Arte poética
Terca, la hoja amarilla
no se suelta de la rama.
La observo en su disputa
contra el viento y la lluvia,
contra la gravedad.
Llevo días mirando
su callado esfuerzo,
su tragedia diminuta.
Su persistencia
no merece olvido.
Es por eso
que la he puesto aquí,
en este verso
del que no caerá.
Soy de aquí
Para Pat Brennan y sus estudiantes
Uno es de los sitios
a los que ha llegado,
del idioma
en el que no puede soñar
y un día sucede
y se despierta preguntándose
cuál es su casa ahora,
cuando siempre hay corazón
en otra parte.
Uno proviene de las calles
que ya nunca son las mismas al volver.
Proviene del momento
en el que decidió partir
y de ese otro en el que entiende
que todo se aleja.
Que es imposible quedarse, aunque te quedes.
Que es imposible, aunque regreses, regresar.
Escribo un verso
que es como una despedida
y lo señalo:
soy de aquí.
Ecos
Mordida por su edad
mi abuela le habla al anterior
que la vio por mis ojos:
¿No te dolió jamás
dejarme así, con cinco niños?
¿No nos pensabas nunca?
Me siento culpable del silencio
que mi rostro, antes de mí, guardó
pero le aclaro: amor, yo soy tu nieto,
el primer hijo de tu hijo menor,
soy el que vive lejos.
Ya decía yo, me dice,
que no tenía sentido
que yo fuera una vieja
y tú siguieras igual.
Me abraza con alivio,
como si esa conversación
entre nosotros
acabara
pero sucederá, como es costumbre,
la siguiente vez que nos veamos.
Mi madre mira su ventana y dice llueve
miro afuera
realmente está lloviendo dice
cuando niño te buscabas charcos
para ver las nubes abro mi ventana
todo huele como a sabor de jícama
colgamos el teléfono salimos a la puerta
sonreímos
como si viéramos la misma lluvia
Aclaración
Es mentira que los árboles
desconocen el mundo.
Un árbol viaja por medio de sus pájaros
y también viaja hacia adentro
al hundir sus raíces.
Todo tiene sentido:
nada está más fijo en la tierra
que un árbol,
nada se mueve más en el aire
que un pájaro
(es un fruto
que vuela)
y la poesía es el hecho
de que se necesiten.
Testigo
Está bailando tu hija, dice mi esposa
y se toca la barriga.
Desde hace varios meses
soy testigo de lo que sucede ahí,
debajo de sus manos.
Mi esposa es una casa dentro de mi casa
y yo estoy fuera de mi propio corazón.
Seguro está contenta, dice
y yo sería capaz de renunciar a la poesía
a cambio de tener dentro de mí a mi hija,
de sentir la danza que las une
a todos los principios.
Pero la opción no existe
y hago lo que puedo: cocinar,
solucionar antojos, escribir el poema
en el que digo lo que veo
desde este lado de la piel
en que se encarna el misterio.
Y testimonio, con amorosa envidia
que un milagro tantas veces repetido
es un milagro
y nada menos.