{"id":5637,"date":"2018-01-29T01:43:09","date_gmt":"2018-01-29T01:43:09","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/las-cosas-que-perdimos-en-el-fuego-mariana-enriquez-2\/"},"modified":"2023-06-06T20:20:55","modified_gmt":"2023-06-07T02:20:55","slug":"las-cosas-que-perdimos-en-el-fuego-mariana-enriquez-2","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/las-cosas-que-perdimos-en-el-fuego-mariana-enriquez-2\/","title":{"rendered":"Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enr\u00edquez"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>\np.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 11.0px 'Times New Roman'; min-height: 12.0px}<br \/>\np.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 11.0px 'Times New Roman'}<br \/>\nspan.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/>\n<\/style>\n<p><b><i>Las cosas que perdimos en el fuego<\/i>. Mariana Enr\u00edquez. Barcelona: Anagrama, 2016.<\/b><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-5634\" style=\"margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/las_cosas_que_perdimos.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"471\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/las_cosas_que_perdimos.jpg 300w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/las_cosas_que_perdimos-191x300.jpg 191w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times}<br \/>\np.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>\np.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: right; font: 12.0px Times}<br \/>\n<\/style>\n<p>En su \u00faltimo libro de cuentos, Mariana Enr\u00edquez presenta una amplitud de personajes y espacios, temas y situaciones: una madre y su hijo, drogadictos y marginales en el barrio de Constituci\u00f3n, que son interpelados por una narradora inquieta; j\u00f3venes que crecen entre drogas, alcohol y rock en la Argentina menemista de los 90; protagonistas \u201cembrujados\u201d por lugares misteriosos como casas, hoster\u00edas y patios; el fantasma de un asesino famoso \u2014el Petiso Orejudo\u2014; un tri\u00e1ngulo que poco tiene de amoroso dibujado sobre el \u201cg\u00f3tico mesopot\u00e1mico\u201d, como llama la autora a ese \u00e1rea geogr\u00e1fica de la Argentina, colindante con Paraguay, Brasil y Uruguay; una escuela habitada por un \u201cchino enano\u201d y una mujer obsesionada por una calavera a la que nombra Vera; un novio consumido en un departamento, habitante de la <i>deep web<\/i>; mujeres ardientes pululantes en toda la Argentina.<\/p>\n<p>Esa multiplicidad resulta ser un tanto enga\u00f1osa luego de una lectura que vaya m\u00e1s all\u00e1 de los argumentos, atrapantes casi siempre. Los comentarios sobre el libro han destacado los v\u00e9rtices de un tejido unitario en las historias que pueblan<i> Las cosas que perdimos en el fuego<\/i>. Por un lado, aparece la inscripci\u00f3n en el g\u00e9nero del terror, que la misma escritora acepta y estimula (Enr\u00edquez es nombrada \u201cprincesa del terror\u201d en una nota del diario <i>La Naci\u00f3n<\/i>). A eso se suman las filiaciones con escritores que han transitado esos caminos: Poe, H.P. Lovecraft, Shirley Jackson, Quiroga, Cort\u00e1zar y Stephen King. Es de notar tambi\u00e9n un pasaje de lo cotidiano a lo monstruoso sin el filtro obsecuente de ciertos tipos de fant\u00e1stico (Enr\u00edquez aprendi\u00f3 de lo mejor de Cort\u00e1zar, sin dudas), con un gusto por las mutilaciones, los aparecidos, los cultos populares y cr\u00edpticos. El estilo de Enr\u00edquez se construye mediante frases-dardos \u2014la mujer que \u201cse re\u00eda y la luz dejaba ver que le sangraban las enc\u00edas\u201d, en \u201cEl chico sucio\u201d; la muchacha que se baja del colectivo en el Parque Pereira y, dice la narradora, \u201cyo s\u00e9 que no era hija de nadie esa chica\u201d, en \u201cLos a\u00f1os intoxicados\u201d; la amistad entre tres ni\u00f1os explicada por la narradora, \u201cnos hicimos amigos de ella, mi hermano y yo, porque Adela ten\u00eda un solo brazo\u201d, en \u201cLa casa de Adela\u201d; la prima que define la ausencia del marido de Natalia en \u201cTela de ara\u00f1a\u201d del siguiente modo: \u201cNo seas tonta. Si se fue, se fue, me dijo\u201d. A estas tres aristas se pueden agregar varias m\u00e1s: la elecci\u00f3n uniforme de voces femeninas, ni\u00f1as y adolescentes, para narrar, siempre desde dentro de relato, con una combinaci\u00f3n de sarcasmo, frialdad y precisi\u00f3n; cierto aire juvenil en el ambiente con marcas como el consumo de alcohol y drogas (casi todos los personajes de Enr\u00edquez estuvieron o est\u00e1n empastillados o fumados, obvio artificio para subrayar lo normal de esa \u201canormalidad\u201d); el ahondamiento en los sectores invisibles al discurso oficial argentino (no importa el gobierno de turno) que une la marginalidad de los personajes con la marginalidad de un contexto social siempre asim\u00e9trico, a punto de estallar. Y la guerra de g\u00e9neros, sin cuartel, aspecto en el que hay que profundizar en otra ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Como dec\u00eda, esta multiplicidad puede resultar enga\u00f1osa. Si aceptamos que los escritores que frecuentan el terror le tienen miedo a algo y que en su escritura buscan enfrentarse a \u00e9l \u2014una clave de lectura que unir\u00eda ficci\u00f3n y vida\u2014 cabe la pregunta: \u00bfA qu\u00e9 le tiene miedo Enr\u00edquez? Respuesta posible: a la desaparici\u00f3n del cuerpo, n\u00facleo condensador de las preocupaciones formales y tem\u00e1ticas de este libro y, quiz\u00e1, de la obra narrativa en marcha de esta escritora.<\/p>\n<p>La matriz de la desaparici\u00f3n, en tanto ideolog\u00eda significadora, nutre o aparece en casi todos los relatos. \u00bfQu\u00e9 son la muerte o los asesinatos sino cuerpos desaparecidos? La madre y el ni\u00f1o que desaparecen en \u201cEl chico sucio\u201d; los hombres que vienen a buscar a los \u201cdesaparecidos\u201d, reencarnados en Florencia y Roc\u00edo, en \u201cLa hoster\u00eda\u201d; la chica-fantasma de \u201cLos a\u00f1os intoxicados\u201d y el exterminio final del novio punk; Adela, que abre la puerta y entra para siempre a \u201cLa casa de Adela\u201d; la espeluznante desaparici\u00f3n sin rastros de Juan Mart\u00edn en \u201cTela de ara\u00f1a\u201d (el relato m\u00e1s sutil y por eso uno de los mejores del volumen); la aparici\u00f3n del enano y la ausencia de Marcela de la escuela en \u201cFin de curso\u201d; el s\u00edmbolo de la calavera como rastro de un cuerpo en \u201cNada de carne sobre nosotras\u201d; el gato devorado por el ni\u00f1o, un aparecido, en \u201cEl patio del vecino\u201d; el Riachuelo que oculta un ej\u00e9rcito de zombies en el jugueteo con el policial de \u201cBajo el agua negra\u201d; la paulatina desaparici\u00f3n f\u00edsica \u2014hacia la virtualidad\u2014 del protagonista en \u201cVerde, rojo, anaranjado\u201d.<\/p>\n<p>Pero la matriz de la desaparici\u00f3n no solamente funciona desde los n\u00facleos tem\u00e1ticos del libro, sino que tambi\u00e9n se articula casi como un principio compositivo. Es decir, estos cuentos, bien logrados, con atm\u00f3sferas opresivas, personajes inquietantes y situaciones l\u00edmite, no terminan de cerrar, como si le hicieran caso a la definici\u00f3n de Borges del hecho est\u00e9tico como la inminencia de una revelaci\u00f3n que no se produce. El giro de Enr\u00edquez, su distanciamiento del canon, est\u00e1 en que no trabaja suprimiendo zonas del relato, sino m\u00e1s bien superpoblando las historias de detalles que, de cualquier modo, no alcanzan a explicar mucho. Por eso, el cuerpo de la escritura, en su sentido de cierre, tambi\u00e9n desaparece de alg\u00fan modo. Como ejemplo, \u201cPablito clav\u00f3 un clavito: una evocaci\u00f3n del Petiso Orejudo\u201d, \u00fanico cuento relatado desde la perspectiva masculina, termina con la imagen de su protagonista \u2014que, \u00a1oh casualidad! es narrador\u2014 \u201ccon un clavo entre los dedos\u201d y la tensi\u00f3n no se resuelve ni disuelve; y el relato que cierra y da t\u00edtulo al libro \u2014que deber\u00eda leerse en contrapunto a \u201cMujeres desesperadas\u201d de Schweblin\u2014 propone la autoinmolaci\u00f3n femenina como una especie de ant\u00eddoto ante la violencia de g\u00e9nero y en su estructura de f\u00e1bula moral perpet\u00faa la acci\u00f3n principal, el convertirse en \u201cuna verdadera flor de fuego\u201d, hacia un \u201cmundo ideal de hombres y monstruas\u201d.<\/p>\n<p>El cuento que cerraba <i>Los peligros de fumar en la cama<\/i> (2009), primer libro de cuentos de Enr\u00edquez, contaba con un t\u00edtulo que condensa lo que le interesa a esta narradora: se llama \u201cCuando habl\u00e1bamos con los muertos\u201d. No es novedad que el cuento como g\u00e9nero y la muerte se llevan de la mano, dado el \u00e9nfasis en el final. Pero Enr\u00edquez no usa la muerte como recurso t\u00e9cnico de cierre o incluso como m\u00e9todo de indagatoria existencial. No. Habla con los muertos y deja que ellos hablen.<\/p>\n<p>Junto con Samanta Schweblin, Pola Olaixarac, Selva Almada y Ariana Harwicz, Enr\u00edquez forma parte de la nueva armada (femenina) argentina de la literatura. Es una promoci\u00f3n cuyas integrantes plantean sus est\u00e9ticas desde diferentes tomas de posici\u00f3n antes los g\u00e9neros (literarios y sexuales), el tiempo-espacio, la realidad. Sin embargo algo las caracteriza: la fuerza distintiva de lo m\u00e1s importante que puede tener un escritor: su voz. En el caso de Enr\u00edquez, y como dir\u00eda Le\u00f3n Gieco: es un monstruo grande y pisa fuerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Pablo Brescia<br \/>\nUniversity of South Florida<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><b><i>Las cosas que perdimos en el fuego<\/i>. Mariana Enr\u00edquez. Barcelona: Anagrama, 2016.<\/b><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":5634,"template":"","meta":{"_acf_changed":false},"categories":[],"tags":[4460],"editors":[],"review_sections":[2043],"reviewers":[2081],"translator":[],"editors_pick":[],"lal_author":[],"class_list":["post-5637","book_review","type-book_review","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","tag-numero-5","review_sections-ficcion","reviewers-pablo-brescia-es"],"acf":{"richtitle":"<em>Las cosas que perdimos en el fuego<\/em> de Mariana Enr\u00edquez","reviewers":"","title_field":"Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enr\u00edquez","issueofarticle":6533,"sidebartitle":"<em>Las cosas que perdimos en el fuego<\/em> de Mariana Enr\u00edquez","thumbnail":5634,"collection-articleimage":null},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/book_review\/5637","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/book_review"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/book_review"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/book_review\/5637\/revisions"}],"acf:post":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/issue\/6533"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5634"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5637"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5637"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5637"},{"taxonomy":"editors","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/editors?post=5637"},{"taxonomy":"review_sections","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/review_sections?post=5637"},{"taxonomy":"reviewers","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/reviewers?post=5637"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=5637"},{"taxonomy":"editors_pick","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/editors_pick?post=5637"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=5637"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}