{"id":6281,"date":"2021-03-04T03:01:46","date_gmt":"2021-03-04T03:01:46","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/erase-una-vez-en-el-choco-cristian-valencia-2\/"},"modified":"2023-06-01T13:09:22","modified_gmt":"2023-06-01T19:09:22","slug":"erase-una-vez-en-el-choco-cristian-valencia-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/erase-una-vez-en-el-choco-cristian-valencia-2\/","title":{"rendered":"\u00c9rase una vez en el Choc\u00f3 de Cristian Valencia"},"content":{"rendered":"<p dir=\"ltr\"><strong><em>\u00c9rase una vez en el Choc\u00f3<\/em>. Cristian Valencia. Bogot\u00e1: Planeta, 2019. 216 p\u00e1ginas.<\/strong><\/p>\n<p dir=\"ltr\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-6278\" style=\"height: 465px; width: 300px; margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/erase_una_vez_en_el_choco_1.jpg\" alt=\"\" width=\"287\" height=\"445\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/erase_una_vez_en_el_choco_1.jpg 287w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/erase_una_vez_en_el_choco_1-193x300.jpg 193w\" sizes=\"(max-width: 287px) 100vw, 287px\" \/><\/p>\n<p dir=\"ltr\"><em>\u00c9rase una vez en el Choc\u00f3<\/em> es una novela que contiene dos novelas. Quiz\u00e1 tres.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La primera es la historia de un hombre que busca a otro hombre en la selva chocoana. John Soto, el protagonista, el narrador, tiene nombre de pistolero. Es lo primero que dice de s\u00ed mismo. El padre, fan\u00e1tico de las pel\u00edculas western, le puso el nombre de su \u00eddolo: John Wayne. Esta denominaci\u00f3n de origen se le impondr\u00e1 como un destino. Soto es el ep\u00edtome del <em>gunman<\/em> llamado a la aventura. Un hombre derrotado de una guerra antigua, como el personaje de Wayne en <em>The Searchers<\/em>, la pel\u00edcula de rescate por excelencia. El h\u00e9roe no tiene un lugar en la sociedad, ni una casa a la que llame hogar. Si acaso un gato. En esa orfandad acepta la invitaci\u00f3n a incrustarse en el coraz\u00f3n de las tinieblas. S\u00ed tiene un pasado. Una prehistoria. Este no es su primer viaje al horror. Antes hubo otros. En su hoja de vida figuran experiencias como soldado profesional. Ha recorrido el pa\u00eds de la guerra. Conoce las topograf\u00edas de la sangre y a sus actores. Ha visto a los ojos de Medusa y la bestia le ha devuelto la mirada. Incluso, este no es su primer viaje al Choc\u00f3. Antes estuvo en una misi\u00f3n militar. Es la primera vez que va por su cuenta, porque quiere, quiz\u00e1 porque precisa de una cuota de riesgo para enraizarse en la vida. Quedarse en Bogot\u00e1, permanecer en el centro seguro, es tambi\u00e9n momificarse.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">El motivo de la aventura es nimio, una excusa. El padre de Lola, su vecina, otro aventurero irredento, se ha marchado a la selva tras el sue\u00f1o de unas minas. Hace tiempo que la hija no tiene noticias suyas. Por eso le pide a John Soto que vaya a buscarlo. El h\u00e9roe acepta. Acepta porque la b\u00fasqueda de un anciano parece darle un motivo noble para la acci\u00f3n. As\u00ed es como aterriza en el aeropuerto Mandinga de Condoto. Debe llegar a Istmina. Nunca llegar\u00e1 all\u00e1. Sus caminos se extrav\u00edan. Hay en su voluntad el deseo de ir adonde deber\u00eda hallar al viejo. Pero su voluntad no es mayor que las fuerzas tel\u00faricas que desde hace siglos mueven la vida del monte. El viaje es una verdadera kat\u00e1basis. Durante seis d\u00edas se mover\u00e1 entre una mara\u00f1a de r\u00edos y \u00e1rboles y peligros que no entiende, que no puede entender. En ese sentido, a diferencia de h\u00e9roes cl\u00e1sicos que penetran la selva \u2014pi\u00e9nsese en Marlow, en Arturo Cova\u2014due\u00f1os de s\u00ed mismos, rectores de su destino, en la aventura de Soto no hay ning\u00fan m\u00e9todo, excepto la huida. Desde el primer cap\u00edtulo se convierte en la presa en un juego de muchos gatos y un solo rat\u00f3n. El buscador transmuta en el hombre m\u00e1s buscado del Choc\u00f3. Todos los actores armados y civiles, legales o ilegales, quieren algo de \u00e9l. Necesitan atraparlo, meterlo en su red, enredarlo en sus apuestas. La direcci\u00f3n de la aventura no depende del actor principal, sino que este termina arrastrado por un marem\u00e1gnum de sucesos que escapan de sus manos. Al final, entender\u00e1 que lo mejor en el Choc\u00f3 es \u201cno hacer planes, sino dejarse llevar por ese flujo continuo y desordenado de vida\u201d (179).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Bajo ese principio, la novela se convierte en una sucesi\u00f3n de peripecias cuyo sentido \u00faltimo escapan al h\u00e9roe. Este huye como un animal citadino perseguido por la jaur\u00eda del monte. Cada d\u00eda es un acto de escapismo, una carrera por la vida. Detenerse es morir. La muerte acecha detr\u00e1s de cada \u00e1rbol, en cada remolino. En la sombra hay ojos que miran, fuerzas at\u00e1vicas armadas hasta los dientes, mand\u00edbulas hambrientas. Y mientras huye, en las pausas para tomar aliento, algo entiende de ese mundo, descubre alguna peque\u00f1a verdad. Por ejemplo, que a los chocoanos les encantan los colores vivos, que la terminaci\u00f3n <em>d\u00f3<\/em> significa r\u00edo, que todo el mundo \u201ctiene que llevar algo de un lado para el otro, pero ese algo no se puede mostrar y tampoco se le puede decir a nadie de qu\u00e9 se trata\u201d (144); que \u201cmientras menos mires, menos sabes; y mientras menos sabes, m\u00e1s vives\u201d (143) o que el Choc\u00f3 \u201ccobra todo lo que da, aunque no parezca\u201d (188). Al final, el aventurero descubre que en ese mundo agreste ninguna aventura, ning\u00fan relato, es posible. Ni siquiera John Wayne sobrevivir\u00eda, pues antes de que desenfundara su rev\u00f3lver, se \u201chubiera muerto de tifo, de fiebre amarilla, de gangrena, de c\u00f3lera, de mal de ojo, de algo\u201d (147). Una vez descubierta la inutilidad de sus esfuerzos, vencido a la evidencia de un orden superior, a la ley de la selva, a John Soto solo le interesa salir vivo. En ruinas, pero vivo. As\u00ed termina la novela: un hombre derrotado, que huye por un r\u00edo traicionero, con la aspiraci\u00f3n de llegar a ninguna parte.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La segunda novela trata sobre los chocoanos. Los de nacimiento y los que llegaron de lejos y ah\u00ed se quedaron. Los due\u00f1os de la tierra, de los r\u00edos, de los \u00e1rboles. Cada uno tiene una historia que puede contar, una tradici\u00f3n, alguna traici\u00f3n. Cada personaje que se atraviesa en el camino del h\u00e9roe, que colisiona contra \u00e9l o le tiende la mano, es ella y sus circunstancias. Los caminos del agua que los plantaron en un margen del mundo que tambi\u00e9n es centro. Son ellos y ellas quienes le dan un orden a ese mundo que desde afuera parece desordenado. Es evidente que \u201ceste es el lugar ideal para traficantes de todo lo que sea ilegal. Un para\u00edso para piratas. Lejos de dios, del diablo y del Estado\u201d (127). Pero, y la palabra \u201cpero\u201d es importante, es tambi\u00e9n un sistema mundo que tiene unos principios, unas leyes no escritas en ning\u00fan c\u00f3digo, palabras que organizan la vida. Normas creadas por la mera convivencia. S\u00ed, este es un mundo violento, pero la violencia tambi\u00e9n instaura en estos seres unas maneras de ser, de estar, de convivir con ella. Las violencias, que campean en este territorio verde y l\u00edquido, configuran unos paisajes humanos, un lenguaje, una cosmovisi\u00f3n. En ese sentido, John Soto no puede entender a los chocoanos. Es un extranjero, un extra\u00f1o, que no entiende su realidad m\u00e1s \u00edntima. Si acaso puede decir c\u00f3mo van vestidos, las cosas que dicen, lo que hacen, lo que ellos cuentan de sus vidas, las historias que desean contarle y c\u00f3mo quieren cont\u00e1rselas. En ello, el relato en primera persona se ajusta a una mirada limitad\u00edsima de la otredad. Hay un mundo incognoscible de los otros. Un reducto de sombra donde estos hombres y mujeres se ocultan de la mirada del narrador. Lejos de caer en la dicotom\u00eda de personajes buenos y malos, de amigos y enemigos, que operan en torno al protagonista, lo que evidencia la novela es que los chocoanos son ambiguos, que no existe un chocoano universal, que no hay manera de homogeneizarlos y decir son as\u00ed o de esta manera, que cada uno tiene unos motivos y unas agendas propias y una particular relaci\u00f3n con la tierra.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">La tercera novela trata sobre el Choc\u00f3. El otro gran protagonista de la historia. M\u00e1s que una regi\u00f3n ex\u00f3tica, un departamento olvidado, una tierra de nadie, el Choc\u00f3 aparece como un cronotopo sensorial, un mundo que se mete por los sentidos y parasita los cuerpos. Un universo con una vida propia hecha de dis\u00edmiles procesos hist\u00f3ricos, culturales, econ\u00f3micos, que es tambi\u00e9n un tiempo, un clima, unos colores. Un infierno verde donde todo se hace detrito, donde las casas \u201cse descascaran como si padecieran de una implacable variedad de lepra. Pero no es una enfermedad. Es el tr\u00f3pico, es la selva\u201d (67). Un espacio que crece hacia dentro, donde la lluvia es una constante vital que hace decir al narrador: \u201cSi cierro los ojos y alguien me dice al o\u00eddo la palabra Quibd\u00f3, comienzo a escuchar la lluvia sonar dentro de m\u00ed, como si mi cr\u00e1neo fuera de zinc\u201d (100). Es tambi\u00e9n un lugar que no existe oficialmente, al que solo la clandestinidad lo define y lo hace posible (115). As\u00ed pues, pareciera que el Choc\u00f3 de la novela, m\u00e1s que un espacio geogr\u00e1fico, es un estado de \u00e1nimo, una manera de habitar y ser habitado, una paradoja hecha territorio. Un lugar donde las pobreza y riqueza son palabras sin\u00f3nimas, pues como dice un personaje: \u201cdebajo de tanta pobreza lo que hay es plata por toneladas. Cuando la madera, el oro y la coca se van, los billetes llegan y se quedan\u201d (126). En fin, que el Choc\u00f3 es tambi\u00e9n sus relatos, los muchos discursos que lo atraviesan, la manera en que Cristian Valencia lo hace palabra.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: right;\">Rodolfo Celis<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p dir=\"ltr\"><em>\u00c9rase una vez en el Choc\u00f3<\/em> es una novela que contiene dos novelas. 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