{"id":14928,"date":"2022-06-05T09:41:00","date_gmt":"2022-06-05T15:41:00","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/?post_type=book_review&#038;p=14928"},"modified":"2023-05-23T20:52:36","modified_gmt":"2023-05-24T02:52:36","slug":"los-hombres-sin-manos-de-jose-hoyos-bucheli","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/los-hombres-sin-manos-de-jose-hoyos-bucheli\/","title":{"rendered":"Los hombres sin manos de Jos\u00e9 Hoyos Bucheli"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cali: Sic Semper ediciones. 2020. 62 p\u00e1ginas.<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-14645 alignleft\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Los-hombres-sin-manos-197x300.jpg\" alt=\"\" width=\"197\" height=\"300\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Los-hombres-sin-manos-197x300.jpg 197w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Los-hombres-sin-manos.jpg 590w\" sizes=\"(max-width: 197px) 100vw, 197px\" \/>\u00bfHay una tradici\u00f3n literaria colombiana? Si existe, me parece que su marco central, en otro ejemplo de los v\u00ednculos entra\u00f1ables que el pa\u00eds sostiene con el siglo XIX, es la tierra. Desde la fundaci\u00f3n m\u00edtica de Macondo, con sus casas de barro y ca\u00f1abrava, hasta la T\u00e1mesis de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Mi hermano el alcalde<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la extraordinaria novela de Fernando Vallejo, o el pueblo ocupado de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los ej\u00e9rcitos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Evelio Rosero, la tierra aparece como una preocupaci\u00f3n (tenerla, perderla, reconocer lo que se puede o no hacer con ella) pero tambi\u00e9n como un deseo maldito, que est\u00e1 siempre condenado a extraviarse. Jos\u00e9 Hoyos Bucheli lo sabe y por eso no leemos su novela como si fuera un sue\u00f1o o una denuncia sino bajo el aura terrible de una pesadilla en la vigilia.<\/span><\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los hombres sin manos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, libro ganador de la beca Convocatoria Est\u00edmulos Cali 2020 organizada por la Secretar\u00eda de Cultura de Cali, es la historia de un linaje (esto es, de una l\u00f3gica y un hacer irracional que se hereda) que est\u00e1 en trance de desaparecer. Es tambi\u00e9n la historia de la enfermedad de los hombres: la diabetes, que hace orinar incesantemente, inocula paciencia mortal y poco a poco se cobra tus miembros en el gotear despiadado de la insulina, cuya promesa reparadora pronto se vuelve adicci\u00f3n. Pero sobre todo es una novela que, as\u00ed como sabe decir, sabe preguntar. \u00bfDe qui\u00e9n es la tierra? \u00bfQu\u00e9 significan, en el campo agreste, las palabras \u201cpropiedad privada\u201d? \u00bfHay derechos individuales ah\u00ed? Y si los hay, \u00bfqui\u00e9n los hace cumplir? Vuelta la mirada al barro elemental, lo que quiere Hoyos Bucheli no es acercarse a la vida de los grandes terratenientes: no estamos ante una novela obsesionada con el poder y sus figuras destacadas, como muchos otros cl\u00e1sicos de la tradici\u00f3n latinoamericana, sino con el efecto tard\u00edo de su estela corrosiva. Al autor le interesa m\u00e1s el destino de esas hect\u00e1reas y parajes que se inventar\u00edan en cientos de folios ya ilegibles, quiz\u00e1 para tener la ilusi\u00f3n de un orden cuando en realidad, all\u00e1 de pie, lo que se ve son peladeros inh\u00f3spitos en cada direcci\u00f3n, al igual que la suerte de sus habitantes originales, confinados a las zanjas y meandros perdidos bajo puentes de guadua.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De hecho, se podr\u00eda decir que es una novela dedicada a meditar sobre los finales. El final del campo y de cierta idea de su poblaci\u00f3n, que da paso a la peonada esclava, mano de obra que se usa hasta segundos antes de su muerte, y a las ins\u00f3litas extensiones de tierra sin un solo sembrad\u00edo, edificaci\u00f3n o animal pastando, pero bien delimitadas, registradas y resguardadas con alambre de p\u00faas el\u00e9ctrico que punt\u00faa sordas exclamaciones en el aire enrarecido. El final del cuerpo, la constataci\u00f3n de su ruina que se proyecta sobre toda la comunidad, porque cuerpo y tierra se disipan juntos, como si la ca\u00edda de uno precipitara el fin de la otra. El final de las ilusiones, tambi\u00e9n, de lo que sucede cuando una vida concluye sin alcanzar sus expectativas y, en ese mismo sentido, el recuerdo constante, bien nacional, de que el fracaso toma muchas formas y que su aparici\u00f3n en el camino del protagonista es inminente. Todo esto, vale decir, en 62 p\u00e1ginas.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los hombres sin manos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, primera novela corta del tr\u00edptico <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Monte<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, colma de im\u00e1genes al lector, es el lenguaje social, las pocas frases que algunos personajes (el Hijo, la Profesora, el Viejo) se susurran, se podr\u00eda decir que a s\u00ed mismos, el cauce por el que circulan buena parte de las discusiones en las que el autor quiere terciar. Las im\u00e1genes, la descripci\u00f3n de los d\u00edas buenos y malos que transita el protagonista diab\u00e9tico y alucinado, producen sospecha, incertidumbre. El di\u00e1logo acerca aqu\u00ed puntos de apoyo leves, una pared contra la que reposar en horas bajas. Junto al Hijo narrador, entonces, asistimos a presagios y advertencias dialogadas que luego ignoramos o no acertamos a comprender. Casi todos los personajes que interact\u00faan con \u00e9l, por ejemplo, mencionan a unos \u201cAntiguos\u201d para los que \u201cMover la tierra por ac\u00e1 es tan malo como trabajarla\u2026\u201d y, al tiempo, \u201cLa tierra que no se trabaja es tierra de nadie\u2026\u201d, como en efecto ser\u00e1 evidente despu\u00e9s. As\u00ed como Juan Dahlmann abandon\u00f3 la biblioteca para llegar a la experiencia, el Hijo se pierde en el extra\u00f1amiento del campo, las escenas que titilan ominosas entre la sombra de los \u00e1rboles, y no acierta a entender, en su rol sitiado de propietario heredero, la voz de los otros, a los que ya mismo pertenece aunque todav\u00eda no lo sepa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quiz\u00e1s el aporte o la invenci\u00f3n perdurable que se puede encontrar en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los hombres sin manos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> sea cierto tono delirante que se agudiza conforme arribamos a otra zona del libro: la fr\u00e1gil convivencia entre p\u00e9rdida y resignaci\u00f3n. No se trata, como en otras obras, de fantasmas o apariciones; no siento que ese sea el recurso empleado para <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">sugerir<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> todo lo que aparece desafiante a la puerta y el camino del Hijo narrador. Pienso, mejor, que las palabras tambi\u00e9n cruzan una frontera m\u00e1s all\u00e1 de la impl\u00edcita entre campo y ciudad y aparecen siempre en movimiento, entreveradas con recuerdos vagos (una cita de Borges, el pasado cada vez m\u00e1s distante, casi so\u00f1ado), siempre en b\u00fasqueda de otra enunciaci\u00f3n, porque se trata aqu\u00ed de explicar algo remoto, \u201cantiguo\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En esta realidad sin autoridades visibles (otra marca que la separa de los precursores en la tradici\u00f3n literaria colombiana), el protagonista conf\u00eda en unos pocos elementos decisivos que deber\u00edan obrar a su favor, como su propio cuerpo trajinado, los perros que cuidan la finca, un rev\u00f3lver con dos balas, o la pretendida soberan\u00eda que ostenta sobre esa parcela de tierra. Al final, a los finales que vamos a ir pasando, como estaciones perdidas en la distancia, solo conserva la voz y el estupor, que tambi\u00e9n deber\u00eda ser el nuestro. Y esas estaciones se alejan sin que sea posible encontrar, al paso lento de la sangre dulce que nubla la vista y ci\u00f1e los pasos, la respuesta a las preguntas con las que tambi\u00e9n inici\u00e9 mi lectura, porque se estrellan todas contra una paradoja \u00fanica, incontestable. Es decir: la tierra, por ra\u00edces que se pierden bajo toda la trama, no se puede trabajar, pero tampoco es posible resignarse a perderla. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los hombres sin manos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, entonces, son los que han fracasado en ambos desaf\u00edos y su destino es el cautiverio en las zanjas, el rumor y el miedo. \u00bfQu\u00e9 hacer? El narrador no sabe, el autor no nos lo dice. Pero su decisi\u00f3n, el regalo particular que entrega a esta serie de novelas sobre la tierra: su voz sarc\u00e1stica, enferma y alucinada, marca un interesante punto de partida (o, mejor, camino) para perderse en esa otra tierra ancha y ajena que es la lengua.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Jacobo Arango Llanos<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Universidad del Valle<\/span><\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfHay una tradici\u00f3n literaria colombiana? Si existe, me parece que su marco central, en otro ejemplo de los v\u00ednculos entra\u00f1ables que el pa\u00eds sostiene con el siglo XIX, es la tierra. Desde la fundaci\u00f3n m\u00edtica de Macondo, con sus casas de barro y ca\u00f1abrava, hasta la T\u00e1mesis de Mi hermano el alcalde, la extraordinaria novela de Fernando Vallejo, o el pueblo ocupado de Los ej\u00e9rcitos, de Evelio Rosero, la tierra aparece como una preocupaci\u00f3n (tenerla, perderla, reconocer lo que se puede o no hacer con ella) pero tambi\u00e9n como un deseo maldito, que est\u00e1 siempre condenado a extraviarse. Jos\u00e9 Hoyos Bucheli lo sabe y por eso no leemos su novela como si fuera un sue\u00f1o o una denuncia sino bajo el aura terrible de una pesadilla en la vigilia.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":14645,"template":"","meta":{"_acf_changed":false},"categories":[],"tags":[4097],"editors":[],"review_sections":[2043],"reviewers":[3995],"translator":[3996],"editors_pick":[],"lal_author":[],"class_list":["post-14928","book_review","type-book_review","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","tag-number-23-es","review_sections-ficcion","reviewers-jacobo-arango-llanos-es","translator-nikki-vardaman-es"],"acf":{"richtitle":"<i>Los hombres sin manos<\/i> de Jos\u00e9 Hoyos Bucheli","reviewers":"","title_field":"Los hombres sin manos de Jos\u00e9 Hoyos Bucheli","issueofarticle":15362,"sidebartitle":"","thumbnail":"","collection-articleimage":null},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/book_review\/14928","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/book_review"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/book_review"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/book_review\/14928\/revisions"}],"acf:post":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/issue\/15362"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14645"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14928"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14928"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14928"},{"taxonomy":"editors","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/editors?post=14928"},{"taxonomy":"review_sections","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/review_sections?post=14928"},{"taxonomy":"reviewers","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/reviewers?post=14928"},{"taxonomy":"translator","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/translator?post=14928"},{"taxonomy":"editors_pick","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/editors_pick?post=14928"},{"taxonomy":"lal_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/lal_author?post=14928"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}