{"id":5765,"date":"2018-07-31T17:40:40","date_gmt":"2018-07-31T17:40:40","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/hours-juan-carlos-villavicencio-2\/"},"modified":"2024-04-19T02:38:20","modified_gmt":"2024-04-19T08:38:20","slug":"hours-juan-carlos-villavicencio-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/hours-juan-carlos-villavicencio-2\/","title":{"rendered":"The Hours de Juan Carlos Villavicencio"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>p.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/><\/style>\n<p><b><i>The Hours. <\/i>Juan Carlos Villavicencio. Santiago. Grillo, 2012. 40 p\u00e1ginas.<\/b><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-5760\" style=\"margin: 10px; float: left; border-width: 1px; border-style: solid;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/portadita_the_hours.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"356\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/portadita_the_hours.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/portadita_the_hours-253x300.jpg 253w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span style=\"font-size: 1em;\">Inspirada en la obra de Phillip Glass, cada t\u00edtulo del poemario <\/span><i style=\"font-size: 1em;\">The Hours (2012)<\/i><span style=\"font-size: 1em;\"> corresponde a una de las piezas del m\u00fasico. Si a esto sumamos que epigr\u00e1ficamente se nos recuerda el cruce con la adaptaci\u00f3n de Cunningham por Stephen Daldry y \u00e9sta, a su vez, a <\/span><i style=\"font-size: 1em;\">La Se\u00f1ora Dalloway<\/i><span style=\"font-size: 1em;\"> de Virginia Woolf, una serie de evocaciones nos tienta a ver el poemario como un amontonamiento referencial que podr\u00eda sustraernos de lo que finalmente prima: una absorci\u00f3n contemplativa dolorosamente ininterrumpible. Nadie ni nada toca a la puerta mientras leemos este poema. La gran proeza de Juan Carlos Villavicencio (1976) es desalojar el mundo lleno de sonido y de furia, la ciudad y la naturaleza, e incluso, a las mismas horas, mientras nos esforzamos en reaparecer \u2014junto al poeta\u2014 hasta volver a mirarnos al espejo, por obra y arte de su escritura. Este logro se sit\u00faa en lo que V\u00e1lery denomin\u00f3 una <\/span><i style=\"font-size: 1em;\">\u00e9tica de la forma<\/i><span style=\"font-size: 1em;\">, un modo de resistir el silencio para decir lo indecible, aunque lo que aqu\u00ed quede inscrito no sean retazos de un lenguaje, sino una verdadera pieza musical, de ah\u00ed la verdadera asociaci\u00f3n con Glass. Porque no puede decirse, sin m\u00e1s, que el poeta de <\/span><i style=\"font-size: 1em;\">The Hours<\/i><span style=\"font-size: 1em;\"> realice un acto conmutativo en el que mediante palabras llene un espacio vac\u00edo.<\/span><\/p>\n<p>Es, de hecho, la palabra po\u00e9tica como constelaci\u00f3n de silencio la que debe reestablecer un estado de cosas perdido, \u201cporque nadie puede situarse a un costado a escuchar, porque nadie entiende las palabras\/ todo decanta por un malentendido que se ha repetido secretamente ante la luna\u201d \u00bfCu\u00e1l es, entonces, el malentendido que pone en marcha el poemario? La palabra misma es el malentendido. El decir corriente, los signos que compartimos al relacionarnos con otros \u2014en el caso del amor\u2014 un c\u00f3digo com\u00fan que forzosamente hacemos circular hasta convertir el lenguaje en moneda lo suficientemente gastada. Al poeta de <i>The Hours<\/i> \u201cle duele una mujer en todo el cuerpo\u201d<i>, <\/i>como dice Borges en<i> El Amenazado, <\/i>estar o no con ella es la medida de su tiempo. Y sin embargo, esto no est\u00e1 dicho con suficiente agudeza. El amor y su desaparici\u00f3n, vivir y morir son, m\u00e1s bien, las medidas del silencio en esta obra, como refiere \u201cTearing Herself Away\u201d: \u201cNada sabes de los espejos en la noche\/ No te arrancas de este mundo creyendo que es lo mejor que se puede hacer\/ es la misma muerte disfrazada la que te ha tra\u00eddo i te ha llevado sin que notes las falanges que te sujetan de la mano\u201d.<\/p>\n<p>Lo que ha sido arrebatado al poeta en el acto amatorio es el privilegio de no entrar en contacto, el inalienable derecho siempre alienado de vivir en soledad; le ha sido extirpada <i>La dicha de enmudecer <\/i>(1998), como refiere el t\u00edtulo de la obra de otro poeta chileno, Armando Roa. Y es que tanto en la poes\u00eda de este \u00faltimo como en la de Villavicencio es la muerte con quien el poeta finalmente se codea: \u201cella [la mujer] huye de las horas y cree que ha vuelto al verdadero mundo donde se vive\u201d<i>, <\/i>cuando en realidad pareciera que no se vive en parte alguna<i>. <\/i>Pero mientras en Roa la muerte es la met\u00e1fora de un espacio indecible donde, como bien observ\u00f3 Marcelo Pellegrini, el poeta <i>decide hacer<\/i> de su verbo \u201cun agente de transformaci\u00f3n para nombrar su esquiva identidad\u201d;<i> <\/i>en el caso del poeta de<i> The Hours, <\/i>no se trata<i> <\/i>de atrapar ese pez huidizo que es la muerte, confin\u00e1ndolo a existir en nuevos signos. <i>Contrario sensu<\/i>, se busca reivindicar la ausencia, consustanciada con la muerte misma como espacio de plenitud, siempre amagada por nuestra inmersi\u00f3n en el tiempo, en las cosas, en la vida y las relaciones humanas.<\/p>\n<p><i>The Hours<\/i> es un intento de retorno al vac\u00edo, el poeta ya ha escogido su posici\u00f3n dentro de la Historia, su relaci\u00f3n con la mujer es un constante devaneo que le inflige una intuici\u00f3n mucho m\u00e1s universal. No nos encontramos con un poemario como <i>Los C\u00e1rmenes<\/i> de Catulo o <i>Los Veinte poemas<\/i> de Neruda, en el sentido en c\u00f3mo se dice ah\u00ed el olvido. En ambos poemarios la ausencia de la mujer detona una disforia placentera. Existe un placer en ver el al objeto amado m\u00e1s objetualizado, apor\u00eda que se representa en una ausencia sensitiva, a modo de no-hablar, no-tocar, no-contemplar. Al hablante nerudiano le gusta cuando calla porque est\u00e1 <i>como<\/i> ausente. Esto porque todo el universo del poeta de <i>Las Residencias<\/i> est\u00e1 lleno de su alma (la de ella) y ello es lo que hace posible el poetizar. Pero en Villavicencio la poes\u00eda surge desde mucho antes que desaparezca el objeto del deseo. No es necesaria la distancia temporal para ver la verdad y mucho menos lo es autocomplacerse, posteriormente, en una comunicaci\u00f3n imaginaria con aquello desaparecido. No se trata de oponer la ausencia a la omnipresencia posterior del poeta: el silencio y la ruina coexisten en lo inevitablemente presente.<\/p>\n<p>En buena parte de la poes\u00eda moderna el silencio representa una aspiraci\u00f3n al ideal, una tentaci\u00f3n que se ha vuelto inseparable del acto po\u00e9tico. <i>Las Cartas a Milena<\/i> de Kafka logran que el acto de escribir se convierta en un milagro escandaloso, seg\u00fan dice Steiner. Kafka vuelve a nombrar un mundo colmado de cenizas y de dudas; encontrar la dicci\u00f3n correcta es su gran tarea. En Villavicencio, en cambio, m\u00e1s que acercase a la palabra impoluta de un nuevo tiempo, se trata de huir de las palabras. <i>The Hours<\/i> constituye un acto mallarmeano, una b\u00fasqueda de la Belleza absoluta, por la v\u00eda de la depuraci\u00f3n de las relaciones humanas, para volver a la consideraci\u00f3n del mundo como inexistente silencioso. El poeta sabe que el objeto perdido que causa\u00a0 dolor es fruto de un azar necesario, \u201cdonde lo inevitable ha sido la violencia de encontrarse i dejar que el aire avanzara por las tumbas\u201d. Se debe abolir el azar y lo contingente-mundano para alojar los restos en el interior de s\u00ed mismo, sabiendo que \u201cs\u00f3lo queda sentarse a describir el recuerdo oscuro que se cierne sobre el tiempo\u201d.<\/p>\n<p>En el poema \u201cThe Hours (Ep\u00edlogo de un peque\u00f1o Dios)\u201d, pareciera que el poeta se complace en ver su dolor en una sola pieza, bordeando \u201cun mal que ha cre\u00eddo abandonado\u201d<i>. <\/i>La restituci\u00f3n del silencio le impone mirarse en el espejo, como si en el ejercicio de la poes\u00eda hubiese reencontrado su propia imagen. El poeta ha logrado alejarse de las horas. Tal como se\u00f1ala Benjamin sobre Proust, frente a la idea del escritor como un custodio de la memoria, mejor cabe pensar que no es de capital importancia lo que se haya vivido, sino \u201cel tejido de su recuerdo, la labor de Pen\u00e9lope rememorando\u201d. Para ello Proust se embarc\u00f3 en una empresa infinita de escritura, atizada por sus h\u00e1bitos nocturnos: el despertar fue para Proust una redenci\u00f3n dentro de un mundo que ped\u00eda ser nuevamente reconocido. El olvido, el dormir, entendidos como<i> <\/i>muerte y no la memoria<i> <\/i>son la clave que pone en marcha su <i>recherche<\/i>. Benjamin refuerza esta idea al se\u00f1alar: \u201csu cosmos tiene su sol en la muerte, alrededor del cual se colocan en \u00f3rbita las cosas reunidas y los instantes vividos\u201d. En Villavicencio falta por completo la extensi\u00f3n proustiana, pero en lo que s\u00ed coincide con el franc\u00e9s es en que en ambos la muerte es el centro alrededor del que gira un tiempo personal, construido en torno a la ruina. El universo del poeta es una alegor\u00eda de la ausencia que reinscribe el mundo como un lugar en v\u00edas de desaparici\u00f3n, una especie de cripta en la que se aloja el objeto perdido y del cual el poeta nunca debi\u00f3 salir. En este sentido, la obra de Villavicencio opone al amontonamiento del pasado, el presente en unas pocas piezas, como la m\u00fasica a la que tributa. Este es el gran logro del poeta. Una obra como <i>The Hours <\/i>precisa comprender la poes\u00eda como una composici\u00f3n del esp\u00edritu en acto, porque es en la soledad y en el silencio donde el poeta puede reclamar para s\u00ed lo que ha perdido en la transacci\u00f3n trivial en que dejamos de ser humanos.<\/p>\n<p>Me gusta pensar que este tipo de obras nunca est\u00e1n acabadas, sino <i>abandonadas<\/i>, como si ese esp\u00edritu pudiese volver a echar mano. Es en la perfecci\u00f3n de la forma po\u00e9tica y en la voz de las horas que reemplazan la espera no con anhelo de una respuesta, sino como vac\u00edo descubierto detr\u00e1s de la apariencia, donde el poeta comienza a ser una sombra que merodea el poema, acaso dispuesto a interpretar esta m\u00fasica nuevamente. El lector, por su parte, abre el libro en su ausencia y presiona <i>play<\/i>: se oye el silencio de una vez y para siempre, en una sola pieza.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Rodrigo Arriagada Zubieta<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><b><i>The Hours. <\/i>Juan Carlos Villavicencio. Santiago. 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