{"id":5769,"date":"2018-11-02T02:30:00","date_gmt":"2018-11-02T02:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/inscripcion-de-la-deriva-ismael-gavilan-2\/"},"modified":"2024-04-22T04:05:49","modified_gmt":"2024-04-22T10:05:49","slug":"inscripcion-de-la-deriva-ismael-gavilan-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/inscripcion-de-la-deriva-ismael-gavilan-2\/","title":{"rendered":"Inscripci\u00f3n de la Deriva de Ismael Gavil\u00e1n"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<p><b><i>Inscripci\u00f3n de la Deriva.<\/i> Ismael Gavil\u00e1n. Valpara\u00edso: Ediciones Altazor. 2017. 218 p\u00e1ginas.<\/b><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-5766\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/deriva.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"467\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/deriva.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/deriva-193x300.jpg 193w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>Ismael Gavil\u00e1n (Valpara\u00edso, 1973) ha publicado poemarios como <i>Llamas de quien duerme en nuestro sue\u00f1o <\/i>(1996) y <i>Ra\u00edz del aire<\/i>\u00a0(2008), pero es autor tambi\u00e9n de una nutrida obra cr\u00edtica que pretende iluminar zonas a\u00fan oscuras de la literatura chilena m\u00e1s o menos reciente, y releer \u2013que es lo mismo decir repensar\u2013 cierta estela de autores desde\u00f1ados y olvidados ya sea o por cambio generacional o por mutaci\u00f3n de conceptos y de costumbres, aunque todos vigentes, sin duda. Me refiero a escritores como Luis Oyarz\u00fan (1920), de quien Gavil\u00e1n public\u00f3 el art\u00edculo \u201cLa\u00a0escritura\u00a0fracturada\u00a0o la transgresi\u00f3n\u00a0de\u00a0lo\u00a0cotidiano\u201d en 2009, y que ahora ha tenido un <i>revival<\/i> interesante, empujado por dos conceptos clave o huellas que atraviesan sus dietarios, su obra magna creo: la ecolog\u00eda y la homosexualidad. Otro autor, en una \u00f3rbita alejada si no contrapuesta a la de Oyarz\u00fan \u2014se\u00f1alo especialmente lo pol\u00edtico<strong>\u2014<\/strong> es Mart\u00edn Cerda (1930): te\u00f3rico del ensayo, barthesiano y estilista, a quien Ismael ha dedicado un ensayo breve llamado <i>Mart\u00edn Cerda: fragmentos de un mapa escritural <\/i>(Inubicalistas, 2015), brote del que crecer\u00e1 otro libro mayor, a\u00fan in\u00e9dito. De Cerda hay publicado poco. Su obra mayor, <i>La palabra quebrada: ensayo sobre el ensayo<\/i> (1982), es uno de los libros m\u00e1s bellos escritos en Chile sobre el tema. Ejecutado con calma y erudici\u00f3n, y estrategia, logran que el lector se figure el mapa del ensayo, g\u00e9nero relativamente nuevo, y que siempre demanda alguna directriz que lo diferencie de esos otros g\u00e9neros milenarios con los que debe compartir papel. No hay mucho m\u00e1s publicado de \u00e9l, por lo menos en Chile. Cabe destacar una compilaci\u00f3n de textos breves, dispersos y dispuestos por Alfonso Calder\u00f3n quien muri\u00f3 antes de verlo publicado por la Universidad Diego Portales en una edici\u00f3n que deja bastante que desear.<\/p>\n<p>Sucede que el olvido cubre de una p\u00e1tina interesante a las obras y a sus autores muertos, y no falta el editor ansioso que, por crear personajes literarios, rescata a un autor en proceso de obsolescencia, le inventa un mito y lo vende. El problema ocurre cuando o dicho personaje s\u00ed ten\u00eda una vida interesante, pero no ten\u00eda obra (lo que no le hace nada de bien a la literatura, pienso); o se manipula su obra al punto de volverla irreconocible.<\/p>\n<p>En <i>Inscripci\u00f3n de la Deriva<\/i> (Ediciones Altazor, 2017), \u00faltima incursi\u00f3n en la cr\u00edtica de Ismael Gavil\u00e1n, al menos en la organizaci\u00f3n del material (los ensayos m\u00e1s antiguos son del 96 y del 99) la ansiedad de este rescate se ve aliviada por un atento ejercicio de la lectura, de an\u00e1lisis y contextualizaci\u00f3n de los autores, y de un orden cuasi cient\u00edfico. Aqu\u00ed se recogen una serie de textos (algunos in\u00e9ditos) le\u00eddos en presentaciones de libros o publicados en revistas tanto de papel como digitales. Lo interesante, insisto, est\u00e1 en el orden y la intenci\u00f3n que se le impregn\u00f3 al conjunto.<\/p>\n<p>Basta mirar los autores rese\u00f1ados y percatarnos de que no estamos en el centro, sino en la periferia.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed me gustar\u00eda detenerme, y hacer el nexo con lo que dije en un principio: esta periferia no es s\u00f3lo un lugar geogr\u00e1fico, sino un paisaje mental, la frontera entre la relectura de la obra o su olvido definitivo. La provincia es ese lugar donde el tiempo va m\u00e1s lento, o donde todos parecieran tomarse m\u00e1s del tiempo necesario. En la provincia habita el olvido. Y este libro procura una linterna y un faro que se sumerge en esa zona.<\/p>\n<p><i>Inscripci\u00f3n de la Deriva <\/i>es precisamente eso: un registrar lo ocurrido cuando se toma un desv\u00edo, en la caletera, en el camino de tierra, por la v\u00eda heterodoxa, quiz\u00e1s por ello la m\u00e1s oscura y dif\u00edcil, por eso a la deriva, como al borde y en peligro.<\/p>\n<p>En este meditado recorrido cronol\u00f3gico, vemos a los poetas muertos primero, y al final a los m\u00e1s j\u00f3venes; la organizaci\u00f3n de los textos pretende en s\u00ed misma armar un panorama, plantear otro esquema de autores imprescindibles o fundamentales, y lo que se entiende como \u201ccanon\u201d, aqu\u00ed se desarticula de manera tal que nos vemos frente a una organizaci\u00f3n novedosa de piezas sobre el tablero, de poetas-columna como de poetas-meteorito. Cabe la posibilidad de confundirse y ver simplemente un af\u00e1n totalizante y deliberado del ensayista; y frente a esto es b\u00e1sico <i>contrargumentar<\/i> que s\u00f3lo menos de un cuarto de los poetas citados sea santiaguino, siendo que en las antolog\u00edas corrientes el autor metropolitano predomina. Podr\u00eda entenderse como un sesgo geogr\u00e1fico, incluso como el resultado de una filtraci\u00f3n previa, bajo cierta epistemolog\u00eda. Sin embargo, la bajada del t\u00edtulo nos se\u00f1ala otra cosa, dice exactamente lo contrario: <i>ensayos sobre poes\u00eda chilena contempor\u00e1nea<\/i>. Ni de provincia, ni regional, ni pueblerina.<\/p>\n<p>Tampoco pienso que el sesgo est\u00e9 dado por un alzamiento visceral del autor ante el panorama capitalino de la poes\u00eda chilena; quiero decir, la organizaci\u00f3n de este nuevo canon, o anti-canon si se quiere, est\u00e1 ya jerarquizado, organizado; su \u00e1rbol geneal\u00f3gico dibujado; podemos ver a padres, hijas, hijos, primas, hermanos. En ese sentido no quiere entenderse como una alternativa, sino como un <i>otro<\/i>.<\/p>\n<p>Dividido en cuatro secciones, el libro de Gavil\u00e1n nos da la bienvenida con su cabeza b\u00edfida o escaramuza: dos poetas como el cara y sello del canon de la provincia chilena: Ennio Moltedo (1931), el poeta del mar, y Ruben Jacob (1939), el poeta del interior. El primero con una preocupaci\u00f3n \u00e9tica (en especial en sus \u00faltimos trabajos) y Jacob con una preocupaci\u00f3n pl\u00e1stica y formal (ya sea en la literatura misma como en referencia a la m\u00fasica). Le siguen ensayos sobre autores coet\u00e1neos y compa\u00f1eros de generaci\u00f3n, la llamada \u201cde los noventa\u201d, donde aparecen, entre otros: Sergio Mu\u00f1oz, Marcelo Pellegrini, Marcelo Rioseco, Enoc Mu\u00f1oz, Cristian Cruz y Roberto Onell. Luego, presentaciones de poemarios de escritores j\u00f3venes, entre los m\u00e1s destacados, Diego Alfaro Palma, Gladys Gonz\u00e1lez y Fanny Campos. Para terminar con tres textos que ensayan un canon y una teor\u00eda sobre este canon. Es decir, tenemos tres generaciones y un plan.<\/p>\n<p><i>Inscripci\u00f3n de la Deriva<\/i> podr\u00eda pensarse como el hermano gemelo del <i>Confr\u00f3ntese con la sospecha<\/i> (Universitaria, 2006) de Marcelo Pellegrini. Hay una suerte de canon en los autores de los noventas rese\u00f1ados en ambos libros, de los que destacan en especial los de provincia, siendo no m\u00e1s que dos los citadinos, Roa Vial y Onell. Sin embargo, lo curioso de ambos poetas es su visibilidad en el mapa de la metr\u00f3polis: casi nula. Armando Roa ha detenido su producci\u00f3n, luego de armar este libro que Gavil\u00e1n rese\u00f1a, <i>Ejercicios de filiaci\u00f3n<\/i> (Universitaria, 2010), su obra reunida y reescrita. El caso de Onell es definitivamente fantasmal. De ambos su poco conocimiento (Roa Vial es m\u00e1s le\u00eddo como traductor) se deba quiz\u00e1s \u2014y sea tal vez su motivo fundamental\u2014 a que bordean, no tocan el escenario santiaguino, lo que los torna, en cierto sentido, provincianos.<\/p>\n<p>\u201cDe c\u00f3mo un poeta provinciano charla con un poeta citadino\u201d se llama un poema de Cristian Cruz (1973), sobre cuya obra ensaya Gavil\u00e1n, y creo que all\u00ed se resume el esp\u00edritu del libro; una contraparte necesaria y un anverso de la poes\u00eda chilena que demanda un lector.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Sebasti\u00e1n Diez<\/p>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>span.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/><\/style>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><b><i>Inscripci\u00f3n de la Deriva.<\/i> Ismael Gavil\u00e1n. 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