{"id":6093,"date":"2020-08-11T04:43:41","date_gmt":"2020-08-11T04:43:41","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/amores-liquidos-carmen-olle-2\/"},"modified":"2023-06-03T22:02:53","modified_gmt":"2023-06-04T04:02:53","slug":"amores-liquidos-carmen-olle-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/amores-liquidos-carmen-olle-2\/","title":{"rendered":"Amores l\u00edquidos de Carmen Oll\u00e9"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Amores l\u00edquidos<\/i>. Carmen Oll\u00e9. Lima: Peisa, 2019. 128 p\u00e1ginas.<\/b><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-6090\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/amoresliquidos_1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"458\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/amoresliquidos_1.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/amoresliquidos_1-197x300.jpg 197w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>Los tres relatos de Carmen Oll\u00e9 que conforman <i>Amores l\u00edquidos<\/i> reflejan ciertos postulados que el soci\u00f3logo Zygmunt Bauman desarroll\u00f3 en su ensayo <i>Amor l\u00edquido <\/i>(2005). Por ejemplo, que en tiempos posmodernos las relaciones interpersonales no est\u00e1n ya signadas por una necesidad de continuidad o consistencia.<\/p>\n<p>El primer texto es una novela corta<b><i> <\/i><\/b>titulada<b><i> <\/i><\/b><i>Le malheur<\/i> (\u201cLa desgracia de no poder estar solo\u201d), frase de La Bruy\u00e9re que Edgar Allan Poe us\u00f3 como ep\u00edgrafe en su cuento \u201cEl hombre de la multitud\u201d de 1840. De hecho, Oll\u00e9 homenajea ese cuento mencion\u00e1ndolo desde el inicio a trav\u00e9s de su narradora-protagonista Carmen.<\/p>\n<p>En el relato de Poe, un hombre se entretiene observando el ir y venir de la gente en la calle, hasta que el rostro de un anciano lo impacta, y decide seguirlo, pero luego deja de hacerlo, pues lo sobrecoge una terrible sospecha. En <i>Le malheur,<\/i> de Oll\u00e9, vemos que la corriente de seguimientos en la que est\u00e1 inmersa la protagonista implica a fantasmas de personas amigas y a sus respectivas criaturas de ficci\u00f3n. Por ejemplo, Pilar Dughi (escritora peruana fallecida en 2006 y amiga de Oll\u00e9) es seguida por uno de sus personajes, Fina Artadi, de la novela <i>Pu\u00f1ales escondidos <\/i>(1998). Tambi\u00e9n hallamos al poeta Jos\u00e9 Mar\u00eda Eguren, seguido por su personaje emblem\u00e1tico: la m\u00e1gica ni\u00f1a de la l\u00e1mpara azul. A su vez, la protagonista sigue a una muchacha de aspecto agitanado que parece caminar sin rumbo, pero esta muchacha es de pronto Ada, una querida condisc\u00edpula que se suicid\u00f3, y que fue protagonista de la novela de Oll\u00e9 <i>Las dos caras del deseo<\/i> (1994); pero tambi\u00e9n es Pilar Dughi, y tambi\u00e9n es una anciana desdentada.<\/p>\n<p>Personas, fantasmas o criaturas literarias deambulan entre calles y callejuelas de Lima y Barranco, y crean un sugestivo laberinto de identidades intercambiables, l\u00edquidas y mercuriales, seg\u00fan el humor de la voz narrativa. Los pasos de todos parecen guiados por el azar, ese \u201cazar objetivo\u201d, de Andr\u00e9 Bret\u00f3n, que facilita encuentros ins\u00f3litos. La protagonista Carmen trabaja como correctora de textos y alquila un cuarto en una pensi\u00f3n cuya casera es una alemana viuda y tosca, que tiene una hija deficiente llamada Sonia, y cuyos terribles gritos y berridos se oyen por toda la casa, hecho este que sentimos como un gui\u00f1o a la novela <i>Jane Eyre<\/i>, de Charlotte Bront\u00e9, con aquella pobre mujer loca cuyos gritos sobresaltan a todos en la mansi\u00f3n del se\u00f1or Rochester. Adem\u00e1s de los alaridos de Sonia, hay un piano que suena de modo t\u00e9trico, tocado supuestamente por un hu\u00e9sped desquiciado en el tercer piso (la loca de la novela de Bront\u00e9 tambi\u00e9n estaba encerrada en un tercer piso), o quiz\u00e1 por un vecino, o un fantasma, o por nadie. Tal vez solo se trate del \u201cesqueleto de un piano\u201d (p. 23) que resuena en la memoria de la protagonista, que, sin embargo, se lanzar\u00e1 a averiguar qui\u00e9n es el ejecutante.<\/p>\n<p>A los misteriosos, mal\u00e9ficos y errabundos personajes o fantasmas, muy dentro de la exasperada sensibilidad rom\u00e1ntica, se les a\u00f1aden casas malditas, que nos traen a la memoria relatos como \u201cLa ca\u00edda de la casa Usher<i>\u201d<\/i>, de Poe; o la siniestra casa de <i>Cumbres borrascosas<\/i>, de Emily Bronte; o la ya mencionada mansi\u00f3n con demente, del se\u00f1or Rochester. Nos preguntamos si son las casas torcidas las que tuercen el alma de sus antiguos u ocasionales moradores, o si estos imprimen sus pesadillas, rencores, cr\u00edmenes reales o fantaseados, cuentas pendientes o locuras privadas a los s\u00f3tanos y cuartos, escaleras, altillos, puertas condenadas tras las que se cumplen rituales de perverso erotismo.<\/p>\n<p>Avanzando por estas p\u00e1ginas sentimos que hemos entrado en una pesadilla decimon\u00f3nica o en una fantas\u00eda oriental en las que realidad y sue\u00f1o se confunden. Es un mundo \u201cl\u00edquido\u201d, pues no hay condicionantes de tiempo y espacio; los personajes, errabundos en cuerpo y mente, poseen identidades difusas, cambiantes, con alucinaciones persecutorias y acosadoras que son viejas culpas o remordimientos recurrentes. De all\u00ed el terrible sentido de la frase de La Bruy\u00e9re. No obstante, tambi\u00e9n hay espacios para la belleza: flores y ficus en un parque, o una ardilla recorriendo una ponciana, o un haiku; son atisbos de serenidad en medio de habitaciones o calles violentas y demenciales en los que hasta un pastel de chocolate se describe cubierto de babas. Escenarios de los que la protagonista desea huir y no puede, como si se hallase empantanada en su propio infierno, en su fascinaci\u00f3n por el dolor y la oscuridad, tal como sus fantasmas personales.<\/p>\n<p>Escenarios, personajes y hechos desconcertantes ya habitaban las p\u00e1ginas de <i>Halcones en el parque<\/i> (2011), obra en la que Silvia Miranda ve, con acierto, un homenaje a Balzac, a Zola, a V\u00edctor Hugo, por la mezcla de naturalismo y afiebrada fantas\u00eda, cosa que ocurre aqu\u00ed tambi\u00e9n, con homenajes a Poe, a Trakl, a Andreiev. Atm\u00f3sferas extra\u00f1as se dan, asimismo, en otras obras de Oll\u00e9, como <i>Tres piezas no (Inspiradas en el teatro oriental)<\/i>, de 2013, y en la novela <i>Halo de la luna<\/i> (2017). Es admirable c\u00f3mo Oll\u00e9 ha ido desarrollando esta l\u00ednea, dejando correr su prosa d\u00factil y llena de hallazgos l\u00edricos que atan la realidad y el sue\u00f1o, el horror y el erotismo.<\/p>\n<p>El segundo relato, \u201cMis casos emblem\u00e1ticos\u201d, es un cuento psicol\u00f3gico en el que observamos el drama de Rub\u00e9n, quien se somete a una operaci\u00f3n para cambiar de sexo. Rub\u00e9n y Lucero son j\u00f3venes hermanos con vagas y p\u00edas fantas\u00edas incestuosas, y con esa transparente cualidad del agua o de los \u00e1ngeles: flexibilidad, ambig\u00fcedad, docilidad.<\/p>\n<p>El profesionalismo de una ONG que los cobija y analiza como \u201ccasos\u201d, contrasta con la empat\u00eda de su directora. Las armas visionarias de su sensibilidad e imaginaci\u00f3n le permiten comprender las fracturas de ambos j\u00f3venes. Se trata de un relato tan sugestivo como enigm\u00e1tico donde lo ang\u00e9lico aletea entre seres lastimados, indefensos, incompletos.<\/p>\n<p>Cierra este libro la novela corta \u201cEl chofer\u201d, versi\u00f3n ampliada del que apareci\u00f3 en <i>Retrato de mujer sin familia ante una copa<\/i> (2007). Nuevamente estamos en una casa de pensi\u00f3n, con sus escaleras y cuartos amontonados, con un anciano que agoniza, y muchas mujeres en torno, cuid\u00e1ndolo, pero en el fondo deseando su muerte. Y como contraste del moribundo, un chofer llamado H\u00e9ctor que con su fuerza y belleza encandila involuntariamente a las mujeres de la casa, sobre todo a Julia, la protagonista narradora, profesora universitaria de literatura, que a espaldas de los c\u00e1nones burguesas en los que fue criada, y siguiendo solo la fuerza y pureza de su instinto sexual, se enamora de este hombre sencillo y marginal, tierno y rudo a la vez, que se ha rehabilitado de la droga y que ahora ayuda en el cuidado del enfermo. H\u00e9ctor se mueve tambi\u00e9n como amo y se\u00f1or entre los barracones del Callao, donde se le admira como a un h\u00e9roe.<\/p>\n<p>Cerrar este volumen con una historia de un amor que no promete nada es y no es una manifestaci\u00f3n del amor l\u00edquido planteado por Bauman. Lo es porque no hay plazos, ni compromisos, pero no lo es porque la protagonista se ha embarcado en una pasi\u00f3n que tiene los ingredientes rebeldes del amor rom\u00e1ntico, aunque con una carga de erotismo expl\u00edcita que no ten\u00edan las historias del XVIII y XIX. Julia se ha dejado llevar bellamente, sin medir consecuencias, sin calcular \u201ccostos y beneficios\u201d, sin ponerse por delante del ser humano que ama, sino permiti\u00e9ndose admirar su despierta inteligencia, que suple por mucho su ignorancia en los temas mal llamados \u201ccultos\u201d.<\/p>\n<p>Los tres relatos que componen <i>Amores l\u00edquidos<\/i> son una muestra m\u00e1s del gran talento narrativo de Carmen Oll\u00e9 y dan cuenta del lugar protag\u00f3nico que su obra ocupa en la literatura peruana de nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Rossella Di Paolo<br \/>\nLima, Per\u00fa<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<p><b id=\"docs-internal-guid-82862846-7fff-03b2-4821-9866b9df0954\"><a href=\"https:\/\/bookshop.org\/shop\/LALT\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Visita nuestra p\u00e1gina de Bookshop y apoya a las librer\u00edas locales.<\/a><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los tres relatos de Carmen Oll\u00e9 que conforman <i>Amores l\u00edquidos<\/i> reflejan ciertos postulados que el soci\u00f3logo Zygmunt Bauman desarroll\u00f3 en su ensayo <i>Amor l\u00edquido <\/i>(2005). 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