{"id":6225,"date":"2021-02-26T22:36:18","date_gmt":"2021-02-26T22:36:18","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/fantasmas-del-saber-lo-que-queda-de-la-lectura-noe-jitrik-2\/"},"modified":"2023-06-01T13:17:09","modified_gmt":"2023-06-01T19:17:09","slug":"fantasmas-del-saber-lo-que-queda-de-la-lectura-noe-jitrik-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/fantasmas-del-saber-lo-que-queda-de-la-lectura-noe-jitrik-2\/","title":{"rendered":"Fantasmas del saber (Lo que queda de la lectura) de No\u00e9 Jitrik"},"content":{"rendered":"<p dir=\"ltr\"><strong><em>Fantasmas del saber (Lo que queda de la lectura)<\/em>. No\u00e9 Jitrik. Buenos Aires: Ampersand. 2018. 112 p\u00e1ginas.<\/strong><\/p>\n<p dir=\"ltr\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-6222\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/fantasmas_del_saber_1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"421\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/fantasmas_del_saber_1.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/fantasmas_del_saber_1-214x300.jpg 214w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p dir=\"ltr\">Toda lectura deja en el lector un resto sobre el que se proyecta un saber, una imagen o una marca de impresi\u00f3n. La erosi\u00f3n del tiempo produce a su vez una suerte de sedimentaci\u00f3n de esa carga residual que se activa con <em>delay<\/em>, a destiempo, generalmente desencadenada por acontecimientos de diversa \u00edndole. Por esa raz\u00f3n, incluso las lecturas salvajes y de \u00e1vida absorci\u00f3n que se dan tanto en el v\u00e9rtigo de la formaci\u00f3n como en la tregua de los momentos distractivos (y que a veces parecen pasar sin dejar demasiado), viven siempre en el lector como \u201cfantasmas del saber\u201d y trabajan subrepticiamente en el curso de la vida y de las sucesivas lecturas.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En su reciente \u201cbiograf\u00eda de lector\u201d, editada por Ampersand en la extraordinaria colecci\u00f3n \u201cLectores\u201d (dirigida por Graciela Batticuore), No\u00e9 Jitrik parece confirmar esa conjetura. El primer libro que el prestigioso cr\u00edtico argentino reconoce con un peso determinante en su formaci\u00f3n como lector es <em>La part du feu<\/em>, el texto de Maurice Blanchot que compr\u00f3 por consejo de su amigo Le\u00f3n Rozitchner y que le \u201ccambi\u00f3 la cabeza\u201d \u2014al punto que, tras el esfuerzo representado por su lectura, el joven cr\u00edtico tuvo \u201cla enceguecedora impresi\u00f3n\u201d de que hab\u00eda cambiado su manera de entender el \u201checho literario\u201d. Su <em>Horacio Quiroga, una obra de experiencia y riesgo<\/em> es sin duda un s\u00edntoma tangible de ese deslumbrante encuentro. No tanto por la ret\u00f3rica del modelo de lectura, sino m\u00e1s bien por la lealtad de su fundamento \u00e9tico: al igual que el Blanchot lector de Char y de Kafka, el Jitrik de ese singular\u00edsimo libro escribe desde la convicci\u00f3n de que la literatura despierta en el lector \u201cel deseo de acercarse a lo que est\u00e1 detr\u00e1s de lo que \u2018se dice\u2019, al secreto de la literatura\u201d (41).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Vale la pena recordarlo: en la Argentina de 1959, cuando se produjo la publicaci\u00f3n de ese libro, \u201ceso que est\u00e1 detr\u00e1s de lo que \u2018se dice\u2019\u201d no era para todos exactamente lo mismo. Ni siquiera dentro de ese c\u00edrculo que r\u00e1pida y simplificadoramente se denomina \u201cel grupo Contorno\u201d, que \u2014bien visto\u2014 era m\u00e1s bien un espacio donde conflu\u00edan (a veces en abierta tensi\u00f3n) perspectivas de lectura en formaci\u00f3n, encarnadas por j\u00f3venes autores que compart\u00edan m\u00e1s su hast\u00edo respecto de los modelos de lectura oficiales que afinidades te\u00f3ricas expl\u00edcitas. El hecho de que ese extra\u00f1o y delicado libro de Jitrik apareciera casi al mismo tiempo que <em>Mart\u00ednez Estrada, una rebeli\u00f3n in\u00fatil<\/em> de Juan Jos\u00e9 Sebreli, y sobre el fondo de agitaci\u00f3n y desconcierto producido por la Revoluci\u00f3n Cubana, es ya una prueba fehaciente de que la convivencia en Contorno era estimulante precisamente porque se presentaba todav\u00eda tensada entre el deseo de la literatura y la voluntad de transformaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">En <em>Fantasmas del saber<\/em>, y a diferencia de lo que podr\u00eda haber representado para otros nombres de esa generaci\u00f3n (como los hermanos Vi\u00f1as o aun el joven Masotta), el nombre de Jean-Paul Sartre aparece marcando un par\u00e9ntesis algo voluntarista, donde el \u201ccompromiso\u201d y \u201cla toma de partido\u201d llevan al joven cr\u00edtico a \u201cdejar de lado lo que hab\u00eda sentido antes\u201d, en el momento de su iniciaci\u00f3n: \u201cque si la lectura no cambia al lector, invent\u00e1ndolo, no es lectura sino afirmaci\u00f3n, documento quiz\u00e1s, puesta a prueba por lo general pobre\u201d (48). Pero tambi\u00e9n aparece avalando un modelo de lectura: el todav\u00eda no formalizado \u201cm\u00e9todo progresivo-regresivo\u201d sartreano, que part\u00eda de la obra literaria \u201cpara encontrar en la persona que la realiz\u00f3 la fuente, el n\u00facleo existencial que daba lugar a la acci\u00f3n imaginaria\u201d, alimentaba en Jitrik no la ilusi\u00f3n pero s\u00ed la \u201csensaci\u00f3n\u201d de que la lectura cr\u00edtica adquir\u00eda la densidad corporal de una acci\u00f3n pol\u00edtica y a la vez brindaba la oportunidad de dar respuesta efectiva al \u201cdesaf\u00edo de escribir algo que no fuera simple comentario bibliogr\u00e1fico ni exposici\u00f3n acad\u00e9mica\u201d (51).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Pero si hay algo que en este nuevo libro Jitrik agrega y sostiene como principio indeclinable es que la lectura no es una labor que un sujeto (lector) realiza sobre un objeto (texto), sino una experiencia de ascesis y transformaci\u00f3n de uno mismo mediada por el encuentro con el texto del otro. Jitrik viene insistiendo sobre este punto desde hace ya un tiempo. Y no es casual que, a lo largo de todo este libro, subraye con especial \u00e9nfasis lo determinante que fue su encuentro con la obra de Augusto Roa Bastos. En su esclarecedora lectura de <em>Yo, el Supremo<\/em> escrita en 1990, afirm\u00f3 categ\u00f3ricamente que \u201cno hay realmente lectura cuando la relaci\u00f3n con un texto no provoca una suspensi\u00f3n de las garant\u00edas de certeza\u201d. Esa frase precisa un principio \u00e9tico que <em>Fantasmas del saber<\/em> viene simplemente a ratificar cuando consigna que, \u201csi leer no problematiza, con la cuota de extra\u00f1eza e incomodidad que a veces comporta, no es leer realmente, [porque] todas las lecturas proponen, sugieren o imponen alg\u00fan cambio\u201d (79).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Que esas lecturas hayan sido causadas por demandas laborales o por razones institucionales no impide que vayan produciendo en quien lee una transformaci\u00f3n silenciosa. Las lecturas <em>ad hoc<\/em> de Rub\u00e9n Dar\u00edo, de los <em>Diarios<\/em> de Col\u00f3n, de Roa Bastos y Garc\u00eda M\u00e1rquez van sumergiendo a Jitrik en la dimensi\u00f3n latinoamericana, cuando parad\u00f3jicamente su itinerario personal lo llevaba de Argentina a Francia y de Francia a M\u00e9xico. Las lecturas y relecturas ya m\u00e1s sistematizadas de los textos de Neruda, Jos\u00e9 Emilio Pacheco, Carpentier, Onetti, Arlt, Cort\u00e1zar, Arguedas, Marechal, Donoso, Bioy Casares y Di Benedetto lo llevan a la sospecha de que la idea de \u201cliteratura nacional\u201d, m\u00e1s que fortalecer, acotaba el horizonte pol\u00edtico de la lectura y dejaba fuera una serie de relaciones y articulaciones entre literatura y vida que generalmente se tienden a menospreciar. Jitrik deja sentado su reconocimiento cuando afirma que Latinoam\u00e9rica se abri\u00f3 a sus ojos en M\u00e9xico, \u201cpor su gente, por sus paisajes y, a los efectos de este libro, [por] su literatura\u201d, al punto de marcar para siempre su destino. Desde all\u00ed ley\u00f3 y reley\u00f3, como proyectados sobre el mapa de la experiencia latinoamericana, a Rulfo, a Alfonso Reyes, a Nicanor Parra, a Augusto Monterroso, a Carlos Fuentes, a Octavio Paz, a Lezama Lima y a Jos\u00e9 Vasconcelos; pero sobre todo fue all\u00ed que trab\u00f3 una relaci\u00f3n con la voz, los textos y las contagiosas lecturas de Margo Glantz, que a su vez lo llevaron a los libros de Manuel Payno, Julieta Campos, Jos\u00e9 Luis Gonz\u00e1lez, Vicente Riva Palacio y Justo Sierra O\u2019Reilly, entre otros.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Sin duda en esas fuertes lecturas latinoamericanas predominaba la inquietud, no s\u00f3lo porque pon\u00edan en cuesti\u00f3n un orden de saberes que se presum\u00eda establecido, sino porque lo obligaban a asumir una disposici\u00f3n nueva. Jitrik le\u00eda y (se) ense\u00f1aba a leer en la tensi\u00f3n en que hoy escribe sus lecturas: \u201cmovido por una intenci\u00f3n cr\u00edtica y de distanciamiento\u201d, pero sin despreciar la dimensi\u00f3n emotiva de la lectura. Leer ese <em>corpus<\/em>, que conten\u00eda avances y retrocesos, gestas heroicas y canalladas, revueltas y abdicaciones, se hab\u00eda ido convirtiendo en su forma de experimentar un mundo concreto a trav\u00e9s de una literatura. Latinoam\u00e9rica era ya su territorio: el espacio a la vez intelectual y po\u00e9tico, pol\u00edtico y afectivo en que la lectura ejerce su encanto y su poder de transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Maximiliano Crespi<br \/>\nCTCL\/IdIHCS (UNLP-CONICET)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p dir=\"ltr\">Toda lectura deja en el lector un resto sobre el que se proyecta un saber, una imagen o una marca de impresi\u00f3n. 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