{"id":6360,"date":"2021-05-31T22:41:56","date_gmt":"2021-05-31T22:41:56","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/la-piedra-de-las-galaxias-adrian-roman-2\/"},"modified":"2023-06-01T12:38:16","modified_gmt":"2023-06-01T18:38:16","slug":"la-piedra-de-las-galaxias-adrian-roman-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/la-piedra-de-las-galaxias-adrian-roman-2\/","title":{"rendered":"La piedra de las galaxias de Adri\u00e1n Rom\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p><b><i>La piedra de las galaxias. <\/i>Adri\u00e1n Rom\u00e1n. Mexico City: Moho, 2020. 156 p\u00e1ginas.<\/b><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-6357\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/la_piedra_de_las_galaxias.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"453\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/la_piedra_de_las_galaxias.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/la_piedra_de_las_galaxias-199x300.jpg 199w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de las drogas y la literatura es tan antigua como la <i>Odisea<\/i>, desde la aparici\u00f3n de los lot\u00f3fagos o el vino con que Odiseo altera a Polifemo, pasando por <i>Memorias de un opi\u00f3mano<\/i>, de Thomas de Quincey, quien le echaba la culpa a Coleridge por haberlo introducido al uso de aquellas gotas relajantes; hasta William Blake, con las puertas de la percepci\u00f3n que tanto influyeron en Aldous Huxley; o <i>Los para\u00edsos artificiales<\/i>, de nuestro bicentenario Charles Baudelaire. Hasta <i>Opium<\/i>, de Jean Cocteau y la generaci\u00f3n <i>beat. <\/i>En suma, la tradici\u00f3n a la que ingresa Adri\u00e1n Rom\u00e1n es amplia y atractiva. Y, por si esto fuera poco, Rom\u00e1n proviene de la poes\u00eda; como alumno destacado de Eusebio Ruvalcaba, particip\u00f3 en la antolog\u00eda <i>Tres poetas perros<\/i>. Lo interesante es que si uno lee con atenci\u00f3n sus versos, ya hay algo de <i>La Piedra de las galaxias <\/i>que se asoma: \u201cHay d\u00edas que son un pu\u00f1o de tierra en la lengua, [\u2026] Hay d\u00edas secos, podridos,\/ Que nos miran desde la ventana,\/ Nos esperan al bajar las escaleras,\/ Brincan como un pez fuera del agua. [\u2026] Hay d\u00edas tercos que no terminan,\/ Que no se van\u201d. Porque la voz del narrador tambi\u00e9n trata de revelarse (y rebelarse) por medio de la escritura, as\u00ed sea en una versi\u00f3n deprimida: \u201cMi curr\u00edculum s\u00f3lo tiene mi nombre. [\u2026] Entend\u00ed que la decadencia llega\/ En cosa de segundos y no se vuelve a ir\/ Que llega, incluso, para los que no recibieron medalla,\/ Para aquellos, que como yo, ni siquiera participaron en la carrera\u201d.<\/p>\n<p>Y en <i>La piedra de las galaxias<\/i> asegura:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Ni siquiera la vida de un perdedor como yo se encuentra exenta de triunfos. No importa que sean ajenos. Recuerdo la pelea de Ch\u00e1vez contra Taylor.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Ni siquiera tengo idea de qu\u00e9 har\u00eda con todo lo que deseo tener.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Ni siquiera tengo claro cu\u00e1l es el verdadero conflicto de mi existencia.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Ni siquiera creo que ustedes lo sepan. Tendr\u00e1n su versi\u00f3n. La m\u00e1s c\u00f3moda y parecida a aquello que ustedes son, lo m\u00e1s cercano a sus carencias. As\u00ed ser\u00e1 el retrato que hagan de m\u00ed. Y el que yo haga de ustedes. [\u2026]<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Ni siquiera puedo decir que soy el m\u00e1s miserable. Tengo muy buena suerte, a veces en contra de mi voluntad. (p. 93-94)<\/p>\n<p>El protagonista de esta novela recorre las calles mientras se enfrenta a su destino, a su mundo interior y al espacio en el que pueda probar una piedra m\u00e1s. Es un literato que se va manifestando entre los imprevistos de una vida adicta e intensa. Sus mon\u00f3logos y descripciones son hondas introspecciones sobre su pasado y su realidad. La gente que lo rodea es brutalmente fant\u00e1stica. A la manera que lo quer\u00eda Baudelaire, Rom\u00e1n ha encontrado la magia de los rufianes m\u00e1s kamikazes, m\u00e1s echados a perder y que siempre tienen algo l\u00facido y acertado que decir: \u201cT\u00fa naciste protegido por la luna, nuestra sagrada madre, y por nuestro sagrado Sol, el padre que nos brinda alimentos. Creciste con mujeres. Por eso eres cursi, detallista y rom\u00e1ntico. Te gustan las viejas fresas e infieles. Que te sometan\u201d (p. 32).<\/p>\n<p>Asimismo, hace gala de un estilo bastante electrificado:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Me concentro en destapar el envoltorio. Puedo reconocer, s\u00f3lo mirando la envoltura, de d\u00f3nde proviene cada piedra. \u00c9sta es de la Estrella de la Muerte. La que extraigo es de buen tama\u00f1o. Queda una cantidad considerable de polvito en el papel, pero prefiero guardarlo para el refil. Trato de colocarla exactamente encima de donde recuerdo que se ubican los agujeritos de la lata. Prendo el encendedor. Dejo que la flama comience y derretir el queso antes de jalarle al b\u00f3iler.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\">Siento que mi alma ha cruzado entre sat\u00e9lites sin combustible antes de llegar a m\u00ed. Proviene de muy lejos y antes de caer en la Tierra se ha encontrado en su viaje con un bonche de basura intergal\u00e1ctica, pedazos de cohetes, trozos de todos los metales imaginables. Latas, encendedores, pipas de cristal quemad\u00edsimas, papeles, envases vac\u00edos de Tonaya, Le\u00f3n y Ca\u00f1ita, fragmentos de cristal y pl\u00e1stico, cajas vac\u00edas de cigarros y micrometeoritos. Mi alma se ba\u00f1a en los r\u00edos y lagos de metano y etano. Mi alma es diez veces m\u00e1s grande que J\u00fapiter, o que el planeta Hd1069o6b. (p. 48)<\/p>\n<p>No me hab\u00eda dado cuenta, hasta que le\u00ed <i>La piedra de las galaxias<\/i>, de la enorme ventaja que es ser de clase media baja en la Ciudad de M\u00e9xico, tener que salir a la calle a trabajar hacia los diecis\u00e9is a\u00f1os me abri\u00f3 el mundo. Ahora que practicamos la memoria nost\u00e1lgica de los 90\u00b4s, y que descubrimos que el mundo no ha logrado mostrarnos nuevas grandes atracciones, mejores antros, mayores centros nocturnos, ambientes m\u00e1s luminosos y correr\u00edas m\u00e1s deliciosas, veo que ese estado entre el conocimiento y el deseo perenne de lo que surg\u00eda en la cultura pop, dio una forma de existir en la que se deb\u00eda completar la realidad con un poco de imaginaci\u00f3n. Alguna vez una chica me dijo: \u201cA ti te encanta ir a sobar libros a [la librer\u00eda] Gandhi\u201d. Y quiz\u00e1 ten\u00eda raz\u00f3n, prefiero anhelar un libro que adquirirlo, hay algunos ejemplares, la biograf\u00eda de Kafka, de Stach, o el Johnson, de Boswell, por los que mor\u00eda, pero que al llegar a casa los apil\u00e9 para no volverlos a abrir hasta este momento. En cambio, c\u00f3mo los anhel\u00e9, cu\u00e1ntas veces fui a verlos, buscar los mejores precios, encarg\u00e1rselos al <i>dealer<\/i> del centro o de la Facultad. Y es que lo que importa es el deseo, es el anhelo er\u00f3tico por los objetos. Por eso pienso que nos podemos sentir profundamente reflejados con el personaje de <i>La piedra de las galaxias<\/i>, no por la necesidad del \u2018asteroide\u2019, sino por el v\u00e9rtigo de obtenerlo de una buena vez, hasta que aparezca la pr\u00f3xima piedra, la pr\u00f3xima promesa. Porque lo que realmente importa es esa posibilidad de fallar o de tener \u00e9xito, siempre diferente, siempre de manera renovada. Por eso, uno vende todas sus propiedades, se deshace de sus comodidades o exprime a quienes pueden darnos esa salida, nuestros patrones, nuestros clientes o nuestros editores. No veremos razones m\u00e1s all\u00e1 de obtener una vez m\u00e1s el impulso anhelante que nos da el encuentro sexual, el pr\u00f3ximo golpe de una adrenalina que nos convenza de que lo que arrastramos no es ya en estos momentos un cad\u00e1ver.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">H\u00e9ctor Iv\u00e1n Gonz\u00e1lez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La relaci\u00f3n de las drogas y la literatura es tan antigua como la <i>Odisea<\/i>, desde la aparici\u00f3n de los lot\u00f3fagos o el vino con que Odiseo altera a Polifemo, pasando por <i>Memorias de un opi\u00f3mano<\/i>, de Thomas de Quincey, quien le echaba la culpa a Coleridge por haberlo introducido al uso de aquellas gotas relajantes; hasta William Blake, con las puertas de la percepci\u00f3n que tanto influyeron en Aldous Huxley; o <i>Los para\u00edsos artificiales<\/i>, de nuestro bicentenario Charles Baudelaire. 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