{"id":5881,"date":"2019-05-20T18:23:53","date_gmt":"2019-05-20T18:23:53","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/la-hija-de-la-espanola-karina-sainz-borgo-2\/"},"modified":"2024-04-25T04:03:12","modified_gmt":"2024-04-25T10:03:12","slug":"la-hija-de-la-espanola-karina-sainz-borgo-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/la-hija-de-la-espanola-karina-sainz-borgo-2\/","title":{"rendered":"La hija de la espa\u00f1ola de Karina Sainz Borgo"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #2c3136}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #2c3136; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p><b><i>La hija de la espa\u00f1ola. <\/i>Karina Sainz Borgo. Barcelona: Lumen. 2019. 220 p\u00e1ginas.<\/b><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-5878\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/la_hija_de_la_espanola.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"459\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/la_hija_de_la_espanola.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/la_hija_de_la_espanola-196x300.jpg 196w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #2c3136}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; color: #2c3136; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p6 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; line-height: 23.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.s1 {color: #2c3136}<br \/><\/style>\n<p><i>\u00bfPor d\u00f3nde comienza una persona a mentir? \u00bfPor el nombre? \u00bfPor el gesto? \u00bfPor los recuerdos? \u00bfAcaso por las palabras?<\/i> El \u00e9xito de una mentira depende en buena parte del comienzo. Hay narraciones que logran no solo fijar el tono sino adem\u00e1s definir el tema con la mitad de la primera l\u00ednea. Es el caso de <i>La hija de la espa\u00f1ola, <\/i>de Karina Sainz Borgo<i>. Enterramos a mi madre con sus cosas.<\/i> As\u00ed arranca la primera novela de la periodista venezolana afincada en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Publicada en Lumen y vendida a m\u00e1s de veinte pa\u00edses, narra la historia en primera persona de Adelaida Falc\u00f3n, hija de una madre que acaba de morir (con el mismo nombre que ella), tras agonizar de c\u00e1ncer en una Caracas que se cae como edificio en guerra. Adelaida madre era <i>una mujer demasiado joven para desaparecer<\/i>, era el <i>nosotros<\/i> de Adelaida hija, hija sin hijos.<\/p>\n<p>En la novela se repite una frase que la protagonista, editora literaria, ha le\u00eddo de Juan Gabriel V\u00e1squez: &#8220;Uno es del lugar donde est\u00e1n enterrados sus muertos&#8221;. Pero Adelaida tendr\u00e1 que marcharse de Caracas, de su muerta, de donde estaba tambi\u00e9n reservado su hueco.<\/p>\n<p>Su casa es invadida por la Mariscala y sus secuaces cuando baja a por compresas. La Mariscala hace negocio con el hambre en un pa\u00eds gobernado por <i>Los hijos de la revoluci\u00f3n. <\/i>La Mariscala se ha puesto la camisa de mariposa que no estren\u00f3 su madre, ha roto la vajilla y sus libros y no la deja volver a entrar.<\/p>\n<p>Fernando Iwasaki dice que uno es de donde nacen sus hijos. Adelaida entierra su patria con su madre, porque su madre es su patria y su tierra descuartiz\u00e1ndose como l\u00edneas de vida en las manos. Se convierte en el escenario donde otra cosa, otra persona, suceder\u00e1. Esa persona es Aurora, su vecina. Aurora es, era, <i>la hija de la espa\u00f1ola<\/i>, una mujer de esa gente que lleg\u00f3 huyendo de la guerra civil espa\u00f1ola y la posguerra, <i>gente que solo ten\u00eda una cosa para vivir: sus manos. <\/i>Julia, la espa\u00f1ola, mont\u00f3 su negocio en La Candelaria, muri\u00f3 hace tiempo, y ahora Adelaida encuentra su casa abierta y a Aurora, <i>la hija de la espa\u00f1ola<\/i>, muerta, con los papeles preparados para irse a Espa\u00f1a, donde la esperan. No se sabe qui\u00e9n la mat\u00f3, pero a Adelaida no le importa.<\/p>\n<p>No es tanto lo que sucede sino el modo en que se cuenta, como ocurre con lo bueno decidido. Sainz Borgo nos permite estar en la ni\u00f1a y la mujer a la vez, cuenta un relato personal y universal, de ir y venir, mantiene la tensi\u00f3n, calma el hambre del que lee para saber qu\u00e9 pasar\u00e1 y del que lo hace para entender qu\u00e9 ha pasado. Es una novela que satisface a los lectores literarios y a los lectores comerciales. Hay esperanza y peque\u00f1os milagros, porque se abren puertas en mitad de la barbarie y cae dinero de la pared.<\/p>\n<p>Apenas hay l\u00e1grimas. Hay ojos indios, ojos aguarapados de ni\u00f1o genio, mirada furiosa, ojos de Mar\u00eda Lionza, ojos de color turbio, de culebra loca, brava, como platos, color de yema cocida, cuencas vaciadas, un c\u00edclope, ojos que apuntan con uniforme verde, ojos clavados en el cami\u00f3n del equipaje junto al avi\u00f3n, ojos de <i>la mirada que me diste, mam\u00e1. <\/i>No hay l\u00e1grima gratis, se llora con el cuerpo.<\/p>\n<p><i>Enterrar, mi madre, sus cosas. <\/i>Enterrar es lo contrario de lo que hace el protagonista de <i>Todo lo que tengo lo llevo conmigo<\/i>, novela de Herta M\u00fcller a la que recuerda, y cuyo resultado es el opuesto en el sentido de que Leopold vuelve a casa y sigue llevando la carga del lugar donde aprendi\u00f3 a dejar de ser persona, la arrastra desde el t\u00edtulo y hasta el fin. Adelaida, en cambio, lleva el vocabulario de la huida hasta el final porque entierra, comienza enterrando. Sobrevive porque quiere sobrevivir, est\u00e1 obligada, dice, se pare, se convierte en otra.<\/p>\n<p>El intento de cosificar el dolor para rajarlo o romperlo, el aroma como refugio de la memoria, idealizar el para\u00edso perdido como asidero cuando el refugio apesta a olor ferroso, que es advertencia, la pregunta de por qu\u00e9 alguien decide que este es o no tu sitio, la haga una ni\u00f1a llamada Adelaida o una mujer como la Imaginaria Kati que no creci\u00f3 del todo, el pan, lo sagrado que se vuelve el pan y el poder del hombre del pan cuando el hambre no es hambre sino el aceite de girasol que sobra, y alguien beber\u00e1. El hambre es aceite que se pega a la piel y la piel es agua, en M\u00fcller y en Sainz Borgo.<\/p>\n<p><i>El pa\u00eds viv\u00eda d\u00edas oscuros, probablemente los peores desde la Guerra Federal<\/i>. La narraci\u00f3n est\u00e1 en pasado, pero se vuelve presente y luminosa en Ocumare, donde Adelaida vive el verano, y sus t\u00edas; y cuando se dirige a su madre muerta, ya con las flores y la palabra <i>descansa<\/i> de la tumba arrancada. Son momentos que necesita quien lee y quien escribe, aunque chille un morrocoy llamado Pancho al que van a sacrificar para comerse, como si un cerdo fuese en una matanza del sur de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>El escenario es diferente y Venezuela es el Caribe, pero las mujeres representan un papel vertebrador en las familias no alejado del de Andaluc\u00eda. El mar es importante. El mar separa o junta. <i>Porque todas las historias de mar son pol\u00edticas y nosotros trozos de algo que busca una tierra, <\/i>dice la autora en su dedicatoria.<\/p>\n<p>La fuerza de estas <i>mujeres rocosas, con coraz\u00f3n de pan duro y la piel curtida gracias al sol y la candela de los fogones y las planchas<\/i> se ve tambi\u00e9n en la m\u00fasica, en los cantos del pil\u00f3n, <i>una melod\u00eda que acompa\u00f1aba la molienda bruta y sabrosa.<\/i><b> <\/b>Escribir, de verdad, es tambi\u00e9n moler y que suene hermoso el <i>quejido del esfuerzo<\/i>.<\/p>\n<p>Hay joropo y reguet\u00f3n, s\u00e1bados sensacionales, \u00e1rboles y matas, el SEB\u00cdN, la tele y los peri\u00f3dicos, argollas y lunares en paquetes de harina, reserva natural y cosm\u00e9tica, lo que llega de otro pa\u00eds y lo que se es, barrios, La Pastora, helados Coppelia, aracas, hallacas, cachacas, hallaquitas y bollos.<\/p>\n<p>La prosa es sonora y afilada, con pasos y sombras. Una no se queda con hambre, pero s\u00ed con dudas. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Adelaida ahora?, \u00bfdesde qu\u00e9 lugar lo cuenta si de Espa\u00f1a tambi\u00e9n parece alejada pese a permanecer frescos los olivos? \u00bfHubo mano o solo barrer para ordenar la soledad tras la puerta?<\/p>\n<p><i>He estado siempre en el borde, observando, desliz\u00e1ndome hacia la salida; detesto pertenecer,<\/i> dice Doris Lessing. Pero Aurora llama a una casa, porque est\u00e1 obligada, como si su creadora la obligase, <i>mi obligaci\u00f3n era sobrevivir.<\/i> \u00bfPara contar?<\/p>\n<p>Hay mujeres que cuentan historias de otras mujeres, hay silencio castigo de madre, que es nuestro primer hogar, marco y <i>bizcocho<\/i>. Es la casa el primer sistema de gobierno y donde desobedecemos por vez primera. Y al terminar esta novela, una se acuerda del poema de Montejo que as\u00ed termina: <i>su espacio es real, imp\u00e1vido, concreto,\/ solo mi historia es falsa. <\/i>El poema se llama Caracas.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Rosario L\u00f3pez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><i>\u00bfPor d\u00f3nde comienza una persona a mentir? \u00bfPor el nombre? \u00bfPor el gesto? \u00bfPor los recuerdos? \u00bfAcaso por las palabras?<\/i> El \u00e9xito de una mentira depende en buena parte del comienzo. Hay narraciones que logran no solo fijar el tono sino adem\u00e1s definir el tema con la mitad de la primera l\u00ednea. Es el caso de <i>La hija de la espa\u00f1ola, <\/i>de Karina Sainz Borgo<i>. 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