{"id":6153,"date":"2020-11-12T23:48:11","date_gmt":"2020-11-12T23:48:11","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/decir-berlin-decir-buenos-aires-saul-sosnowski-2\/"},"modified":"2024-05-10T08:01:43","modified_gmt":"2024-05-10T14:01:43","slug":"decir-berlin-decir-buenos-aires-saul-sosnowski-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/decir-berlin-decir-buenos-aires-saul-sosnowski-2\/","title":{"rendered":"Decir Berl\u00edn, decir Buenos Aires de Sa\u00fal Sosnowski"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Decir Berl\u00edn, decir Buenos Aires<\/i>. Sa\u00fal Sosnowski. Buenos Aires: Paradiso. 2020. 128 p\u00e1ginas.<\/b><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-6150\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/tapa-decir-berlin_1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"453\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/tapa-decir-berlin_1.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/tapa-decir-berlin_1-199x300.jpg 199w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>Hay otros libros de Sa\u00fal Sosnowski que est\u00e1n en este <i>Decir Berl\u00edn, decir Buenos aires<\/i>, su primera novela, pero no el primer libro que plantea algunas de sus obsesiones y sus b\u00fasquedas; en 2017 apareci\u00f3 <i>Rugido que toda palabra encubre<\/i>, su primer libro de poes\u00eda, pero, repito, no el primer libro de obsesiones y b\u00fasquedas. Y as\u00ed podr\u00eda seguir, viajando hacia atr\u00e1s, hasta llegar a sus primeros libros y art\u00edculos, y no puedo resistir la tentaci\u00f3n de decir que podr\u00edamos intentar llegar hasta la primera piedra, el koan mayor, esa A que inicia la novela y la larga b\u00fasqueda: \u201cla letra que a las dem\u00e1s contiene\u201d, dice en un poema.<\/p>\n<p>La primera piedra est\u00e1 en el primer verso de <i>Rugido\u2026<\/i> y la A es la primera letra de la novela: \u201cAjenos\u201d, dice, y luego vemos que el personaje se llama Alejandro. Y la piedra del poema tambi\u00e9n est\u00e1, aunque se trate de otras piedras, en la portada de la novela y en un patio que aparece en otro poema y m\u00e1s adelante en la novela. Es inevitable la tentaci\u00f3n de ir escudri\u00f1ando acertijos porque la poes\u00eda-narrativa de Sosnowski recurre a los s\u00edmbolos para plantear sus b\u00fasquedas m\u00ednimas y esas grandes interrogantes que nos trascienden. La lectura de la novela remite al libro de poemas porque hay en la narrativa, aparte de la simbolog\u00eda compartida, un ritmo po\u00e9tico y un tono que parecieran salidos de la misma voz. Tanto as\u00ed que el libro de poemas da la sensaci\u00f3n de ser parte de la novela, por lo que no estar\u00eda fuera de lugar en la pared que Alejandro y Tamara escriben.<\/p>\n<p>El koan aparece desde el t\u00edtulo. El rugido puede encubrir o quedar encubierto por la palabra; \u00e9sta, a su vez, puede encubrir o quedar encubierta por el rugido. En el caso de la novela, \u00bfpor qu\u00e9 decir Berl\u00edn, decir Buenos Aires? \u00bfQui\u00e9n, cu\u00e1ndo, c\u00f3mo los dice? \u00bfQu\u00e9 ocurre cuando se dicen? \u00bfQui\u00e9nes ocurren? Pero el t\u00edtulo de la novela no hace estas preguntas, queda apenas como un acertijo que puede o no ser resuelto. O quiz\u00e1 Alejandro y Tamara lo resuelvan, queri\u00e9ndose, en la pared. En los dos t\u00edtulos tambi\u00e9n se revela uno de los elementos esenciales de la po\u00e9tica de Sosnowski: esas dos entidades separadas y, al mismo tiempo, unidas por un tercero; \u00e9ste puede ser un lugar, alguien o la palabra misma. Entre el rugido y el encubrimiento est\u00e1 la palabra; entre Berl\u00edn y Buenos Aires est\u00e1 el decir. Pero ese tercero se agranda porque intenta contar una historia mayor, una cr\u00f3nica de grandes viajes, p\u00e9rdidas dolorosas, terrores, angustias y esperanzas. El personaje de la novela no es capaz de cruzar esa enorme, dolorosa e incomprensible distancia entre esas dos entidades; por eso se distancia de los otros y siempre mira y remira sin acercarse. Repito: tentaci\u00f3n de resolver acertijos: Alejandro, nombre que contiene su propia lejan\u00eda, alejarse, alej\u00e1ndose. Le obsesiona el acto de ver pero lo paraliza la acci\u00f3n que seguir\u00eda, salvo casi al final de la novela, cuando encuentra a Tamara, con la que salva varias distancias entre cuerpos e historias.<\/p>\n<p>Y as\u00ed como el libro de poemas est\u00e1 en la novela, en ambos est\u00e1n los otros libros de Sosnowski, como si su obra se encaminara, en varias direcciones y a trav\u00e9s de los oficios que el autor ha ejercido (acad\u00e9mico, cr\u00edtico, editor, viajero, promotor de causas, poeta, narrador) hacia el mismo lugar: la piedra mayor, la pared, la cifra que las contiene a todas. En la novela est\u00e1 la lengua de las aulas, la de los congresos literarios y los ensayos acad\u00e9micos, y est\u00e1n las adhesiones y el discurso de la resistencia pol\u00edtica y cultural, es decir, los espacios que nos dan los pasos y las huellas del quehacer y la identidad de Sosnowski. Podr\u00eda decirse que cada libro que Sosnowski le suma a su obra es un paso m\u00e1s \u201cen las huellas\u201d, y no es casual que esa frase aparezca en la dedicatoria del poemario y en la novela: \u201cPasos en las huellas\u201d.<\/p>\n<p>La pared que los personajes de la novela construyen juntos y en la que caben sus historias personales y, claro, las historias mayores, ocurre en el presente, pero se mueve hacia atr\u00e1s y se proyecta, como un signo de esperanza, hacia el futuro. La poes\u00eda y la novela de Sosnowski se mueven entre \u00e9sas y otras formas geom\u00e9tricas, entre cuadrados y rect\u00e1ngulos: pared, caja tallada que Alejandro carga y atesora, foto, postal, pantalla, ventana, balc\u00f3n, puerta, piedra, placa, tumba, plaza, gimnasio, pileta; formas contra el olvido y para el reencuentro. Todos son espacios de contornos definidos pero de l\u00edmites que la memoria, el dolor y la esperanza desbordan. Geometr\u00eda feroz y, a la vez, fraternal; los recuerdos, dice, \u201cno me invaden, me rodean, me cobijan, me protegen\u201d (81). Y el patio, dice, es el \u201crect\u00e1ngulo de su ni\u00f1ez y adolescencia; la medida de su mundo\u201d (71). No hay forma de salir de esas formas; en la pileta, por ejemplo, el personaje quisiera ir m\u00e1s all\u00e1 del borde y \u201csaber qu\u00e9 hab\u00eda bajo su l\u00edmite de flotaci\u00f3n\u201d (77); esta pregunta tambi\u00e9n aparece en el libro de poemas: \u201c\u00bfSer\u00e1 posible acceder al tiempo suspendido sobre las aguas,\/ palpar otro inicio,\/ otra versi\u00f3n?\u201d (30). Por eso nada con intensidad, pero siempre tiene que dar la vuelta: met\u00e1fora de esos pasos que vuelven sobre sus huellas, como abrir la caja de las fotos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es una geometr\u00eda po\u00e9tica y ontol\u00f3gica contra el borramiento; hacia all\u00ed va la pared y, por eso, Tamara se siente llamada a escribirse en ella, pues tambi\u00e9n tiene \u201cla medida de su mundo\u201d. La pared es el Aleph, el punto de encuentro en el que coinciden, como aquel Aleph de la Calle Garay, todos los puntos del universo. Sin duda, las historias que Alejandro y Tamara entrelazan son mucho m\u00e1s grandes que ellos, los desbordan. La pared contiene a las dem\u00e1s formas geom\u00e9tricas, es, Foucault dixit, un espacio heterot\u00f3pico, lugar de encuentro de m\u00faltiples lugares que llevan a otros lugares, y as\u00ed hasta el infinito. Estos lugares est\u00e1n y son, existen y transcurren dentro y fuera de los personajes, existen en el cuerpo, otra forma geom\u00e9trica, que se encuentra en otro cuerpo. La pared tambi\u00e9n es un espacio fijo y port\u00e1til, una reconstrucci\u00f3n del Muro mayor, y me pregunto si la tradici\u00f3n jud\u00eda permitir\u00e1 esta portabilidad, como el altar cristiano, con finalidades distintas. Cada reconstrucci\u00f3n de ese muro se carga de errancia para que cada uno lo convierta \u201cen un rompecabezas de letras y n\u00fameros\u201d, hasta dar \u201ccon el n\u00famero, con la cifra precisa\u201d (29).<\/p>\n<p>La pared es, por lo tanto, colecci\u00f3n y lista. Precisamente, la lista es esencial en la po\u00e9tica de Sosnowski. \u201cBuenos Aires me suma\u201d (48), dice en un poema que es una lista de sumas y restas: dulce de leche, medialunas, suplementos, siestas, acordes, ruidos; presencias que siguen estando, como las fotos de los desaparecidos. Las listas tambi\u00e9n imponen sus l\u00edmites y se desbordan en su exceso nominal; listas que el personaje va escribiendo en la pantalla, incapaz de ir m\u00e1s all\u00e1, como ese oficio de mirar desde lejos que tanto ejerce. \u201cLa avalancha inicial hab\u00eda dado lugar a que se dijera m\u00e1s que palabras sueltas seguidas de comas\u201d (62); los desaparecidos se hacen presentes entre comas que los separan y los insertan en una sucesi\u00f3n que los hace recobrar el nombre. \u201cEsas l\u00edneas, sinti\u00f3, lo conminaban a hacer algo. Sum\u00f3 esas cuatro letras a las que iba registrando como mandato. Algo.\u201d (62). Hasta ese momento, solo era capaz de hacer listas, pod\u00eda decir, no contar la historia. De la misma manera, tampoco pod\u00eda rebasar bordes, cruzar la distancia que lo separaba de lo mirado; quiz\u00e1 no pod\u00eda llegar al otro lado porque lo que en realidad nunca fue posible fue el volver mayor, el regreso a Europa, de donde se fue expulsado. Solo con Tamara siente que puede cruzar, darles sentido a sus listas, su numerolog\u00eda; ella puede entregarle o hacerle ver \u201clas letras que hasta ahora se hab\u00eda negado a enunciar\u201d (97-98). Por eso quiz\u00e1 el narrador deje de llamarlo con nombre y apellido: Alejandro Subbass y, con y despu\u00e9s de Tamara, solo se le diga Alejandro, como si hubiera recuperado el nombre propio.<\/p>\n<p>Los nombres son combinaciones de n\u00fameros y letras, y cada uno tiene su medida, su l\u00edmite y su desborde. Hay dos palabras de cuatro letras que saltan del libro de poemas a la novela: amor y odio; medida y cifra precisas. Suma y resta, como Buenos Aires y Berl\u00edn. \u201cTodo, anot\u00f3. Cuatro letras para negar o para invocar. Cuatro, como nada, como odio, como amor\u201d (58). La lista del poema, que contiene tanto, tambi\u00e9n termina en la palabra \u201cNada\u201d, el Ad\u00e1n al rev\u00e9s: \u201cAleph aguarda a su Ad\u00e1n\u201d (42), dice en otro poema.<\/p>\n<p>Como Buenos Aires y Berl\u00edn, la lista se escribe, se dice. \u00bfPor qu\u00e9 no se nombra? Quiz\u00e1 porque nombrar solo le corresponda al Hacedor, el que otorga los nombres que solo nos corresponde escribir, decir, repetir, no crear. Los personajes de la novela repiten combinaciones de n\u00fameros y letras; los enlazan para convocarlos, como lista y colecci\u00f3n, en la pared. Alejandro y Tamara combinan sus combinaciones contra el olvido que cada uno viv\u00eda solo. Y hacia esa b\u00fasqueda va la obra de Sosnowski: el dejar de buscar solos. El libro de poemas se plantea como el \u201csue\u00f1o del solo\u201d y la novela, como \u201cel mon\u00f3logo del solo\u201d. La p\u00e1gina y la pared encuentran su escritura, \u201cotro idioma\u201d, dice en el \u00faltimo poema, \u201cuna lengua desconocida\u201d, dice en la novela, y se convierten en mapa para desandar y andar caminos, tambi\u00e9n son el mapa borgiano del rostro: \u201cSe vio en la cronolog\u00eda de sus ra\u00edces, se reconoci\u00f3 en el entramado de quien hab\u00eda abierto una puerta, de quien ahora la llamaba por su verdadero nombre\u201d (126). As\u00ed termina la novela, con ese encuentro de la cifra verdadera. No es casual que haya comenzado con otro tipo de escritura: \u201cAjenos los grafiti sobre paredes descascaradas, incomprensibles\u2026\u201d (7). Se pasa de paredes, as\u00ed en plural, an\u00f3nimas y de escrituras transgresoras, a la pared que le da sentido a la escritura y, claro, a la b\u00fasqueda. Y hay un episodio en el que otra pared separa al personaje de una mujer vista y deseada, pero tampoco estaba preparado para rebasar los bordes.<\/p>\n<p>La novela, entonces, tambi\u00e9n comparte esta medida precisa, de geometr\u00eda que se cierra sobre s\u00ed misma para abrirse, como la piedra, el patio, la foto y la pared. Y cada fragmento de la novela es una forma contenida, una piedra, un adoqu\u00edn que va sumando para construir la plaza, el patio. En esto tambi\u00e9n reside su estructura po\u00e9tica; cada poema de <i>Rugido\u2026<\/i> opera de la misma manera, va sumando contra el olvido. Lecci\u00f3n que deja la escritura de Sosnowski: escribir contra la impermanencia (lo iluminado en la pantalla, lo borrado en el vapor del espejo del ba\u00f1o, lo que no dura en la memoria) y apostarle a esa forma de permanencia que funda la escritura.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Leonel Alvarado<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay otros libros de Sa\u00fal Sosnowski que est\u00e1n en este <i>Decir Berl\u00edn, decir Buenos aires<\/i>, su primera novela, pero no el primer libro que plantea algunas de sus obsesiones y sus b\u00fasquedas; en 2017 apareci\u00f3 <i>Rugido que toda palabra encubre<\/i>, su primer libro de poes\u00eda, pero, repito, no el primer libro de obsesiones y b\u00fasquedas. 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