{"id":20534,"date":"2022-12-12T12:23:05","date_gmt":"2022-12-12T18:23:05","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?post_type=book_review&#038;p=20534"},"modified":"2023-05-21T18:14:53","modified_gmt":"2023-05-22T00:14:53","slug":"adriatico-adriatic-de-gina-saraceni","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/adriatico-adriatic-de-gina-saraceni\/","title":{"rendered":"Adri\u00e1tico\/Adriatic de Gina Saraceni"},"content":{"rendered":"<p><b>Traducci\u00f3n de Rowena Hill. Miami: Aliterat\u00efon. 2022. 171 p\u00e1ginas.<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-20366\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/Adria\u0301tico_Adriatic-portada-LALT-24-196x300.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"230\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/Adria\u0301tico_Adriatic-portada-LALT-24-196x300.jpg 196w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/Adria\u0301tico_Adriatic-portada-LALT-24.jpg 283w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/>En uno de los poemas de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Adri\u00e1tico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> hay una cabra silvestre, parada al borde de un abismo, gritando frente al mar la tristeza de haber perdido su reba\u00f1o. La voz po\u00e9tica que se expresa en este poemario suena, a ratos, como un eco de ese balido inconsolable. Como la respuesta a una pregunta que parece atravesar de lado a lado este poemario de Gina Saraceni: \u00bfes posible recuperar lo perdido? La respuesta de la cabra sola al borde del barranco es el grito. Y en estos poemas se puede escuchar un alarido intermitente, animal, viajando de una a otra orilla.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Leer este conjunto de poemas es como sumergirse en las aguas de un mar que tiene muchas orillas. Porque el mar que recupera Gina Saraceni en este libro es un mar m\u00faltiple o, m\u00e1s bien, un solo y mismo mar. Es una sola el agua salobre que va del Caribe al Adri\u00e1tico, pasando por el Mediterr\u00e1neo. Y cuando entramos en esas aguas nos asalta la memoria de otros tiempos. Una memoria que oscila entre el pasado remoto y el pasado reciente, siempre a\u00f1orando la otra orilla. Una memoria que se instala en la repetici\u00f3n de una itinerancia, para no dejar ir del todo lo que se ha quedado al otro lado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que la memoria evoca aqu\u00ed es el tiempo de la migraci\u00f3n del padre y de la madre, ese tiempo de deslumbramiento ante una nueva vida frente a un litoral abrazado por el sol. Esa tierra que habla en otra lengua. Pero tambi\u00e9n se hace presente el tiempo del arraigo feliz. Un momento que se recupera como \u201cuna geograf\u00eda afectiva\u201d, al nombrar uno por uno los lugares en los que transcurri\u00f3 ese par\u00e9ntesis de prosperidad que se condensa en un punto, la Avenida Caron\u00ed. En el poema dedicado a esta calle caraque\u00f1a, cada negocio y cada edificio surgen en la p\u00e1gina con sus nombres propios, como una aparici\u00f3n fantasmal. Sucede lo mismo con otros poemas como \u201cCarmen de Uria\u201d o \u201cPuerto Azul\u201d, en los que lo perdido vuelve para instalarse en las palabras que lo nombran.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Estos lugares se recuperan desde un tercer espacio, Bogot\u00e1, que es donde se ubica en el presente la hija desarraigada que rememora. Porque es la hija la que repite, en otro registro y otro tiempo, el gesto que el padre hac\u00eda cada d\u00eda sobre su m\u00e1quina Olimpia: el gesto de \u201cmoverse hacia Italia,\/ (\u2026) hacia el otro lado del Atl\u00e1ntico\u201d. La hija completa el movimiento pendular viajando con palabras desde Italia hasta Caracas, hacia la casa que se ha quedado sola. La casa que \u201ccorre hacia el mar\u201d, que no es una metonimia del arraigo sino del movimiento permanente o de la imposibilidad de habitar un lugar fijo. Y as\u00ed, el viaje va y viene del Adri\u00e1tico al Caribe y de vuelta al Adri\u00e1tico. Pero permanece anclado en una Bogot\u00e1 lluviosa y fr\u00eda. Bogot\u00e1 es la ciudad del destierro tenaz, a \u201c2650 metros\/sobre el nivel del mar\u201d. Pero es tambi\u00e9n el espacio que posibilita la remembranza: el centro del p\u00e9ndulo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es en este movimiento pendular, itinerante, que se despliega un paisaje afectivo que hurga en la memoria en busca de asideros. Entonces \u2013junto a las casas y las calles, los restaurantes y las tiendas, las playas y los muelles\u2013 aparecen las aves migratorias, las gaviotas, los patos, las guacharacas, los pel\u00edcanos que mueren ciegos de tanto estrellarse contra las olas. Y tambi\u00e9n los peces, \u201ccarites, roncadores, meros, pargos\u201d, salmonetes. Cigarras, zamuros, culebras, loros, ranas croando. Canguros que saltan como grillos, una cabra, una lagartija, \u201cun caballo negro \/que en otro tiempo \/cruz\u00f3 el verano\u201d y que sigue en la memoria del padre, \u201cinmortal entre los olivos\u201d. Medusas, una estrella de mar, un caracol blanco. Cangrejos, saltamontes, jabal\u00edes, moscas, perros que \u201csi pudieran hablar, ladrar\u00edan\u201d. Una sardina que agoniza bajo el sol. Porque este es un libro poblado de animales, que cruzan veloces o se detienen, que alborotan con sus ruidos o se quedan en silencio, a la espera de la memoria que va a recuperarlos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero tambi\u00e9n es un libro sembrado de plantas. Aqu\u00ed hay uveros, cocos, espigas, malvas, mentas, moras salvajes. Almendrones, alcaparras, un apamate. Mangos, samanes, cactus, los pinos de Aleppo \u201cque desaf\u00edan la gravedad\u201d. Corales, algas, bucares, manglares, robles, pi\u00f1as. Un campo de trigo, vi\u00f1edos y olivares. Un bosque de palmeras, un reba\u00f1o de ca\u00f1as a la orilla del mar, que \u201cpastan\/ la \u00faltima luz del d\u00eda\u201d. Las matas son el asidero infalible de los recuerdos. En medio de esa flora y esa fauna, abundante y bulliciosa, anida el germen del idioma paterno y se puede escuchar la voz de la abuela que advierte, \u201cguarda la natura\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El contrapunto entre idiomas es un rasgo predominante en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Adri\u00e1tico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. El italiano entra en el poema en espa\u00f1ol, sin necesidad de traducci\u00f3n, porque la voz po\u00e9tica vive entre esas dos lenguas y se niega a mutilar una de ellas en favor de la otra. Por eso cuando el texto recoge una carta escrita por el padre, donde explica a la hija el movimiento de las aves migratorias, el italiano se adue\u00f1a del poema sin pedir permiso. La lengua paterna aparece tambi\u00e9n entreverada con el espa\u00f1ol en los nombres de cosas y lugares, porque \u201cla memoria habla italiano\u201d. Un idioma que desde la infancia se mezcla con el espa\u00f1ol para crear, en ese colegio biling\u00fce que se llama Codazzi, una lengua que nombre \u201cesta tierra y aquella\u201d, que otorgue \u201cla pertenencia del acento\u201d. A estas lenguas se une el ingl\u00e9s, en la exacta traducci\u00f3n de Rowena Hill de este <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Adriatic<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, donde las cadencias y huellas tanto del espa\u00f1ol como del italiano se instalan en el ingl\u00e9s para crear un espacio triling\u00fce, henchido de correspondencias y resonancias.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el viaje de ida y vuelta de este poemario se cumple un precepto que el texto reitera una y otra vez: ver con el o\u00eddo, escuchar con los ojos entreabiertos. Un cruce de sentidos que est\u00e1 al servicio de ese imperativo que es darle vida con la palabra a lo que ya no est\u00e1. Porque en el lado opuesto a este empe\u00f1o de recordar puede ubicarse el poema dedicado a la t\u00eda Loll\u00f3, que coleccionaba piedras \u201cnegras,\/ de rayas,\/ peque\u00f1as,\/ romas\u201d y que pierde la memoria sin abandonar nunca \u201csu patrimonio marino\u201d. As\u00ed, memoria y desmemoria se muestran como las dos orillas de ese mar en el que nos sumergimos para salir encandilados de nostalgia, zarandeados de recuerdos y con la voz del padre en el o\u00eddo. Una voz que repite, desde la calle Caron\u00ed, pero tambi\u00e9n desde el trabocco de San Vito: \u201cAndiamo avanti.\u201d<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLeer este conjunto de poemas es como sumergirse en las aguas de un mar que tiene muchas orillas. 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