{"id":6169,"date":"2020-11-13T00:45:24","date_gmt":"2020-11-13T00:45:24","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/la-carretera-sera-un-final-terrible-andrea-mejia-2\/"},"modified":"2024-05-10T07:56:03","modified_gmt":"2024-05-10T13:56:03","slug":"la-carretera-sera-un-final-terrible-andrea-mejia-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/la-carretera-sera-un-final-terrible-andrea-mejia-2\/","title":{"rendered":"La carretera ser\u00e1 un final terrible de Andrea Mej\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><b><i>La carretera ser\u00e1 un final terrible<\/i><\/b>. <b>Andrea Mej\u00eda. Bogot\u00e1: Planeta. 2020. 164 p\u00e1ginas.<\/b><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-6166\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/lacarreteraseraunfinalterrible_800x.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"454\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/lacarreteraseraunfinalterrible_800x.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/lacarreteraseraunfinalterrible_800x-198x300.jpg 198w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p><i>La carretera ser\u00e1 un final terrible<\/i>, primera novela de la escritora colombiana Andrea Mej\u00eda (que hizo su debut con su celebrado libro de relatos <i>La naturaleza segu\u00eda propag\u00e1ndose en la oscuridad<\/i>), es una obra introspectiva que se lee como un misterio psicol\u00f3gico. El personaje central es Ana, una mujer que vive entre el silencio y la oscuridad que una monta\u00f1a del altiplano andino le provee. Ana parece disfrutar de su soledad y del contacto con la naturaleza paramera, en la que el fr\u00edo, el viento y el murmullo de los bosques son el tel\u00f3n de fondo, pero poco a poco, a trav\u00e9s de un estilo descriptivo y observacional, Ana deja entrever que su tranquila existencia es una mera apariencia.<\/p>\n<p>Ana escribe. Se ha refugiado en su casa de campo a unos tres mil metros sobre el nivel del mar para escribir. Para descansar. Para volver a ser quien alguna vez fue. O esa es la idea. Sin embargo, Ana apenas escribe. Sus pensamientos sobre los seres que alguna vez fueron parte de su vida toman forma de fantasmas que le otorgan una compa\u00f1\u00eda desestabilizante. Ana recuerda sus vivencias con <i>ellos<\/i>. De un lado, su hermana, que vive en Francia y quien debe someterse a una delicada cirug\u00eda. Luis, su esposo, que est\u00e1 en Europa en una suerte de idilio con una mujer mucho m\u00e1s joven que Ana, de hecho, m\u00e1s cerca en edad con la hija de Ana y Luis: Raquel, la hija universitaria con quien Ana perdi\u00f3 toda forma de comunicaci\u00f3n. Ana cuenta con un tel\u00e9fono celular como su \u00fanico medio para comunicarse, infructuosamente, con ellos. Llamadas y mensajes incompletos, rotos, con intenciones fallidas. El presente de Ana con las personas que ama son fragmentos de textos o de llamadas telef\u00f3nicas. De tal modo que Ana entabla conversaciones m\u00e1s provechosas, m\u00e1s reales, con aquellos fantasmas que habitan la oscuridad de la monta\u00f1a y el pasado.<\/p>\n<p>En 1941, Virginia Woolf se quit\u00f3 la vida al comprender que no pod\u00eda continuar ni como escritora ni como mujer ni como esposa. Su <i>enfermedad<\/i>, que denominaba a veces como \u201cdolores de cabeza\u201d, la hac\u00eda escuchar voces y perder la concentraci\u00f3n. Esas voces eran tambi\u00e9n sus fantasmas, como los de Ana. En el caso de Woolf, se trataba de los recuerdos de sus padres y sus hermanos. Su madre, Julia Stephen, muri\u00f3 cuando Virginia ten\u00eda 13 a\u00f1os. Para cuando ten\u00eda apenas 24 a\u00f1os ya hab\u00eda visto morir a su padre, Leslie, y a sus hermanos Stella y Thoby. A los 59 a\u00f1os, Virginia decidi\u00f3 terminar con su existencia, ante el miedo de sucumbir ante la oscuridad de la locura.<\/p>\n<p>Aunque en el caso de Ana sus fantasmas a\u00fan tienen vida en otro plano, ella solo encuentra la lucidez cuando regresa al pasado y descubre de nuevo episodios con ellos. No sabemos cu\u00e1les fueron los dramas que rompieron sus relaciones y all\u00ed radica uno de los mejores aciertos de la novela. El silencio, las pausas y las sombras de las escritura de Mej\u00eda nos permiten comprender que no es necesario conocer lo ya sabido. La autora nos traza el camino para intentar dilucidar la actualidad de Ana: \u00bfuna suerte de demencia que se niega en aceptar, pero que la acecha como los cielos encapotados que cubren su casa de campo? \u201cLl\u00e9vate mi mal\u201d, se repite el personaje, una y otra vez. Ana apunta ocurrencias, memorias de sus sue\u00f1os e ideas en un cuaderno, porque sabe, como dir\u00eda Woolf, que \u201cen la enfermedad las palabras parecen poseer una cualidad m\u00edstica\u201d. Por eso, Ana ha buscado refugio en la monta\u00f1a, en la penumbra, lejos de los destellos de la ciudad.<\/p>\n<p>Ana tambi\u00e9n deja ver ecos de Mar\u00eda Wyeth, la hero\u00edna de <i>Seg\u00fan venga el juego<\/i> (<i>Play It as It Lays<\/i>), de la escritora estadounidense Joan Didion. Desde un hospital psiqui\u00e1trico, Mar\u00eda evoca su vida como una <i>socialite<\/i> en Los \u00c1ngeles de los a\u00f1os sesenta, sus romances, su dificultad para combinar su rol de esposa de un poderoso productor con su deseo de libertad, que desembocan en un cuadro desalentador de la hipocres\u00eda y vacuidad de la alta sociedad estadounidense. Con m\u00ednimos recursos, advertimos que Ana pertenece (o perteneci\u00f3) a la \u00e9lite intelectual de Bogot\u00e1 y que por a\u00f1os fungi\u00f3 como profesora universitaria. En un intento por reconectarse con su hija, vuelve a la atm\u00f3sfera social, en donde Ana experimenta su condici\u00f3n de paria. No encaja entre su anterior c\u00edrculo social y le cuesta poner en pr\u00e1ctica los juegos sociales de las apariencias y los orgullos. A pesar de hacerlo por su hija, sabe que ha perdido su lugar en una sociedad que ya no comprende.<\/p>\n<p>En <i>Seg\u00fan venga el juego<\/i> la carretera es un escenario recurrente. Mar\u00eda conduce sin cuidado por las autopistas porque son rutas de escape y adem\u00e1s sirven para conectarse con nuevos o viejos mundos. Son los atajos que toma en su viaje a la autodestrucci\u00f3n, un destino que surgi\u00f3 cuando la vida la golpe\u00f3 brutalmente con los decesos de sus padres\u00a0 (su madre en un accidente automovil\u00edstico y probable suicidio). En la novela de Mej\u00eda, soslayamos que Ana, calladamente y casi sin darse cuenta, busca su ruina personal. A trav\u00e9s de sus conversaciones con los fantasmas del pasado, percibimos que maneja la idea de que no merece vivir, o de que no ha podido responder con altura a lo que significa vivir, estar en el presente. Para Ana, la carretera marc\u00f3 un antes y un despu\u00e9s, y cuando la v\u00eda que comunica su casa de campo con Bogot\u00e1 qued\u00f3 bloqueada a consecuencia de un duro invierno, su necesidad de escapar de su h\u00e1bitat tranquilo se hizo casi de vida o muerte.<\/p>\n<p>El estilo que emplea Andrea Mej\u00eda es sensible y minimalista, en el que el detalle es un elemento primordial. El p\u00e9talo blanco que cae sobre la mesa, el barro seco de las botas de caucho, el tigre del su\u00e9ter reflejado en el espejo. Detalles que se convierten en s\u00edmbolos de la mitolog\u00eda de Ana. En el trasfondo de la monta\u00f1a, la lluvia, la neblina, la oscuridad, las sombras, la madera que cruje, la mascota silenciosa, se palpa una atm\u00f3sfera de tintes de literatura japonesa. Pero no de la literatura nipona contempor\u00e1nea, entre las metr\u00f3polis, los trenes de alta velocidad y la tecnolog\u00eda. No, hay una correspondencia con la literatura rural o de los suburbios. En unos episodios sientes que lees unas de las entradas del diario que integra <i>La llave<\/i>, de Tanizaki, as\u00ed como en otros momentos sientes que tu perspectiva no puede ser otra que la c\u00e1mara a la altura de las rodillas de Yasujiro Ozu, en el que contemplas a Ana mirando a trav\u00e9s de una ventana salpicada de lluvia. Mej\u00eda consigue con el uso de estos recursos un panorama que brilla, a pesar de la oscuridad, las sombras y los d\u00edas que parecen noches interminables.<\/p>\n<p>La atm\u00f3sfera que Andrea Mej\u00eda inventa, sumada al cuidado estilo detallista, tambi\u00e9n rememora los cuentos del folclor japon\u00e9s, como los que recuper\u00f3 Lafcadio Hearn para Occidente, en los que hombres y mujeres comparten experiencias con seres fant\u00e1sticos entre bosques, lagos, monta\u00f1as y, en especial, la noche. En particular, existe un agradable parentesco literario entre el relato <i>Yuki-Onna<\/i> y la historia de Ana, dadas las caracter\u00edsticas de aquella: una mujer m\u00edtica de color blanco como la nieve, que se le aparece en la noche a los le\u00f1adores del bosque y que as\u00ed como puede exhalar el h\u00e1lito de la muerte, tambi\u00e9n posee la propiedad de la absoluci\u00f3n.<\/p>\n<p><i>La carretera ser\u00e1 un final terrible<\/i> se deja leer como un retrato en claroscuro, en cuyas sombras y grises se encuentra el poder de lo que tanto la protagonista como nosotros desconocemos sobre su pasado y, en especial, sobre su presente y su conciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Giovanni Figueroa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><i>La carretera ser\u00e1 un final terrible<\/i>, primera novela de la escritora colombiana Andrea Mej\u00eda (que hizo su debut con su celebrado libro de relatos <i>La naturaleza segu\u00eda propag\u00e1ndose en la oscuridad<\/i>), es una obra introspectiva que se lee como un misterio psicol\u00f3gico. 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