{"id":6229,"date":"2021-02-26T23:02:47","date_gmt":"2021-02-26T23:02:47","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/caracas-muerde-relentless-city-hector-torres-translated-kolin-jordan-2\/"},"modified":"2023-06-01T13:16:53","modified_gmt":"2023-06-01T19:16:53","slug":"caracas-muerde-relentless-city-hector-torres-translated-kolin-jordan-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/caracas-muerde-relentless-city-hector-torres-translated-kolin-jordan-2\/","title":{"rendered":"Caracas muerde \/ The Relentless City de H\u00e9ctor Torres, traducci\u00f3n de Kolin Jordan"},"content":{"rendered":"<p dir=\"ltr\"><strong><em>Caracas muerde\u00a0\/\u00a0The Relentless City<\/em>. H\u00e9ctor Torres. Traducci\u00f3n de Kolin Jordan. Chicago: 7Vientos, 2021. 135 p\u00e1ginas.<\/strong><\/p>\n<p dir=\"ltr\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-6226\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/caracas_muerde_1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"478\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/caracas_muerde_1.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/caracas_muerde_1-188x300.jpg 188w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Jorge Luis Borges, un referente citado por H\u00e9ctor Torres en<em> Caracas muerde \/ The Relentless City<\/em> (7Vientos, 2021), sol\u00eda desdibujar la frontera entre realidad y ficci\u00f3n. Proclamaba no la realidad de la ficci\u00f3n sino la ficci\u00f3n de la realidad, como si el mundo se pudiera contar mejor a trav\u00e9s de la imaginaci\u00f3n. Insist\u00eda en proponer que nuestra percepci\u00f3n temporal (nuestra realidad) es ficticia, y precisamente por este motivo anula las diferencias entre\u00a0lo real\u00a0y lo\u00a0irreal.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Lawrence Weschler, en sinton\u00eda con ese plano de pensamiento borgeano, plantea que los mecanismos de la ficci\u00f3n son v\u00e1lidos en la narrativa de no ficci\u00f3n. Eso lo sabemos desde <em>A sangre fr\u00eda<\/em> o, un poco antes, desde <em>Operaci\u00f3n Masacre<\/em> de Rodolfo Walsh. Pero Weschler va mucho m\u00e1s all\u00e1 y sostiene algo en lo que no estar\u00edan de acuerdo muchos cronistas apegados a una manera rigurosa de concebir la no ficci\u00f3n: aquella en la que no se puede inventar y los hechos deben ser verificables. Weschler ense\u00f1\u00f3 en la escuela de periodismo de NYU una c\u00e1tedra llamada \u201cLa ficci\u00f3n de la no ficci\u00f3n\u201d, a partir de un singular precepto: \u201cTodas las voces narrativas son ficciones. El mundo de la escritura de no ficci\u00f3n est\u00e1 dividido entre aquellos que est\u00e1n conscientes de esto y aquellos que lo niegan o no est\u00e1n conscientes\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Cuando a un librero en Estados Unidos le llegue <em>Caracas muerde \/ The Relentless City<\/em> a sus manos, tendr\u00e1 tal vez dudas sobre si el libro deber\u00eda ser incorporado en la secci\u00f3n de Ficci\u00f3n o No Ficci\u00f3n, tan claramente definidas en las librer\u00edas estadounidenses, a diferencia de las de Hispanoam\u00e9rica. El dilema reside en el hecho de que, a pesar del uso transversal de la ficci\u00f3n en <em>Caracas muerde \/ The Relentless City<\/em>, las historias se perciben como reales. Lo que nos lleva a la pregunta de qu\u00e9 es m\u00e1s eficaz: \u00bfla realidad contada en su mayor aproximaci\u00f3n a hechos verificables o una en la que se utiliza el recurso de la imaginaci\u00f3n para hacerla m\u00e1s real? Todo depender\u00e1 de la habilidad del narrador. El propio Torres en un art\u00edculo del portal web\u00a0<em>Prodavinci<\/em>, en respuesta a un comentario de un lector, en el 2010, nos dice:<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"margin-left: 40px;\">No hay ninguna verdad verificable en estos textos. Son ficciones. Y como ficciones, no pretenden ofrecer realidades tangibles sino posibles, alimentar imaginarios a partir de historias ficcionales.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Ese desenlace imaginativo puede ser precisamente el efecto de goce que logra la lectura de las historias que ocurren en una Caracas descarnada. Relatos reales. Cuentos reales, como se los quiera llamar. El que es caraque\u00f1o y conoce los males de la ciudad, y aunque Torres use con frecuencia un narrador omnisciente que cala en los pensamientos de los personajes \u2014siempre se\u00f1alados con un nombre de pila\u2014, sabe que no exagera; usa la imaginaci\u00f3n, pero no exagera.<\/p>\n<p dir=\"ltr\"><em>Caracas muerde \/ The Relentless City<\/em> llega al mercado de habla inglesa gracias a la iniciativa de una editorial independiente con extraordinario \u00e1nimo. 7Vientos publica la edici\u00f3n biling\u00fce, traducida por Kolin Jordan, de un libro que se ha mantenido presente en Venezuela durante una d\u00e9cada, seguido de su lanzamiento en Espa\u00f1a en el 2019. Un perro que muerde su cola, una rec\u00e1mara de un rev\u00f3lver con una sola bala adentro y una calavera cuyos dientes son los edificios de una ciudad, concatenan las portadas de las ediciones venezolanas, espa\u00f1ola y estadounidense.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En <em>Caracas muerde \/ The Relentless City<\/em> ocurren robos, asaltos, violaciones, despojos, asesinatos, sembrados a su vez con referentes literarios como Carver, Bukowski, Poe, Ch\u00e9jov, Homero, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, Alfredo Armas Alfonso, Borges, Rilke, Guillermo Cabrera Infante, Thomas Lynch, Paul Auster, Bola\u00f1o, John McNally y R\u00f3mulo Gallegos (en los agradecimientos iniciales menciona a Oscar Marcano, que como cuentista, ejerci\u00f3 una influencia sustancial en la narrativa de Torres).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">El lenguaje utilizado es depurado \u2014lo que suena sencillo siempre es m\u00e1s dif\u00edcil de lograr\u2014, y a menudo acude a lo coloquial venezolano: \u201cEsta vaina tiene una protecci\u00f3n muy arrecha, mi pana [This thing must have some kind of powerful spell on it, dude]\u201d. Torres, adem\u00e1s, enriquece su propuesta con el uso de met\u00e1foras certeras: \u201calambrada de reproches [wire fence of veiled reproaches]\u201d, \u201chambre afilada [razor-sharp hunger]\u201d, \u201cmirada desterrada de su cuerpo [gaze divorced from his body]\u201d o digamos una que sintetiza lo que ha sido la instauraci\u00f3n del proceso pol\u00edtico en el pa\u00eds: \u201cEl striptease m\u00e1s demorado que se conozca en los anales de las dictaduras [the most delayed striptease known in the annals of dictatorships]\u201d.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Torres tiene la capacidad de resumir los acontecimientos que suceden en la ir\u00f3nicamente llamada hace mucho tiempo \u201cciudad de los techos rojos\u201d, con una prosa sobria, precisa, que borda en la picard\u00eda y el humor. Es ingenioso a la hora de inventar juegos de palabras que dibujan una sonrisa en el lector: \u201cLos cerveceros de mibloque\u201d, en alusi\u00f3n a los Cerveceros de Milwaukee, la loter\u00eda \u201cBalaperdida [Lostbullet]\u201d, o al mencionar a una tal \u201cPoliMatraca\u201d, que no es otra que la Polic\u00eda de Caracas.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Se podr\u00eda decir que <em>Caracas muerde \/ The Relentless City <\/em>es una suerte de c\u00e9dula de identidad del valle de balas y sombras (hay, por supuesto, realidades luminosas paralelas a las que no tendr\u00eda sentido centrarse esta obra). Cierto que algunos referentes han cambiado en una d\u00e9cada, y no se trata solo de los Blackberries, que aparecen en varios relatos, o la consola Wii.\u00a0 La Caracas que se cuenta ha cambiado porque todo se ha agudizado, dramatizado, radicalizado, es m\u00e1s surrealista a\u00fan, pero su esencia est\u00e1 intacta en los treinta relatos breves con sus sugestivos t\u00edtulos.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Uno de esos lugares que son m\u00e1s jungla que nunca es el metro. En <em>Caracas muerde \/ The Relentless City<\/em> hay muchas escenas en el metro, uno de los lugares preferidos del narrador. Sus personajes van y vienen en metro, cometen fechor\u00edas en el metro, se podr\u00eda decir que el <em>Metro muerde<\/em>. La nocturnidad es tambi\u00e9n un elemento que hilvana las historias para construir un cuadro interconectado de la ciudad. Casi todas las acciones violentas ocurren en horas de la noche o de madrugada. No debe ser simple coincidencia, sino una intenci\u00f3n creativa intencional, que algunos de los referentes filmogr\u00e1ficos que encontramos sean precisamente <em>Pulp Fiction<\/em>, <em>Domin\u00f3<\/em>, <em>La redenci\u00f3n de Shawshank<\/em>, <em>Secuestro Expr\u00e9s<\/em>, <em>Matrix<\/em> y hasta una cita de Emir Kusturica. La ficci\u00f3n del celuloide se confunde con el retrato de la realidad caraque\u00f1a. Y aunque no aparece en el libro \u2014su temporalidad es posterior\u2014 no es fortuito el hecho de que un cap\u00edtulo de la serie <em>Homeland<\/em> recree a la Torre David (un rascacielos convertido en el hogar de personas de bajos recursos que ocuparon sus instalaciones). Caracas, en esa serie y en otras referencias televisivas recientes, se torna en el epicentro de la representaci\u00f3n del mal.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En la estructura narrativa de los relatos de este libro casi siempre hay una primera parte con una historia y luego una segunda parte con otra historia, un recurso utilizado por Jerry Seinfield o, amplificado hacia una novela, por Alberto Barrera Tyszka en <em>La enfermedad<\/em>. Ambas luego se conectan dando sentido al t\u00edtulo del relato, para llegar a una escena final, transcurrida la acci\u00f3n, que pinta momentos de la realidad de Caracas. Son historias paralelas de la fauna malandra de la ciudad en contraste con las de los ciudadanos comunes que tratan de labrarse una vida en medio de las amenazas persistentes; los segundos v\u00edctimas de los primeros.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Aunado al inicio de los relatos con frases que asemejan aforismos e inducen a un estado reflexivo, al uso de met\u00e1foras y al dominio de los mecanismos del cuento, se agregan dos recursos adicionales que Torres emplea con frecuencia, y que dan una idea de que estamos ante un producto literario que pareciera sencillo, por lo digerible de su lectura, pero que es m\u00e1s bien sofisticado. Por un lado, est\u00e1 el uso frecuente de las notas a pie de p\u00e1gina, a manera de ensayo o juego borgiano o, m\u00e1s reciente, vilamatiano; algunas agregan informaci\u00f3n factual, otras son observaciones que bien podr\u00edan haber permanecido en el cuerpo del texto pero que son parte del juego literario propuesto. El segundo recurso es que, ante un determinado escenario, con frecuencia se plantean hip\u00f3tesis a, b y c de lo que podr\u00edan significar determinadas situaciones. Todo ello ensambla la banda sonora de <em>Caracas muerde \/ The Relentless City<\/em>, una banda sonora en la que surgen referentes musicales como Roger Waters, Black Sabbath, AC\/DC, Yordano, Desorden P\u00fablico, Juan Luis Guerra, Sabina o Fito P\u00e1ez.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">El lector de Am\u00e9rica Latina y Estados Unidos tiene en sus manos un libro que le dar\u00e1 un retrato de lo que ha llegado a ser considerada, por varios medidores estad\u00edsticos internacionales reconocidos, como la ciudad m\u00e1s violenta del mundo. Y as\u00ed, a manera de abreboca, es dif\u00edcil escoger entre tantas buenas historias, pero si se tuviera que seleccionar una aut\u00e9nticamente memorable, aquella que a veces merece la sustentaci\u00f3n por s\u00ed sola de un libro o ser parte de una antolog\u00eda, ser\u00eda sin duda, \u201cComo en un Aleph de pesadilla\u201d:<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"margin-left: 40px;\">Al hacerlo, como en un Aleph de pesadilla, Juan Ernesto vio (descubri\u00f3) calles oscuras, infinitos recovecos invariablemente sucios, sexo escondido y sexo forzado, algo detr\u00e1s de un \u00e1rbol que no se ve bien pero que asusta, medio perrocaliente en un pipote, unas ratas robustas comi\u00e9ndose vivo a un cachorrito de gato, una cartera vac\u00eda tirada en la cuneta, caras tensas que evaden proximidades, los escondites que guardan los tesoros robados a los transe\u00fantes, dedos que amenazan, patadas sobre la cara, un palo haciendo swing, tipos de azul acerc\u00e1ndose con caras de risas torvas, tipos llamando detr\u00e1s de un rinc\u00f3n con caras \u00e1vidas, un tambor retumbando en los o\u00eddos queriendo decir no vayas, manos hurgando entre bolsillos, batidas a pu\u00f1al que no siempre se ganaron\u2026 Y los curiosos dibujos que hace la sangre sobre la acera.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Caracas es feroz y deja las huellas de los dientes de un animal salvaje sobre la piel y el alma de sus habitantes. Abrir las p\u00e1ginas de <em>Caracas muerde \/ The Relentless City<\/em> es viajar, desde la seguridad del lugar de lectura, a un mundo de peligro donde solo el instinto y el sexto sentido llevan a sus moradores a presenciar un nuevo amanecer.<\/p>\n<p dir=\"ltr\" style=\"text-align: right;\">Pedro Plaza Salvati<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p dir=\"ltr\">Jorge Luis Borges, un referente citado por H\u00e9ctor Torres en<em> Caracas muerde \/ The Relentless City<\/em> (7Vientos, 2021), sol\u00eda desdibujar la frontera entre realidad y ficci\u00f3n. Proclamaba no la realidad de la ficci\u00f3n sino la ficci\u00f3n de la realidad, como si el mundo se pudiera contar mejor a trav\u00e9s de la imaginaci\u00f3n. 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