{"id":5477,"date":"2017-01-12T21:32:49","date_gmt":"2017-01-12T21:32:49","guid":{"rendered":"http:\/\/latinamericanliteraturetoday.wp\/book_review\/el-color-del-egeo-armando-romero-3\/"},"modified":"2023-06-07T12:54:17","modified_gmt":"2023-06-07T18:54:17","slug":"el-color-del-egeo-armando-romero-3","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/el-color-del-egeo-armando-romero-3\/","title":{"rendered":"El color del Egeo de Armando Romero"},"content":{"rendered":"<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\np.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>\np.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 144.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\np.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px Times; min-height: 14.0px}<br \/>\nspan.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/>\n<\/style>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-5367\" style=\"width: 300px; height: 464px; margin: 10px; float: left;\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el_color_del_egeo.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"1391\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el_color_del_egeo.jpg 900w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el_color_del_egeo-194x300.jpg 194w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el_color_del_egeo-663x1024.jpg 663w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el_color_del_egeo-768x1187.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/i><\/p>\n<style type=\"text\/css\">p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\np.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>\np.p3 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'; min-height: 15.0px}<br \/>\np.p4 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 144.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\np.p5 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 252.0px; text-align: justify; font: 12.0px 'Times New Roman'}<br \/>\nspan.s1 {font-kerning: none}<br \/>\nspan.Apple-tab-span {white-space:pre}<br \/>\n<\/style>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>El color del Egeo<\/i>. Armando Romero.\u00a0M\u00e1laga, Espa\u00f1a: Miguel G\u00f3mez Ediciones. 2016. 80 p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La obra del poeta, narrador e investigador literario Armando Romero (Cali, Colombia, 1944) se ha desarrollado al margen de diversas tradiciones. La tendencia contestataria de sus or\u00edgenes nada\u00edstas se reforzar\u00e1 cuando el autor se traslade a Venezuela y est\u00e9 en contacto con antiguos integrantes del grupo de El Techo de la Ballena. Su mudanza a los EE.UU. y el tipo de perspectiva internacional que le permite acentuar\u00e1n, con el tiempo, su distancia tanto de los neovanguardismos hispanoamericanos como de otras est\u00e9ticas consagradas. Esa l\u00facida serenidad se observa en su poes\u00eda desde <i>Hagion Oros <\/i>(2001), pero destaca particularmente en <i>El color del Egeo <\/i>(2016).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las notas que Romero, a la manera de T.S. Eliot, agrega al final de este poemario rompe el patr\u00f3n de brevedad de las dem\u00e1s. La salida de tono nos obliga a reparar en un texto que pierde su funci\u00f3n ancilar mientras estimula la sospecha de que gracias a uno de sus m\u00e1rgenes accedemos al misterio central del libro. Me refiero al comentario al poema XXII, donde el autor retoma un cuento que public\u00f3 hace muchos a\u00f1os cuyo narrador recuerda una caminata con un amigo por un pueblo colombiano llamado Calima. El nombre ind\u00edgena se carga de ecos al convergir con otros: una variante de la palabra <i>calina<\/i>, que a su vez proviene de <i>cal\u00edgine<\/i>, bruma; y, no menos, el t\u00e9rmino marinero <i>calima<\/i>, que se remonta al griego cl\u00e1sico y se hace, por afortunado azar, indisociable de la materia que aborda <i>El color del Egeo<\/i> (<i>\u03ba\u03ac\u03bb\u03c5\u03bc\u03bc\u03b1<\/i> significaba \u2018red\u2019 y ha venido a designar en espa\u00f1ol cierto tipo de boya). En el pueblo llamado Calima, la calina o cal\u00edgine envuelve, atrapa a los amigos, hasta que a sus ojos se manifiesta una visi\u00f3n \u201cins\u00f3lita como un sue\u00f1o que no se resuelve en pesadilla o encantamiento\u201d. Se trata de un caballo blanco. \u201cSus ojos grandes reflejaban el correr de la niebla y sus belfos se mov\u00edan en peque\u00f1os espasmos\u201d. Poco despu\u00e9s, se asevera sin rodeos: \u201c\u00c9l era la luz, nosotros la oscuridad\u201d. He escrito que la nota XXII parece albergar un misterio: el contraste casi m\u00edstico de la imagen previa confirma el subtexto religioso. Con todo, tal es el poder de sus s\u00edmbolos, que captarlos de ninguna manera equivale a desentra\u00f1arlos, pues la claridad meridional del Egeo preserva en un buen poeta como Romero la hondura de lo arcano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros artistas han retratado esos momentos en que lo inefable se anuncia sin menoscabo de su \u00edndole herm\u00e9tica. <i>Memorable fancies<\/i> los denomin\u00f3 William Blake, y el adjetivo no carece de l\u00f3gica, porque las evocaciones de <i>El color del Egeo<\/i> nos colocan en la zona donde la memoria personal se convierte en f\u00e1bula despojada de moraleja por la fuerza del lirismo. Las <i>fantas\u00edas <\/i>o<i> visiones memorables<\/i> a las que aludo coinciden en varios puntos; su lenguaje \u2014irracional y com\u00fan\u2014 deja adivinar lo arquet\u00edpico. El Fellini de <i>Amarcord<\/i>, para no ir lejos, nos hizo ver y simult\u00e1neamente so\u00f1ar la aparici\u00f3n de un pavorreal que despliega las inquietantes pupilas de su cola en una nevada. Que el ave se haya posado sobre una fuente mucho aporta al enigma. En uno de sus poemas, \u201cLate Night with Fog and Horses\u201d, Raymond Carver refiere sucesos indiscernibles en el aqu\u00ed y ahora, que rebosan, no obstante, de otros espacios y tiempos: \u201c<i>Whatever was \/ happening now was happening in another time<\/i>\u201d. Y Fernando Pessoa, sobre quien mucho ha reflexionado Romero, tambi\u00e9n estuvo obsesionado por nieblas fantasmales, sometidas al arrebatado escrutinio de <i>Mensagem<\/i>: de ellas saldr\u00eda un d\u00eda el rey oculto (<i>O Encoberto<\/i>), que restituir\u00eda a la naci\u00f3n un cuerpo de mitos colectivos: <i>\u00d3 Portugal, hoje \u00e9s nevoeiro<\/i>. Lo que consolida la posici\u00f3n de Romero en una tradici\u00f3n tan rica es el hallazgo de la niebla en el coraz\u00f3n mediterr\u00e1neo de la luz. De all\u00ed la pertinencia de la ant\u00edtesis que esboza la nota al poema XXII: estamos ante el claroscuro de una revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La lectura detenida de <i>El color del Egeo<\/i> podr\u00eda apuntar a una dial\u00e9ctica: m\u00faltiples conflictos expresivos que anhelan una resoluci\u00f3n. Los polos entre los que se desplazan los versos constituyen casi cosmovisiones incompatibles que en instantes \u00e1lgidos llegan a la s\u00edntesis. Por una parte, el impulso raps\u00f3dico de ascenso a lo solar o descenso a las tinieblas subterr\u00e1neas, regiones de las que se excluyen las formas conocidas; por otra, una voluntad de integrarse en el orbe de las vivencias materiales y las sociales, el reino de la inmediatez perceptible y el intelecto. El resultado es un sostenido di\u00e1logo de lo eterno y lo hist\u00f3rico mediado por las palabras y su capacidad de articular la experiencia sensorial. En tal intercambio el limitado ser humano avizora el infinito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poema crucial para intuir ese proyecto es el VIII, cuya sencillez delinea la matriz de la serie a la que pertenece: \u201cMar \/ tres letras simples \/ y un color \/ que se transforma\u201d. Lo que antecede, excede y se mantiene en su vastedad c\u00f3smica m\u00e1s all\u00e1 del dominio del hombre, una vez traducido al lenguaje y a la percepci\u00f3n, se entrega al cambio y con este aparece el punto final con que se completa la existencia del poema, como si el sentido absoluto solo manase de los sentidos que aprehenden el universo. La del poeta es una sensualidad inteligente que vincula lo inmemorial a la conciencia: el color indica esa voluntad de historia instalada en \u00e1mbitos que la trascienden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El siguiente poema del libro va m\u00e1s a fondo en dichas intuiciones y delata una po\u00e9tica agazapada en la observaci\u00f3n de la estructura de lo real. Sus versos iniciales son expl\u00edcitos: \u201cCon una sola mano \/ podemos hacer del mar \/ sitio para la escritura\u201d. En esa escritura habr\u00e1 \u201ctrazo\u201d, \u201cletra\u201d, \u201cs\u00edlaba\u201d, \u201cfrase\u201d, continuo acto de lenguaje cuya misi\u00f3n, hacia los versos finales, ser\u00e1 trasladar lo exterior a lo interior, lo inmenso a lo \u00edntimo: \u201cY todas ellas, \/ en su concierto, \/ ser\u00e1n tu sola voz \/ en mis adentros\u201d. El poema cartograf\u00eda un territorio de encuentros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En algunas piezas del libro se despliegan la sociedad, los eventos, la realidad objetiva e incluso geografizable; en otras, prevalecen los elementos contrarios, provengan del mito o la naturaleza. A veces, se produce la comprensi\u00f3n s\u00fabita y dram\u00e1tica de un conflicto raigal perfilado desde el poema I:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin-left: 40px;\">Estas aguas no se quedaron<br \/>\npara siempre. Estas aguas regresaron<br \/>\ncon el tiempo. Sin embargo,<br \/>\nsaben los fil\u00f3sofos, basta un parpadeo<br \/>\ny desaparecen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las pugnas pronto ceden al canto de lo que se entrecruza y \u201ctransforma\u201d, absorto en el ahora eterno de las divinidades materializadas. La sensualidad inteligente de Romero tambi\u00e9n puede describirse como erotismo metaf\u00edsico. Para probarlo bastar\u00eda la lectura del poema XIX:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin-left: 40px;\">No es la ola que perdi\u00f3<br \/>\nsu camino entre las islas,<br \/>\nno es el ave que se detiene<br \/>\nen un rayo negro,<br \/>\nlas que abren mis ojos.<br \/>\nSon estas diosas<br \/>\nque hoy temprano el d\u00eda<br \/>\nse posan en la playa<br \/>\ny de piedra dejan el viento.<br \/>\nTodo color del mar<br \/>\nen sus cuerpos.<\/p>\n<p>Desde ese y otros puntos de vista, nada hay de trillado en <i>El color del Egeo<\/i>. Estamos ante un poemario que recupera la b\u00fasqueda ritual de un centro, lo que podr\u00eda considerarse como una actitud \u00e9tica e incluso pol\u00edtica en nuestros d\u00edas \u201cglobalizados\u201d, cuando el laicismo \u201cposmoderno\u201d, para mejor ocultarlas, dispersa las f\u00e9rreas ataduras de lo hegem\u00f3nico. La idealizaci\u00f3n de un espacio de iniciaci\u00f3n griego y mediterr\u00e1neo, un remoto pasado l\u00edrico que constituye, a la vez, un inconsciente cultural en el que necesita sumergirse el poeta, asimismo, permite suponer la revitalizaci\u00f3n de valores irreductibles a los h\u00e1bitos masificados que amenazan con convertirnos en una pat\u00e9tica multitud de ceros.<\/p>\n<p>Aunque en las p\u00e1ginas de Romero hay una indisputable religiosidad, esta no renuncia a una distancia ir\u00f3nica con respecto a las doctrinas. Su asedio a lo divino, sus revelaciones prefieren el estilo de la confidencia. Ello quiz\u00e1 se explica porque, en su oblicua sabidur\u00eda, estos poemas aconsejan que nos resignemos a ser \u201cla oscuridad\u201d, a movernos en un mundo de nieblas en el que el resplandeciente Egeo a veces se insin\u00faa como inalcanzable. No se nos obliga, pese a lo anterior, a renunciar a la contemplaci\u00f3n de \u201cla luz\u201d y sus perfectas criaturas: la poes\u00eda, parece sugerirse, constituye un mirador privilegiado; un laboratorio del deseo, sin importar que este permanezca siempre insatisfecho. <i>Eternity is in love with the productions of time<\/i>, sentenci\u00f3 alguna vez nuestro ya citado Blake. <i>El color del Egeo<\/i> invierte la conclusi\u00f3n: en sus versos, las obras del tiempo aman lo que nunca podr\u00e1n abarcar.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Miguel Gomes<br \/>\nUniversity of Connecticut<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><i>El color del Egeo<\/i>. 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