{"id":5829,"date":"2019-02-17T21:16:07","date_gmt":"2019-02-17T21:16:07","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/la-senorita-que-amaba-por-telefono-elisa-lerner-2\/"},"modified":"2024-04-22T10:24:24","modified_gmt":"2024-04-22T16:24:24","slug":"la-senorita-que-amaba-por-telefono-elisa-lerner-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/la-senorita-que-amaba-por-telefono-elisa-lerner-2\/","title":{"rendered":"La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono de Elisa Lerner"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>span.s1 {text-decoration: underline line-through}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p><b><i>La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono. <\/i>Elisa Lerner. Caracas: Fundavag Ediciones. 2016. 149 <\/b><b>p\u00e1ginas<\/b><b>.<\/b><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-5826\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/la_senorita.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"451\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/la_senorita.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/la_senorita-200x300.jpg 200w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n<p>Hago una lectura al sesgo de <i>La Se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono<\/i><b>, <\/b>la novela de Elisa Lerner. Como <i>De muerte lenta<\/i>, su trabajo novel\u00edstico anterior, hay retratos, muchos retratos, un \u00e1lbum vertiginoso de la memoria. En <i>La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono<\/i> esa memoria acontece a partir de rostros, a veces fotogr\u00e1ficos. Pero el retrato de Elisa Lerner no es fotogr\u00e1fico. Son, si se puede decir, caricaturas cabal\u00edsticas. Rostros interpretados, no representados; fuera de un marco \u00fanico. Lerner no recrea: juega con esas figuras. Lo que importa es m\u00e1s la relaci\u00f3n entre ellas, la tela que la narradora crea a partir de ellas.<\/p>\n<p>La ropa como met\u00e1fora es, en verdad, recurrente en la novela. Puede ser un detalle: el ed\u00e9nico vestido manga corta de Blanca, la profesora de Liceo cuyos pormenores amorosos constituyen el distra\u00eddo hilo conductor de la novela; el casimir moral de Villalba, jocoso compa\u00f1ero de clases de la narradora; el lienzo cada vez m\u00e1s apagado, oscurecido de la monta\u00f1a caraque\u00f1a. En cada uno hay un sentido. Es como si para la narradora todos los personajes estuviesen saliendo del closet, un closet f\u00e9rtil y revelador. Tambi\u00e9n, provisorio.<\/p>\n<p>Todos aqu\u00ed son figuras secundarias. Lo son, en parte, porque la Historia, esa fantas\u00eda alucinada del poder, no admite sino personajes secundarios, por no decir fantasmales. Pero tambi\u00e9n por el inacabamiento de sus destinos. Esta marginalidad e inacabamiento marca la visi\u00f3n de la narradora, una visi\u00f3n que es tambi\u00e9n una forma de perplejidad. \u201c\u00bfDe qu\u00e9 pa\u00eds proced\u00edamos? En mi infancia era com\u00fan ver hombres a los que faltaba un brazo. Algo no se completaba en ellos. La chaqueta les colgaba vac\u00eda, sin destino\u201d. En <i>La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono<\/i>, estos hombres mutilados son la met\u00e1fora goyesca de una suerte<b> <\/b>venezolana arquet\u00edpicamente trunca, quiz\u00e1 sacrificial. As\u00ed, Lerner interpreta el tejido c\u00edvico venezolana no tanto al pie de la letra sino en la desfiguraci\u00f3n f\u00edsica y la desaz\u00f3n moral. El cuerpo es inevitablemente in\u00e9dito.<\/p>\n<p>El exilio es la manera en que la marginalidad y el inacabamiento hist\u00f3ricos cobra mayor relieve. Aparece, en la espl\u00e9ndida figura de Marta, como \u00e1spera soledad sin asideros. \u201cSolo t\u00fa\u201d, advierte la joven desterrada se\u00f1alando de paso a la narradora, \u201cque vienes de la desdicha de un pueblo de exilio infinito puedes comprender mi dolor, mi propio exilio\u201d. Espa\u00f1a y los exiliados espa\u00f1oles, en verdad, son una presencia insoslayable en <i>La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono<\/i>. El exilio republicano acompa\u00f1a en la Caracas lerneriana a esos otros exiliados jud\u00edos, de destierro todav\u00eda m\u00e1s interiorizado, \u201cun exilio infinito\u201d, con un pie en la man\u00eda y otro en la metaf\u00edsica. Se expresan, como por cierto el resto de los personajes, en mon\u00f3logos m\u00e1s bien teatrales. Hablan solos, s\u00ed, pero como si alguien escuchase. Tambi\u00e9n ellos ofrecen un introspectivo ideograma textil a la novelista. Pero, esta vez, la ropa cede lugar a la p\u00e1gina.<\/p>\n<p>No son \u2014el rezo, el cuaderno testimonial, pero tambi\u00e9n el dinero, la comida\u2014 las \u00fanicas formas de expresar oblicuamente esa tan arraigada extra\u00f1eza. La comicidad es una respuesta todav\u00eda m\u00e1s elaborada y l\u00facida. En Elisa Lerner, aparece como complicidad levemente sat\u00edrica con personajes sin eje o sin destino. Humor compasivo y corrosivo. A prop\u00f3sito del profesor Livio, afirma la afor\u00edstica narradora: \u201c\u00bfQui\u00e9n dijo que lo c\u00f3mico es siempre risible?\u201d. Para a\u00f1adir de modo deslumbrante: \u201cSi la risa estallaba en nuestro sal\u00f3n de clase era de estupor, de incomprensi\u00f3n inmediata y s\u00fabita ante los agobios de un sufrimiento grande, muy hondo. La comicidad \u2014en cualquier etapa de la vida\u2014 puede ser extra\u00f1eza frente a las vejaciones del destino\u201d. Esa risa dolorida declara una falta, sea de territorio, de derechos o de lenguaje. La se\u00f1al de una aguda zozobra.<\/p>\n<p>No se crea que esa comicidad sombr\u00eda es la \u00fanica presente en la novela. En <i>La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono<\/i> hay tambi\u00e9n momentos de gratuidad hilarante, deliciosos <i>sketches<\/i> fellinianos. Este regocijo alcanza cotas alt\u00edsimas cuando la narradora hace la apolog\u00eda de los hombres bajitos como presencias gozosas en el lecho femenino. Gracia maliciosa, no \u00e9pica. \u00a0 \u00a0 <b> <\/b><\/p>\n<p>Uno de los aspectos m\u00e1s fascinantes de <i>La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono<\/i> es la forma en que la met\u00e1fora anuda la narraci\u00f3n. La met\u00e1fora convierte a la novela lerneriana en soberano artefacto simb\u00f3lico. Aporta una jugosa irrealidad ling\u00fc\u00edstica a la novela. \u00bfEs irrealidad la palabra? M\u00e1s bien, tela enigm\u00e1tica. No se trata de un procedimiento l\u00edrico: en Lerner la met\u00e1fora es el recurso fundamental para la elaboraci\u00f3n interpretativa. Descubre relaciones, adivina sentidos, los crea, como cuando habla la narradora de las cartas selladas de Max, su trashumante y vitri\u00f3lico corresponsal, cuya parcela funeraria est\u00e1 ya reservada en el cementerio de Montmartre: \u201cLo m\u00e1s parecido a la pechera de un general que hubiera peleado en alguna guerra napole\u00f3nica con el peso de todas sus condecoraciones encima\u201d. La extravagancia metaf\u00f3rica sugiere por momentos un cierto travestismo discreto, como de alguien que no renuncia a cierto deje teatral, o es cinematogr\u00e1fico, incluso para expresar un cr\u00f3nico dolor pol\u00edtico.<\/p>\n<p>La met\u00e1fora opera como una afirmaci\u00f3n el\u00edptica contra el silenciamiento, la creaci\u00f3n provisional pero no por ello menos enigm\u00e1tica de un lenguaje. \u201cNo se ten\u00eda por costumbre hablar de la familia. La penuria econ\u00f3mica se llevaba puertas adentro como un enorme silencio\u201d, denuncia en otro momento la narradora. Este silencio dom\u00e9stico se corresponde con el ruido sangriento de gran parte de la historia pol\u00edtica venezolana. El tel\u00e9fono se\u00f1ala el exilio afectivo de la profesora Blanca Elvira, ir\u00f3nicamente melodram\u00e1tica. Su voz es su m\u00e1scara.<\/p>\n<p>La principal figura tutelar de la narradora (y <i>La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono<\/i> puede leerse como una parodia efusiva de la novela de formaci\u00f3n) es Marta. De su ense\u00f1anza recuerda, por un lado, el valor de los detalles para la escritura, pues \u201csi hab\u00eda alguna metaf\u00edsica de escritor era el de hacerlo sobre cosas en apariencia balad\u00edes\u201d; por otro, que los detalles no son suficientes para la escritura. Hace falta una cierta ligereza introspectiva a la que no siempre los m\u00e1s espabilados (como la misma Marta) est\u00e1n dispuestos.<\/p>\n<p>Risa reflexiva, llamadas telef\u00f3nicas, chismes jud\u00edos, aleteos metaf\u00f3ricos: a Lerner le importa la letra viva, furtiva. La narradora, es cierto, por momentos condesciende a cierto editorialismo moral sobre el pa\u00eds. Nada, por cierto, que ya no est\u00e9 sugerido en los retratos. Pero el editorialismo es quiz\u00e1 otro margen, una yuxtaposici\u00f3n de la f\u00f3rmula period\u00edstica a la p\u00e1gina de la novela. Frases fuera de marco, como todo en esta obra.<b> <\/b>Los dos, editorialismo y retratos, aluden a una cierta memoria m\u00edtica, la noche de la Guerra Federal. Una guerra (una pesadilla) que se repite. Una nocturnidad regresiva, apenas dogm\u00e1tica y feroz. Esa historia nocturna reaparece, seg\u00fan la narradora, en la historia menuda de la literatura venezolana. La invasi\u00f3n militar ocurre tambi\u00e9n en las conciencias, al punto que muchos \u201cterminaron siendo versiones fallidas de nuestra gente de las armas\u201d. M\u00e1s que la adversidad, es la falta de destino (afectivo, art\u00edstico, pol\u00edtico) lo que marca estas vidas entrevistas.<\/p>\n<p>En <i>La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono<\/i> cada p\u00e1rrafo quiere ser poema, quiz\u00e1 incluso poema expresionista. Tambi\u00e9n retrato, s\u00e1tira de costumbres, editorial period\u00edstico, di\u00e1logo de cine, mon\u00f3logo teatral. Elisa Lerner despliega una tela plural para una noche a la intemperie.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Leonardo Rodr\u00edguez<br \/>\nUniversidad de S\u00e3o Paulo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><b><i>La se\u00f1orita que amaba por tel\u00e9fono. <\/i>Elisa Lerner. 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