{"id":10869,"date":"2022-02-12T20:51:03","date_gmt":"2022-02-13T02:51:03","guid":{"rendered":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/book_review\/toques-de-son-colora-de-adelaida-fernandez-ochoa\/"},"modified":"2023-05-23T21:19:36","modified_gmt":"2023-05-24T03:19:36","slug":"toques-de-son-colora-de-adelaida-fernandez-ochoa","status":"publish","type":"book_review","link":"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/es\/rese\u00f1as\/toques-de-son-colora-de-adelaida-fernandez-ochoa\/","title":{"rendered":"Toques de son color\u00e1 de Adelaida Fern\u00e1ndez Ochoa"},"content":{"rendered":"<p><strong>Colombia: Seix Barral. 2019. 269 p\u00e1ginas.<\/strong><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-10058 alignleft\" src=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/toques-de-son-colora-174x300.jpeg\" alt=\"\" width=\"174\" height=\"300\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/toques-de-son-colora-174x300.jpeg 174w, https:\/\/latinamericanliteraturetoday.org\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/toques-de-son-colora.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 174px) 100vw, 174px\" \/>Con un \u201cDigamos que soy la rumba\u201d empieza Adelaida Fern\u00e1ndez Ochoa (1957) su <i>Toques de son color\u00e1<\/i>, y no est\u00e1 equivocada. En su nueva novela, ella no solo es la rumba sino tambi\u00e9n el canto, la piel del tambor, cadencia y fuego. Con una prosa juguetona, llena de complejidades ret\u00f3ricas y excesos po\u00e9ticos, Adelaida Fern\u00e1ndez Ochoa nos llama con el sonido de la clave y el bong\u00f3 para que asistamos a la refundaci\u00f3n m\u00edtica de Cali: la de los dioses africanos, que son ahora tambi\u00e9n los dioses latinoamericanos, y cuyo relato emerge en la voz salsera de un narrador-dios-orisha que se convierte en la m\u00fasica que ampara al Valle del Cauca. En adelante, las p\u00e1ginas de <i>Toques de son color\u00e1<\/i> se mover\u00e1n como los cuerpos posesos de los bailarines en las noches o el correr circular de los acetatos en las tornamesas.<\/p>\n<p>Con la liturgia de la clave, la rumba afrocubana se transmuta en la rumba cale\u00f1a a lo largo de una novela r\u00e1pida, que no da espera, y, de paso, nos cuenta c\u00f3mo nacen y se destruyen sus personajes \u2014bailadores, cantores, mel\u00f3manos, el asunto popular\u2014 en la sola fiesta que es la vida. As\u00ed, Adelaida Fern\u00e1ndez Ochoa nos propone en esta voz un nuevo Dionisio, narrador orisha que no conoce la prudencia ni la linealidad, pues ha cambiado su don adivinatorio por el don del baile.<\/p>\n<p>Es ni m\u00e1s ni menos que Chang\u00f3, el ya una vez <i>Gran putas<\/i> en las manos de Zapata Olivella, el que ahora con una voz llena de adornos y arreglos musicales cuenta no la di\u00e1spora del mundo negro sino la historia de Rosa, mujer de baile prominente, el\u00e9ctrico; de vida trajinada, irreversible. Es, entonces, el relato de una epifan\u00eda, el retrato del baile de una musa, de una inspiraci\u00f3n que es como un ritual en su absoluto olvido.<\/p>\n<p>Leer <i>Toques de son color\u00e1<\/i> tiene el mismo efecto que sentarse a conversar, entre tragos y humos, con viejos mel\u00f3manos. Se trata de historias que van y vuelven entre los bailaderos de Buenaventura y el Barrio Obrero, entre melod\u00edas insospechadas y rumbas en Nueva York. Con una estructura fragmentaria ya usual, siempre ca\u00f3tica pero enf\u00e1tica, la vida de los personajes sigue la inventiva propia del tambor que viaja en el tiempo, invitando al lector a un mundo que revolea y azota.<\/p>\n<p>Sin embargo, el asunto de Adelaida Fern\u00e1ndez Ochoa en <i>Toques de son color\u00e1<\/i> no solo es mostrar la salsa como un dios que posee, que inspira. Tambi\u00e9n se trata de una exploraci\u00f3n de la experiencia del baile, del ser-mujer-no-ap\u00e9ndice en un mundo de hombres: de hombres que cantan, que tocan, que bailan y que abusan. Los personajes apenas tienen formas: son, en vez, maneras de moverse en la pista, en los conciertos. Sus curvas argumentales son d\u00e9biles, sin duda, pero el trazado final resulta inquietante: dibuja el paso generacional de la salsa y el baile en un espacio habitado por lo ef\u00edmero, sobre c\u00f3mo la salsa convoca a viejos, muertos y no nacidos.<\/p>\n<p>Es cierto que <i>Toques de son color\u00e1 <\/i>visita algunos lugares comunes. Ah\u00ed est\u00e1 <i>\u00a1Qu\u00e9 viva la m\u00fasica!, <\/i>de Caicedo, y <i>La nostalgia del mel\u00f3mano<\/i>, de Garay, como antecedentes. En las estanter\u00edas no hacen falta libros de salsa, noche y fermentos. No obstante, la construcci\u00f3n de la prosa como un canto, la genealog\u00eda yoruba como tel\u00f3n de fondo y las visitas al pasado popular local son recursos que hacen de <i>Toques de son color\u00e1 <\/i>no solo una novela contundente e importante para la historia del sur nacional, sino una obra imprescindible para la literatura colombiana contempor\u00e1nea. Es, en definitiva, la exposici\u00f3n del culto a la clave, la tragedia y el timbal.<\/p>\n<h5 style=\"text-align: right;\">Jos\u00e9 Hoyos Bucheli<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con un \u201cDigamos que soy la rumba\u201d empieza Adelaida Fern\u00e1ndez Ochoa (1957) su Toques de son color\u00e1, y no est\u00e1 equivocada. En su nueva novela, ella no solo es la rumba sino tambi\u00e9n el canto, la piel del tambor, cadencia y fuego. Con una prosa juguetona, llena de complejidades ret\u00f3ricas y excesos po\u00e9ticos, Adelaida Fern\u00e1ndez Ochoa nos llama con el sonido de la clave y el bong\u00f3 para que asistamos a la refundaci\u00f3n m\u00edtica de Cali: la de los dioses africanos, que son ahora tambi\u00e9n los dioses latinoamericanos, y cuyo relato emerge en la voz salsera de un narrador-dios-orisha que se convierte en la m\u00fasica que ampara al Valle del Cauca. 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