelto de una misi\u00f3n diplom\u00e1tica en China<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">, sin otra cosa que alabanzas para la marcha del mundo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Saint John Perse contribu\u00eda al prodigio publicando <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">An\u00e1basis. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Einstein recibi\u00f3 el Premio Nobel de F\u00edsica. El de Literatura lo gan\u00f3 Jacinto Benavente. Si el idioma espa\u00f1ol brill\u00f3 en las circunstancias fue porque en Am\u00e9rica el mestizo C\u00e9sar Vallejo public\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Trilce<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, rayano en ese lenguaje privado que Wittgenstein consideraba imposible, y Oliverio Girondo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Veinte poemas para ser le\u00eddos en un tranv\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Pero en Am\u00e9rica Latina empezaba toda suerte de otras transiciones: entre los altos e irradiadores encajes del modernismo de Rub\u00e9n Dar\u00edo, L\u00f3pez Velarde, Lugones, Huidobro o Herrera y Reissig y las alucinaciones de maravillas y tragedias que la t\u00e9cnica despojaba del r\u00f3tulo de misterio.\u00a0 Horacio Quiroga, el uruguayo que hab\u00eda vivido a\u00f1os en la selva misionera argentina, uno de los primeros detractores de la oposici\u00f3n naturaleza-cultura, puntuaba sus conceptos sobre la narraci\u00f3n en el cine en comentarios semanales para la revista <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El Hogar<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, donde a\u00f1os despu\u00e9s Borges escribir\u00eda sobre libros extranjeros. El a\u00f1o de marras Quiroga \u2014que hab\u00eda heredado la selva de Kipling y la inversi\u00f3n del horror de Poe, y hab\u00eda escrito un relato sobre una guerra de las serpientes a los inescrupulosos humanos \u00e1vidos de matarlas para mercar con el veneno\u2014 public\u00f3 el cuento \u201cEl espectro\u201d, en el que el esp\u00edritu de un actor muerto irrumpe en el mundo material desde una pel\u00edcula que protagoniz\u00f3 (un poco como d\u00e9cadas despu\u00e9s en \u201cLa rosa p\u00farpura de El Cairo\u201d, de Woody Allen) para cortejar a una mujer o perseguirla. A menudo Quiroga iba al cine con su amiga Alfonsina Storni, la poeta que buscaba sin tregua una lengua que la redimiese no s\u00f3lo de la torre modernista sino tambi\u00e9n del monopolio varonil de la poes\u00eda, de la fatua moralina burguesa y de la condena a un secundario papel de mujer ca\u00edda. Un a\u00f1o antes Storni, madre soltera, despedida de varios trabajos por inmoral, hab\u00eda propinado en el libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Languidez<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> un pionero codazo po\u00e9tico al tradicional c\u00ednico o canalla impune (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">t\u00fa me quieres blanca\u2026<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">). Quiroga se suicid\u00f3. Storni se suicid\u00f3. T.S. Eliot, despu\u00e9s de psicoanalizarse en Suiza, lanz\u00f3 en Londres el primer n\u00famero de la revista<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> Criterion<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que conten\u00eda \u00edntegro su poema <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, tal como lo hab\u00eda pensado \u00e9l con aclaraci\u00f3n de referencias po\u00e9ticas y mitol\u00f3gicas y corregido verso a verso por Ezra Pound<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que antecede es una especie de montaje, un aglomerado de retazos que no se pretende fehaciente. Antes de las vanguardias esta t\u00e9cnica casi no exist\u00eda. La obra del artista cl\u00e1sico quer\u00eda ser retrato vivo de una totalidad, un espejo del mundo. La vanguardia prob\u00f3 arrancar del contexto fragmentos de realidad, despojarlos de su funci\u00f3n y reunirlos de modo que crearan sentido. La obra de arte se hab\u00eda vuelto artificial, pasible de ser interpretada por partes; pero hac\u00eda honor a la verdad, dijo Walter Benjamin, \u201cadmitiendo los escombros de la experiencia\u201d. Serguei Eisenstein defini\u00f3 un nuevo cine creando el \u201cmontaje de atracciones\u201d. Los collages de Max Ernst eran montajes, y en parte lo eran el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ulises <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y las novelas de Dos Passos. El montaje reun\u00eda en un solo espacio acontecimientos paralelos; era ap\u00e1trida, veloz e impersonal. El montaje fue el fetiche de los vanguardistas, la sustituci\u00f3n del Yo por el infinito sincr\u00f3nico. A Eliot le pareci\u00f3 que al presente de la lengua hab\u00eda que resta\u00f1arlo con vestigios del pasado. El simultane\u00edsmo de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">fue el apogeo de la Alta Modernidad po\u00e9tica. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Abril es el mes m\u00e1s cruel; alumbra\/ lilas de la tierra muerta, mezcla\/ memoria y deseo, despierta\/ sosas ra\u00edces con lluvia primaveral<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: esa iron\u00eda macabra que abre el poema y se devana en cancioncitas, himnos v\u00e9dicos, tercetos dantescos, \u00f3rdenes de altoparlante y hastiados di\u00e1logos de alcoba, en im\u00e1genes de purgatorio, de reuniones fr\u00edvolas y basura en el T\u00e1mesis, se interpret\u00f3 como una met\u00e1fora de la agon\u00eda de Europa; pero bien pod\u00eda ser la cinta de una conciencia neur\u00f3tica fecunda en mitos. El<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> lector m\u00e1s curtido no se preocupa por entender, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">dijo Eliot. La poes\u00eda era una fusi\u00f3n entre emociones y una teor\u00eda de la escritura. Quiz\u00e1 por eso \u00e9l hab\u00eda aceptado que el infalible Pound, a quien al fin dedic\u00f3 el poema, le cortase cuatrocientos versos. De todos modos le agreg\u00f3 un aparato de notas explicativas y as\u00ed complet\u00f3 ese regalo de las vanguardias que a\u00fan no hemos desenvuelto del todo: complejidad, dificultad, obras que suponen nuevas maneras de leer e incluyen directivas para la cr\u00edtica. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La tierra bald\u00eda <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">se encastran las dos utop\u00edas de 1922: exactitud de la imagen y divagaci\u00f3n creativa. El arte como inductor de una percepci\u00f3n emancipada.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\r\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quiz\u00e1 lo que pas\u00f3 ese a\u00f1o deba explicarlo la numerolog\u00eda. A lo mejor un d\u00eda pensamos que tampoco fue para tanto. En todo caso el lenguaje hab\u00eda chocado contra sus ardides, sus distinciones tir\u00e1nicas, sus letales repeticiones, y en el temblor de los a\u00f1icos se detectaba la presencia de lo que escapa al dominio humano. El lenguaje era la forma f\u00e1ctica de toda vida mental, y por lo tanto el campo de acci\u00f3n del artista. El vien\u00e9s Ludwig Wittgenstein, que en el frente de guerra hab\u00eda concebido una respuesta final a todos los equ\u00edvocos filos\u00f3ficos, tambi\u00e9n public\u00f3 su libro ese a\u00f1o incre\u00edble, en Oxford, por intercesi\u00f3n de Bertrand Russell. Era el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Tractatus logico-philosopihicus <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">y ah\u00ed Wittgenstein dec\u00eda: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los l\u00edmites de mi lenguaje significan los l\u00edmites de mi mundo. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Propon\u00eda una filosof\u00eda hecha s\u00f3lo de elucidaciones; comparaba las palabras con una escalera que se tira despu\u00e9s de pasar al otro lado (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">lo m\u00edstico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">). Hay una foto del denodado Wittgenstein con los ojos en llamas, como avizorando cu\u00e1n poco puede decirse con claridad. \u00c9l hab\u00eda se\u00f1alado la impotencia y el filo del lenguaje. Claro que en los mismos meses el gran Mandelstam refutaba la irrisi\u00f3n de la poes\u00eda con un aleluya por la reconciliaci\u00f3n: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Soy el jardinero, y tambi\u00e9n soy la flor. <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s de \u00e9l vinieron Stalin y Hitler. Pero en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">el cristal de la eternidad <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">qued\u00f3 la huella de su aliento.<\/span><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicado originalmente en\u00a0 <a href=\"https:\/\/www.revistaotraparte.com\/discusion\/occidente-despues-de-la-lluvia-a-cien-anos-de-1922\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>Revista Otra Parte<\/em><\/a>, 6 de enero de 2022<\/h6>\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Foto: <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@heatherz\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Heather Zabriskie, Unsplash<\/a>.<\/h6>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre la teor\u00eda de las probabilidades hay un chiste maligno. Un cient\u00edfico le dice a un millonario que si pone cien monos con tizas y libros frente a un pizarr\u00f3n durante treinta a\u00f1os, es probable que tarde o temprano alguno escriba algo. El hombre encierra los monos y se dedica a sus negocios; a los dos meses se pregunta qu\u00e9 estar\u00e1n haciendo y al entrar, aunque los encuentra tan monos como siempre, ve que en el pizarr\u00f3n hay una frase: \u201cDurante mucho tiempo me acost\u00e9 temprano&#8230;\u201d. No es un gran chiste, pero viene a la memoria cuando uno busca explicarse el a\u00f1o 1922, no s\u00f3lo porque en 1922 muri\u00f3 Proust (el autor de la frase), sino porque sugiere que ninguna teor\u00eda abolir\u00e1 nunca la Obra Maestra. Menos si las Obras Maestras son aluvi\u00f3n. La verdad, 1922 deja al int\u00e9rprete a la deriva entre la raz\u00f3n argumental y la fe en el misterio. Por eso se puede empezar el cuento por cualquier parte. Por ejemplo, con idas y venidas.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":9635,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2889],"tags":[4320],"genre":[2009],"pretext":[],"section":[2968,2344],"translator":[2458],"lal_author":[3094],"class_list":["post-10737","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayos","tag-numero-21","genre-essays-es","section-ensayo","section-essays-es","translator-arthur-malcolm-dixon-es","lal_author-marcelo-cohen-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10737","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10737"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10737\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":34022,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10737\/revisions\/34022"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9635"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10737"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10737"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10737"},{"taxonomy":"genre","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/genre?post=10737"},{"taxonomy":"pretext","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pretext?post=10737"},{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=10737"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=10737"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=10737"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}